¿Alguna vez ha sentido la necesidad de escribir un mensaje en redes sociales y de pronto… lo borra? Pues déjeme decirle que usted ha estado ante la Espiral del silencio, un término que surgió hace cuatro décadas y que hoy se redimensiona en la comunicación 2.0.Le explicamos más.

Transcurrían los años setenta y era muy común escuchar: “lo dijo (personaje de popularidad en TV), debe ser verdad”. También era frecuente oír en la boca de muchos, el mismo discurso que algún referente de los medios de comunicación había expresado en televisión. Si la opinión era contraria, a excepción de los valientes rebeldes sin o con causa que siempre existen, la persona callaba para evitar el conflicto que significaba ir en contra de las mayorías.

Lo anterior fue la base para que la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann (1916-2010) plateara la teoría la “Espiral del silencio”, un postulado que explica cómo los medios de comunicación podían influir y conducir la opinión pública, así como el comportamiento de los individuos.

Seguir a la manada

Los seres humanos desde su esencia animal, tiende a vivir en colectivo. El instinto de sentir seguridad y protección, le lleva a evitar el aislamiento o rechazo del resto de sus pares de ecosistema. De allí, que cuando una persona percibe que su opinión es contraria a la de la mayoría, prefiera guardar silencio para evitar el aislamiento social; en otras palabras, la opinión de la comunidad prevalece sobre las posibles divergencias. Lo anterior describe la Espiral del silencio.

Antes, la televisión era el medio por el cual se maneja la opinión de “las mayorías”. Por esta razón la politóloga alemana la toma como punto de referencia. Lo que nunca imaginó que más de 40 años después su teoría tuviese vigencia en las llamadas redes sociales que similar a un rabión, una gota que salga de la corriente está condenada a diluirse. Es así como funciona en este canal comunicativo digital: quien piense distinto a lo que “las tendencias” impone es castigado con el linchamiento y aislamiento social.

En un artículo publicado en la web, Amaya Morlans explica que un ejemplo de esta teoría en el campo de las redes se evidencia cuando las personas comparten o republican un mensaje emitido por alguien que ha adquirido cierto prestigio en el ecosistema digital. Esto quiere decir que la responsabilidad de lo que se dice no es propio y, simplemente, el nuevo emisor se acopla a lo que expresa la fuente reputada.

En consecuencia, un mensaje que tiene muchos likes, reuits o es muchas veces compartido tiene una mayor aceptación en las redes, por lo tanto, como “bola de nieve”, gana más voces que le acompañan. Es así como una postura contraria generaría el linchamiento inmediato de los seguidores de la línea predominante y su posterior desprestigio e invisibilización de la comunidad digital.

Homogeneidad de la opinión

Por todo lo anterior, el papel de los líderes de opinión es fundamental. Un influencer no solamente es alguien que a través de sus publicaciones ha ganado muchos seguidores en las redes, también se convierte en referencia, un personaje público que en diversos ámbitos goza de prestigio en la comunidad o cuyas palabras y posturas frecuentemente tienen la aceptación de muchos “amigos” de plataforma.

Es la explicación del porqué tiktoker, youtubers o influencers de las redes ahora tienen tanta presencia en eventos como la entrega de premios. Una opinión surgida en una de sus publicaciones puede ganar la aceptación o el rechazo de millones de personas que le siguen y de allí ganar o perder aceptación social.

Además de lo mencionado, los bot o programas de difusión de mensajes son empleados para posicionar una idea o pensamiento en las redes. Esta practica ha sido denunciada por diversos personeros políticos del mundo, quienes refieren que a través de esta estrategia se ha disuadido a la población digital hacia a apegarse a una tendencia y, en muchos casos, hacer de una información falsa una verdad en redes.

Un ejemplo de lo anterior, fue lo ocurrido recientemente en el caso venezolano, cuando previo, durante y luego de la elección presidencial del 28 de julio se posicionó la idea de un fraude electoral. Es la explicación por la que muchos contrincantes hayan desarrollado su campaña solo en las redes y el porqué de la reacción desmedida, impulsiva y hasta inconsciente de muchos adversarios del candidato ganador.

Es así como un simple mensaje, como pasó en Reino Unido, puede ser el desencadenante de un estallido social. Lo que comienza como una frase de 280 caracteres puede provocar daños y pérdidas materiales y humanas, como un granito de nieve que se convierte en una avalancha.