En las montañas de Aragua y Miranda se instaló desde 1843 una colonia de migrantes provenientes del entonces Ducado de Baden, al suroeste de Alemania. De allí nacen la Colonia Tovar (Aragua) y -posteriormente- El Jarillo (Miranda). Esas personas trajeron consigo no solo ganas de trabajar y la aventura de vivir en nuevo mundo, vinieron con cultura y tradiciones.

El Carnaval es una de ellas, y si bien los conocidos Jokilis, arlequines inspirados en el bufón de las cortes europeas de la Edad Media, no llegaron a la Colonia Tovar en el siglo XVIII, sino en 1973, hoy representan un símbolo inseparable de este pueblo aragüeño. Fueron traídos a la Colonia por Pablo Dürr Misle, quien visitó el pueblo de Endingen para conocer los arlequines que su abuelo Martín le contaba. Dos años después fundó la asociación de Jokilis, que hoy se mantiene viva en cada Carnaval coloniero.

Pero el Jokili no llegó al pueblo hermano de El Jarillo y sus habitantes estaban deseosos, desde hace tiempo, de tener un Carnaval propio que les identifique y que les conecte con sus raíces alemanas. Fue así como un grupo de jarilleros se propuso la idea de crear una asociación o narrenzunft, como se conoce en su lengua original, y este 2026 hicieron su primera celebración.

Alfredo Zea Gerik, director fundador de la Narrenzunft de El Jarillo, nos cuenta que “este sueño” empezaron a concretarlo hace tres años durante la celebración de los 150 años de la fundación de la Colonia Tovar, a la que asistieron delegados de varias comunidades del sur de Alemania. Aprovecharon la ocasión para conversar con representantes del pueblo de Forchheim, a quienes le comunicaron su deseo de tener una comparsa.

Tras hacer los trámites correspondientes, “porque todo depende de una autorizacion para mantener la tradicion y la hermandad de los pueblos del sur de de Alemania”, nació la Narrenzunft de El Jarillo, cuyo personaje central es el Schell-mi.

Alfredo Zea, fundador – director

¿Quién es el Schell-mi?

El Schell-mi apareció a mediados de los 90 en el Carnaval de Forchheim. Se trata de una figura graciosa inspirada en la cultura que hay alrededor del cultivo de papa en esa población y -por eso- su máscara de madera representa a este tubérculo, su traje alude a los colores de la planta y el personaje usa un bieldo o trincho, suerte de tenedor enorme que se usa para la cosecha.

Pero el Schell-mi jarillero tiene la particularidad de estar asociado al cultivo del durazno, rubro icónico en la economía de esta población mirandina.

Alfredo Zea explica que luego de obtener el permiso de la asociación de Forchheim, la Narrenzunft de El Jarillo adaptó los colores al marrón, verde, amarillo y rojo en representación del arbol y fruto del durazno. “El durazno es nuestra principal fruta, ha sido el motor de nuestra economía y le rendimos tributo con este traje”, complementa.

La vestimenta alude al cultivo de durazno

La máscara, detalla el fundador, es similiar a la del Schell-mi de Forchheim, solo que en vez de papa alude -obviamente- al durazno, fruto que sustituye a la nariz del personaje. La pieza es también de madera, tallada a mano. En El Jarillo, el Schell-mi, en vez de trincho, lleva un sonajero inspirado en las ramas cargadas de durazno.

“Abrazamos ese regalo que nos dieron los hermanos de Forchheim y en estos Carnavales se hizo realidad”, comenta con entusiasmo.

La fiesta empieza el jueves

El jueves previo al Carnaval, según la tradición alemana, las actividades comienzan con el “desfile de batas blancas” o Hemdklunkerumzug, que consiste en una caminata nocturna en ropa de dormir blanca, velas y accesorios ruidosos para “despertar el espíritu del Carnaval”. Luego, el viernes se hace un desfile por las calles del pueblo, siendo el primero de su historia en esta ocasión y que convocó  a “los hermanos” de la Colonia Tovar: Jokilis, Brujas y Gorilas. “Todos estos gremios unidos por un mismo fin: sembrar alegría en cada rincón y mantener viva la chispa de nuestros Carnavales”, detalló el directivo del Schell-mi jarillero.

Luego siguen los desfiles y visitas a establecimientos los dias domingo y lunes, para culminar el martes con el encierro del Schell-mi en un canasto de duraznos hasta el año que viene.

Este año por ser su fundación y coincidir con el 50 aniversario de los Jokillis de la Colonia Tovar, la Narrenzunft de El Jarillo llevó a todos sus Shell-mi a las calles de la Colonia Tovar en una fiesta donde destacaron la alegría y el orgullo propio de esa región montañosa que comparten Aragua y Miranda.

Por muchos años más

Alfredo Zea quiere que esta naciente tradición perdure en el tiempo, por ello, en este debut se pudo ver a familias enteras trajeadas de Schell-mi e involucradas en todas las actividades, niños y adultos por igual disfrutaron de esta fiesta que por su desarrollo pareciera que ya tuviese muchos años de arraigo en el país.

“El Schell-mi no es solo un personaje de fiestas, es el simbolo del trabajo de la tierra. Nuestra asociación esta compuesta por familias enteras que se visten del personaje, queremos que los niños vayan creciendo con esta tradicion, que le pusimos ritmo caribeño y sabor venezolano”, agrega tras mencionar la música y coreografías que usan durante los desfiles.

“El sonido de los cascabeles no es solo música, es el latido de El Jarillo reclamando su historia”, enfatiza.

Participa toda la familia

Mas allá del Carnaval

Muchos afirman que el carnaval de Forchheim destaca por la integración de clubes (Narrenzünfte) locales, grupos de baile y ciudadanos que desfilan con carrozas temáticas y disfraces creativos y que suele tener un enofque muy familiar y comunitario.

Una narrenzunft es mas que una asociación tradicional, debidamente registrada y encargada de organizar y preservar las costumbres del carnaval del suroeste alemán, pues se dedica a mantener las tradiciones locales y a fomentar la identidad.

Por ello, la Narrenzunft de El Jarillo se involucra en otras actividades como el mantenimiento y embellecimiento de los espacios públicos de la población y aspiran hacer muchas cosas más por su terruño. Esta organización sueña con tener un espacio propio que sirva de casa cultural y museo, además de una plaza para celebrar su Carnaval.

En El Jarillo le pusieron «sabor venezolano»