¿Qué iba a pensar Noah Glass que una simple idea surgida en 2004, entre las cuatro paredes de su apartamento en San Francisco, se convertiría en una de las principales armas de la llamada guerra de quinta generación?
Esta idea de Glass fue completada por Jack Dorse, Evan Williams y Biz Stone en un proyecto llamado Odeo y su objetivo pasó de dejar en una nube digital mensajes de voz grabados en formato MP3, a ser usado para enviar notas de texto entre un pequeño grupo de personas.
El 21 de marzo de 2006, el mensaje “Just setting up my twttr” fue el punto de partida de esta red social que rápidamente se convirtió en una de las más influyentes del nuevo siglo. Inspirado por el trino de un pájaro, Glass renombró esta novedosa forma de comunicación como “Twitter” y establecía un límite de 140 caracteres debido a las limitaciones del protocolo de SMS, pues inicialmente esta herramienta solo se basaba en mensajes de texto.
Este nuevo espacio, que superaba los límites de tiempo, distancia, líneas editoriales y accesibilidad, ganó popularidad como una como una vía para difundir noticias y actualizaciones en tiempo real, por lo que consiguió gran aceptación entre quienes deseaban influir en el mundo de la política y la cultura.

La plataforma siguió en ascenso explosivo, llegando a tener para 2009, 71 millones de usuarios. Conflictos internos diluyeron la sociedad de Glass, Dorsey, Williams y Stone, y en 2022, tras una jugada silenciosa en la compra de acciones, el empresario estadounidense Elon Musk adquirió Twitter, convirtiéndose en el accionista mayoritario.
Un año más tarde, Musk fusionó la red con su empresa X Corp., por lo que la plataforma fue renombrada como X. Su intención, según difundieron medios digitales, era la de incluir transacciones financieras; no obstante, desde su llegada las políticas implementadas no solamente contribuyeron a la desinformación y difamación global, también tributaron a convertir lo que comenzó como una herramienta de comunicación, en un arma para la organización y ejecución de acciones terroristas por parte de grupos extremistas.
Estrategia de mercado al servicio de la irracionalidad
Transcurría uno de los episodios más oscuros del planeta con la pandemia ocasionada por el coronavirus Covid-19, y Elon Musk recién asumió Twitter. Con el argumento de mejorar el rendimiento de la plataforma digital y llegar a más usuarios, el empresario decidió eliminar la restricción de la red de no publicar información engañosa sobre este virus que dejó millones de personas fallecidas y economías inestables.
Esta decisión generó revuelo entre los usuarios, los organismos públicos y entes reguladores, pues ya no existía la posibilidad de distinguir cuando una información sobre la pandemia era falsa o verdadera.
Pero los cambios controversiales de Musk en el ahora “X” no se quedaron allí. Los problemas internos en esta red social también se incrementaron con las renuncias repentinas y despidos masivos de empleados, vía email, dentro de la empresa. Esta situación ocasionó que la plataforma se quedara sin trabajadores en áreas vitales como el Consejo de Confianza y Seguridad, creado para limitar el discurso de odio en la plataforma. Esta ausencia de regulación abrió la compuerta de una represa que hace de esta red una vía fácil y propicia para las opiniones extremistas.
De Odeo al odio
En 2012, la publicación de un video y una foto través de Twitter fue el punto de partida para uno de los genocidios más crueles de la historia de la humanidad. Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) anunciaba el ataque aéreo a Siria y la muerte de Ahmed Jabari, líder de comandante en jefe de las Brigadas de Ezzeldin Al-Qassam, ala militar de la organización Hamás en GazaLa respuesta se dio con la rapidez de esta red social.
“»Nuestras benditas manos alcanzarán a tus líderes o soldados donde sea que estén (habéis abierto vuestras puertas al infierno)», fue el mensaje que las brigadas Ezzeldin Al-Qassam emitió en su cuenta en la red social.
El intercambio de amenazas continuó, así como los detalles de ataques que sucedieron en los días siguientes. El arma del nuevo siglo ya comenzaba a mostrar su alto impacto. De allí que no fue casualidad que el gobierno israelí invirtiera 15 millones de dólares para optimizar su presencia en las redes sociales.

