
Natchaieving Méndez
“Pasamos por el barrio por hierba, ponlo en la hookah pa’ que se disuelva”. “Ahora tengo a otro y más rico me cabe, ya tú sabe’ amargo y él más rico y suave”. “Aquí lo que hay es exotic, pepa, guaro, Hpnotiq, un parche rela, te ofrezco something”, “una mamacita desde fourteen”. Frases sueltas que se corean por voces en voces juveniles. Manos arriba, cuerpos moviéndose de forma insinuante con una proximidad muy cercana a sus pares, especialmente en el área de sus partes íntimas. Rostros con ojos cerrados o mirada hacia abajo, gestos de irreverencia. Una fiesta, un baile de adolescentes de 13 a 17 años.
La adolescencia generalmente es relacionada con la etapa de la reverencia. En algunos casos se afirma que la razón es porque han dejado la visión infantil en la que sus actos tenían una influencia mayor por la guía de sus adultos significativos. Es así como estos últimos pasarán a un segundo plano y son los amigos o las figuras quienes admira la primera influencia para armar el rompecabezas de sus acciones, emociones, pensamientos e identidad en construcción.
Biológicamente tiene una explicación clara. De acuerdo con Albanis Colina, psicóloga clínico mental egresada de la Universidad Central de Venezuela, los adolescentes son individuos en crecimiento y, por ende, su cerebro está en ese proceso de desarrollo. Aunque algunos estudios afirman que esta importante parte del cuerpo humano alcanza su tamaño máximo en este período, justamente la parte encargada del pensamiento racional, es decir, la corteza prefrontal, aun es inmadura, por lo que los jóvenes suelen ser más impulsivos y muchas veces poco pensarán las acciones que hacen.
Si a todo lo anterior le agregamos una industria cultural en la que prevalece lo monetario sobre los valores que se transmiten a través de imágenes, músicas, letras de canciones, videos, entonces es posible que se encuentre el origen de algunas distorsiones sociales que se encuentran en la población juvenil. Manipulación a través de las redes, embarazo no planificados en adolescentes, consumo de sustancias psicotrópicas y una lamentable lista que involucra a muchachos de edades tempranas, quienes aceleran las vivencias adultas sin estar preparados para ello.
La “irreverencia” como estrategia de acercamiento
Recientemente una canción de unos cantantes colombianos de reggaetón generó una polémica ocupó la opinión pública a escala mundial. No es para menos, en este grupo una cantante que ha tenido gran receptividad entre niñas y adolescentes participa no solo en una canción en la que se normaliza el uso de drogas, el sexo por diversión, la desobediencia a las normas, además hipersexualiza su imagen hasta el punto de dejarse masajear los senos por otro de sus compañeros de pieza “musical”.
Hablar de este género, nos guste o no, es hacer alusión a los jóvenes, aunque no a todos les guste. Tanto es así que encontramos adultos de 30, 40 y hasta 50 años repitiendo los mismos patrones de los referentes de este tipo de música, tal vez por expresar su juventud permanente. No todas sus canciones tratan sobre sexo, consumo de sustancias ilícitas o conductas socialmente disruptivas; sin embargo, lo preocupante es que la mayoría de las promocionadas contienen letras que si tiene estos fines que distorsionan los valores de convivencia social.
“Tanto da el cántaro que hasta se rompe” o “una mentira dicha mil veces se convierte en verdad” dicen los refranes populares y, ciertamente, aunque los valores inculcados en las familias sean el pan nuestro de un sujeto en crecimiento, hay palabras que quedarán en su subconsciente y que, en determinadas circunstancias, determinarán muchas de sus reacciones o decisiones.
En un artículo publicado por tres investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha (España), los autores Teresa Navarro, Javier Benito Blanco, Juan José Pastor Comín y Cristina Rodríguez Yagüe explican que la exposición constante a un mensaje o a una perspectiva termina por afectar el sistema de representación de la realidad de la persona que la escucha. Es lo que se denominan Teoría del Cultivo.
Esta teoría creada en la década de 1960 por George Gerbner y Larry Gross, aunque en su momento se refería especialmente a la influencia de la televisión y el resto de los medios de comunicación, puede aplicarse perfectamente en esta época y en el contexto de la influencia de las celebridades y la música en los adolescentes. Al estar en una etapa formativa de su desarrollo personal e identidad, los niños y jóvenes son especialmente susceptibles a adoptar de sus referentes significativos el estilo de vida, apariencia, valores y comportamientos que transmiten; es decir, los primeros se convierten sus modelos a seguir, pues para los muchachos y muchachas son representativos de la realidad. Esto puede afectar su autoimagen, expectativas y metas, alineándolas con las normas y expectativas presentadas por estas figuras mediáticas.
En esta línea Navarro destaca «la música hoy en día está hecha para enmascarar la letra, el ritmo enmascara lo que lleva detrás y, sin darnos cuenta, al final esa letra la escuchamos de forma entonada (…) y acabas cantándola», así lo reseña el portal cmmedia.es.
Es así como puede explicarse por qué para un adolescente, por no mencionar a quienes siendo adultos también sostienen esa postura, un símbolo de emancipación es contrariar lo que los patrones tradicionales desde la moral y las buenas costumbres determinan, para seguir los estilos de sus celebridades. Por lo que, ingerir licor, la promiscuidad sexual, las ropas insinuantes, los estereotipos de “chicos malos” o “mujer fatal” difundidos por los artistas, son elementos deseados por los jóvenes que, conscientes o inconscientemente, ven en esta imagen una señal de éxito.
¿Todo está perdido?
La respuesta es no. De acuerdo con Navarro, la mejor manera de contrarrestar una influencia de los medios o personajes influyentes es el cultivo de la crítica y educar al oído desde las mismas herramientas.
En un mundo en el que las redes sociales y la música juegan un papel central en la vida de los adolescentes, es crucial reconocer el poder que estas plataformas y las celebridades tienen para influir en su desarrollo. Las letras de canciones que glorifican el uso de drogas, la promiscuidad y la desobediencia a las normas pueden tener un impacto significativo en la formación de valores y expectativas de los jóvenes, llevándolos a adoptar comportamientos que consideran representativos del éxito y la aceptación social.
Es por ello que, desde lo colectivo, es imperante exigir a estas figuras públicas, sus patrocinantes y las plataformas por las cuales se proyecta, el cuidar el lenguaje y los valores que transmiten. Además, la familia, los educadores y la sociedad en general deben trabajar juntos para proporcionar a los adolescentes las herramientas necesarias para analizar y cuestionar los mensajes que reciben a través de los medios.
Aunque en este artículo se ha mencionado al reggaetón, esta situación no es exclusiva de este género ni de la música. Es por ello que es de gran importancia analizar todos los factores influyentes; películas, videojuegos, diferentes géneros musicales, series y los mensajes que transmiten. Esto siempre en conjunto con el adolescente para fomentar en ellos el olfato crítico ante los estímulos externos.
Al cultivar una mentalidad crítica y ofrecer alternativas positivas, podemos ayudar a los jóvenes a desarrollar una identidad sólida y resiliente, capaz de resistir las presiones y las influencias negativas de su entorno. La educación y el diálogo abierto son fundamentales para guiar a los adolescentes en su camino hacia una vida equilibrada y consciente.

