
Natchaieving Méndez
“Scroll” un término anglosajón que generalmente conocen las nuevas generaciones, pero que todos los que tenemos un celular o dispositivo electrónico táctil hacemos. Se refiere al acto de desplazar la información que aparece en pantalla, provenga de un sitio web, aplicación o plataforma digital.
Es lo que sustituye el mínimo esfuerzo que se hacía para ubicar el cursor (flecha) en el enlace que se deseaba explorar; presionar ligeramente el dedo para hacer clic en el mouse o la tecla que abriría la ventana virtual deseada. Ahora no hace falta, con solo rozar el dedo en la pantalla informaciones de diversos tipos se cargan continuamente a medida que el usuario, embelesado por una suerte de hechizo, mueve su mano hacia arriba.
Algo que pudiese parecer inofensivo, pero que se ha convertido en una de las principales causas por las que las personas se vuelven adictas al celular e incluso comienzan a desarrollar trastornos mentales como la ansiedad, depresión, dispersión y, de acuerdo a estudios recientes, disminución de la materia gris en el cerebro, fundamental para el procesamiento de información, capacidad de respuesta, control motor, habilidades cognitivas, percepción sensorial, aprendizaje y memoria.
Es paradójico, incluso irónico, que esté leyendo esto en un espacio digital. Sin embargo, también es posible que, debido a la información que ha consumido antes de llegar a este artículo y el tiempo que ha pasado frente a la computadora, el celular o cualquier otro dispositivo móvil, su materia gris haya sufrido un ligero desgaste. Permítame explicarte más al respecto…
Podredumbre cerebral
En 2024 la Palabra Oxford de ese año fue «brain rot», que se traduce al español como «putrefacción o podredumbre cerebral» ¿De qué se trata esto? Esta frase, de acuerdo con la mencionada universidad estadounidense, define un fenómeno que se incrementó entre 2023 y 2024 y es lo que denominan “consumo excesivo de contenido trivial” a través de las pantallas electrónicas.
De acuerdo con datos estadísticos, refiere un artículo de DW que citó esta investigación, el consumo de esta información aumentó en los dos años anteriores 230%, lo que generó una gran preocupación por los daños que, según especialistas en la materia, representa la exposición en exceso a las pantallas en las funciones del cuerpo, específicamente, en las actividades cerebrales.
No es para menos, el ser humano lleva siglos descifrando el enigma del gran laberinto cerebral y pareciera que una de sus grandes creaciones está sepultando la magnificencia de las capacidades que diferencian al homo sapiens de otros animales.
La gran paradoja: hace aproximadamente siete millones de años el ahora ser humano logró erguirse, lo que le permitió no solo caminar en dos pies, también el desarrollo de habilidades lingüísticas y por consiguiente, códigos para comunicarse. En la actualidad, debido al uso excesivo de los dispositivos móviles, especialistas hablan de la futura anatomía de las personas que, entre otras características, presenta una postura encorvada, una gran joroba, engrosamiento del cráneo para protegerlo de la radiación, rigidez en las manos y los dedos.
Otra advertencia es que, producto del estilo de vida sedentario, la capacidad cerebral de las personas se está reduciendo, por lo que se pronostica que el volumen del cerebro se verá disminuido en las futuras generaciones.
Pudiésemos aventurarnos a introducir un término que, tal vez, en el infinito universo de estudiosos de la neurología han manejado, pero en la web no se encuentra registrado: el síndrome del cerebro flojo. No es descabellado, estudios científicos han determinado que el estar expuestos al huracán de estados de whatsaapp, reels, notificaciones, noticias a través Instagram, Tiktok, Facebook, mensajes de X y los interminables ciclos de contenidos, en su mayoría superfluos, envuelven al receptor en un estado en el que las funciones cerebrales no llegan a ejecutarse ante el estímulo constante. No se le da espacio al cerebro para pensar.
En el mencionado artículo publicado en el medio DW, menciona que en 2005 un equipo de la Universidad de Londres realizó 80 ensayos clínicos y determinó que el uso diario del correo electrónico y el móvil producía una disminución de 10 puntos en el cociente intelectual de los participantes. Algo que era más perjudicial, refiere, que el consumo de cannabis.
El tejido cerebral disminuye
Michoel Moshel, investigador de la Universidad Macquarie, lideró una investigación junto a un grupo de especialistas, que denominaron “Déficits neuropsicológicos en conductas de uso desordenado de pantallas: una revisión sistemática y un metanálisis”. Para este trabajo se realizó un análisis exhaustivo en diversas bases de datos (Embase, PsycINFO, MEDLINE), y se identificó 43 estudios que examinaron el desempeño neuropsicológico en personas con uso indebido de pantallas.
Esta investigación evidenció que el uso desproporcionado de las pantallas puede afectar el desarrollo neuroestructural del individuo. Las neuroimágenes analizadas mostraron una reducción en el volumen de materia gris y blanca en las áreas del cerebro de individuos en etapa desarrollo que estuvieron expuestos a videojuegos de forma excesiva y obsesiva. La disminución se observó en las zonas relacionadas con las funciones de recompensa, procesamiento emocional y toma de decisiones.
En otras palabras, este estudio de resonancias magnéticas realizada a niños y jóvenes de 8 a 21 años, encontró que el tiempo dedicado a los videojuegos se asocia con una menor densidad de tejido cerebral en ciertas áreas, en el lapso de tres años. Además, quienes expresaban ser jugadores mostraron una mayor activación cerebral en regiones relacionadas con adicciones, similar a los que tienen adicción a Internet y otras sustancias. También se evidenciaron reacciones neuronales anormales por el uso excesivo de redes sociales y celulares, persistiendo incluso con medicación.
Los hallazgos determinados en el estudio del equipo liderado por Moshel son más y abre múltiples ventanas para entender circunstancias que ocurrieron especialmente luego de la crisis generada por la pandemia del Covid 19. Fue una constante escuchar a docentes y representantes acerca de la dificultad de niños y jóvenes para desplazarse, muchos se tropezaban con objetos y muebles. La incapacidad para establecer relaciones, el lenguaje se reducidos y los problemas para mantener la concentración por pocos minutos.
Enfoque dual
En resumen, los resultados de estos estudios demuestran que el uso excesivo y desordenado de los dispositivos electrónicos pueden perjudicar y producir déficit de las capacidades cognitivas de los individuos, especialmente de aquellos cuyo cerebro está en desarrollo biológico.
Para evitar este daño irreversible en una era digital, los especialistas sugieren un enfoque dual: tanto en la calidad como en la cantidad del tiempo frente a las pantallas. Es importante establecer límites claros y realizar un esfuerzo consciente por desconectarse.
Aunque este problema pareciera solucionarse a escala individual, para frenar la disminución de las capacidades cognitivas de la población, especialmente, en jóvenes y niños, se hace necesaria la creación de políticas de Estado que promuevan actividades que requieran la presencia física y la atención sin el uso de dispositivos electrónicos. La regulación de los contenidos y la difusión de una educación digital crítica es meritoria para detener la «putrefacción cerebral».
La práctica de deportes, actividades colectivas culturales, reuniones de amigos, contacto social son vitales para contrarrestar los efectos negativos del uso excesivo de las pantallas. En una época en la que el ser humano requiere del manejo de mayores capacidades cognitivas y emocionales, el mundo digital paraliza cada vez más estas habilidades naturales del ser humano, haciéndole más vulnerables a los intereses de quienes manejan las plataformas y redes digitales.
Existe un mundo más allá de las pantallas, un mundo para el que nuestro cerebro está realmente diseñado. No desperdiciemos lo que naturalmente se nos ha concedido.