Aunque la norma de Twitter, ahora X, establece que “no se deben publicar o colgar amenazas específicas de violencia contra otros”, pareciera que los grupos extremistas han encontrado la manera de burlar la limitación y emplear este recurso digital para sus intenciones destructivas.
Pero no solamente el conflicto en territorio palestino se ha servido de X como campo de batalla. En otras latitudes del mundo, esta plataforma y su flexibilidad para el uso de la información también se ha prestado para actos terroristas, golpistas y discriminatorios.
La característica de difundir en tiempo real contenido no verificado, ha permitido la difusión de noticias falsas y por tanto la desinformación o tergiversación de los hechos en sus usuarios de X. Es por ello, que sirve de canal ideal para que grupos con intereses específicos empleen cuentas automatizadas, denominadas “bots”, para crear y amplificar mensajes engañosos y polarizante. Esto, junto a otras herramientas de edición y ahora inteligencia artificial se convierten en una herramienta eficaz para generar confusión, desconfianza y debilidad de cohesión social entre quienes frecuentan el ecosistema digital.
A través de los llamados “hashtags” y “tendencias”, ha sido posible la organización, convocatoria de manifestaciones en cuestión de minutos. Tal fue el caso de las llamadas “guarimbas” en Venezuela en 2014 y 2017, cuando el uso de twitter contribuyó a coordinar manifestaciones, difundir informaciones falsas y aumentar la tensión y caos en el país, con el fin último de derrocar el gobierno legítimamente electo de Nicolás Maduro.
Entre 2010 y 2011, esta plataforma digital también sirvió de canal principal para la llamada “Primavera Árabe”, siendo la vía para que activistas difundirán información y coordinaran acciones que generó inestabilidad y el derrocamiento de varios países del Medio Oriente y el Norte de África.
En 2019, las noticias falsas sobre Bolivia fueron claves para manipular la opinión pública, creando un clima de inestabilidad y desconfianza que sustentó las bases para el golpe de Estado perpetrado en este país latinoamericano.
El ejemplo más reciente del uso de X como arma de guerra ubica la mirada en Reino Unido y nuevamente en Venezuela, en ambas naciones grupos extremistas de la ultraderecha emplearon esta plataforma para generar caos. En el primero, la información falsa acerca de la nacionalidad del asesino de tres niñas en la ciudad de Southport, difundida en cuentas antislámicas y extremistas, generó la conmoción de la población y ocasionó la destrucción de bienes, disturbios, agresiones verbales y físicas contra migrantes y un estado de inestabilidad y xenofobia sin precedentes.

En el caso venezolano, la planificación y ejecución de lo que las autoridades han calificado de “golpe ciberfascista” encontró su mejor vía de desarrollo en X, además de la abierta y publicitada posición Elon Musk en contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro. A través de esta plataforma se difundieron, no solamente de informaciones falsas sobre lo elección presidencial efectuada el domingo 28 de julio, además sirvió de canal de comunicación de grupos terroristas autodenominados “comanditos” para ejecutar acciones de agresión y daños a la propiedad pública, difundiendo mensajes que incluso llegaron hasta la incitación al asesinato de funcionarios y personas vinculadas con el chavismo.
Estos sucesos desembocaron en la decisión del gobierno venezolano de suspender esta plataforma por diez días y exigir la presentación para establecer su uso en el país.
Todas estas acciones han generado en la población internauta grandes debates y reflexiones, pues si bien esta herramienta correctamente empleada ha servido para la comunicación inmediata de informaciones de interés colectivo, con la excusa de la libre expresión y la movilización social ha sido explotada para fines desestabilizadores. De allí la importancia de que los usuarios desarrollen una actitud crítica hacia la información que consumen y que las plataformas implementen medidas efectivas para combatir la desinformación y la manipulación.

