
Con una ruta marítima clave cortada (Cierre del Estrecho de Ormuz), los precios del petróleo han subido desde menos de 70 dólares (64,40 €) el barril en febrero hasta un máximo de casi 120 dólares (110,40 €) a primera hora del lunes, y actualmente cotizan en torno a los 90 dólares (82,80 €). El aumento de los precios del petróleo ha provocado en consecuencia un aumento también de los precios de la gasolina.
Según AAA, la principal organización automovilística y de viajes de Norteamérica, el precio medio de la gasolina en EE.UU. se ha disparado a 3,48 dólares (3,20 €) el galón, frente a los poco menos de 3 dólares (2,76 €) de hace una semana. Los precios podrían notarse aún más en Asia y Europa, más dependientes que Estados Unidos de las importaciones de petróleo y gas de Oriente Medio.
Según Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional, cada aumento del 10% en el precio del petróleo, si persiste durante la mayor parte del año, hará subir la inflación mundial un 0,4% y reducirá la producción económica mundial hasta un 0,2%.
«Hay que reabrir el estrecho de Ormuz», afirma el economista Simon Johnson, del MIT y Premio Nobel de Economía 2024. «Por allí pasan 20 millones de barriles de petróleo al día. No hay exceso de capacidad en ninguna parte del mundo que pueda llenar ese vacío», explicó.
La economía mundial ha demostrado que puede encajar golpes, absorbiendo golpes de la invasión rusa de Ucrania hace cuatro años y de los aranceles masivos e impredecibles del presidente Donald Trump en 2025. Muchos economistas expresan su esperanza de que el comercio mundial pueda tambalearse también a través de la última crisis.
«La economía mundial ha demostrado ser capaz de recuperarse de perturbaciones significativas como los aranceles generales de EE.UU., por lo que cabe ser optimistas y pensar que resistirá las consecuencias de la guerra contra Irán», asegura Eswar Prasad, profesor de política comercial de la Universidad de Cornell.
T| Euronews

