Cada 12 y 13 de junio se celebra esta tradición. La devoción a San Antonio a través de la manifestación del Tamunangue o Sones de Negro es originaria del estado Lara, específicamente de localidades como El Tocuyo, Curarigua, Sanare, Barquisimeto, San Antonio, Carora, San Miguel y Quíbor, aunque igualmente se extiende a otras entidades como Portuguesa, Yaracuy y Falcón.

Aparte de la fiesta tradicional, el país honra a San Antonio (Lisboa, Portugal, 15 de agosto de 1195 – Padua, Italia, 13 de junio de 1231) con solemnes misas, procesiones y el reparto de panes benditos. Los fieles, congregados colectivamente, cumplen promesas por favores de salud, amor u objetos perdidos, adornando altares y vistiendo trajes en agradecimiento al santo. Se trata de uno de los santos más venerados de la Iglesia Católica.

La fecha marca la festividad católica. Sin embargo, el día 12, en la noche de la víspera, el pueblo realiza el Velorio del Santo. Frente a un altar rodeado de flores, los devotos se pronuncian con la Salve, rezan oraciones y ofrecen cantos que suenan hasta que aparecen las primeras luces del amanecer.

Tras ser concluida la misa, el día 13 es bienvenido con un estallido de alegría: el repique de campanas y los fuegos artificiales anuncian el instante oportuno de sacar la imagen del santo de la iglesia sobre los hombros de los fieles, para que reciba los Sones de Negro.

En 2024 el Estado venezolano presentó el expediente de postulación de esta manifestación ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) para que sea incluida en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Por otro lado, el Tamunangue fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2014, al ser una expresión venezolana de gran trascendencia que exhibe la espiritualidad nacional.

T/Alba Ciudad