
Natchaieving Méndez
Dicen que en las circunstancias extremas emergen tanto la grandeza como la miseria del ser humano. El Eternauta parte de esta premisa y se convierte en una reflexión profunda sobre resistencia, comunidad y supervivencia. Publicada por primera vez en 1957, esta historia trascendió el tiempo y hoy, 68 años después, vuelve a ocupar un lugar central en la conversación colectiva.
La historia de Héctor Germán Oesterheld, el autor argentino de El Eternauta, sigue estremeciendo con el paso del tiempo. La desaparición del escritor, junto a la de sus cuatro hijas, no ha borrado el asombro por su obra ni el misterio de su destino. Décadas después, su legado resurge en formato audiovisual, conectando con esa sensación de peligro latente que persiste en la humanidad.
El Eternauta es una típica historia de ciencia ficción y ahí radica su atractivo. Esta pieza, que forma parte de la identidad argentina, se distingue porque, aunque tiene un personaje principal: Juan Salvo, el peso de la trama se construye alrededor de una lucha colectiva. Quizás, este era mensaje oculto de Oesterheld durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu: la adversidad no se supera con el sacrificio de un líder, sino con la unión de voluntades; esa es la verdadera clave para alcanzar la libertad.

La fórmula narrativa perfecta
En las grandes historias, la estructura narrativa del viaje del héroe es una estrategia infalible para captar al lector o a la audiencia. Un personaje común es llamado a la aventura, enfrenta desafíos que lo transforman y crea en él (o ella) un nuevo sentido para existir. Un ciclo de crecimiento, sacrificios y aprendizaje que hace que quien lo especta cree vínculos y evolucione con el protagonista.
Juan Salvo es el personaje principal de la historia de Oesterheld, es un hombre común, esposo y padre de familia que disfruta junto a sus amigos una noche de juegos. Una nevada mortal que cae sobre Buenos Aires marca el inicio de un misterio que luego va dilucidando, pero esto no lo hace solo pues requiere del talento colectivo para descifrar lo que está exterminando a la población.
Salvo evoluciona y, lejos de ser un héroe común con habilidades sobrehumanas tal como Supermán u otro de los personajes íconos de la ciencia ficción universal, su superpoder es la resistencia. Esto lo convierte en el pilar de una lucha organizada colectiva que cobra protagonismo en esta historia. Se refuerza la idea de que aunque el esfuerzo individual no consiga victorias personales, se puede tener un propósito más grande.

La argentinidad en pantalla
Si hay algo innegable y a veces es fuente de bromas y memes, es el fuerte sentido de identidad que caracteriza a los argentinos. Tanto en la historieta de Oesterheld como en la adaptación audiovisual que hace el cineasta Bruno Stagnaro y cuya primera temporada se difunde en la principal plataforma de streaming por suscripción, la argentinidad es la principal protagonista de la historia.
A lo largo de la historia, ciertos detalles pueden parecer menores, pero marcan la diferencia con respecto a otros relatos universales. Uno de esos elementos es la ruptura que El Eternauta logró en su época: mientras las historietas de ciencia ficción del siglo XX solían situar sus tramas en ciudades icónicas como Nueva York, París o Tokio, esta historia trasladó la acción a Buenos Aires, a las mismas calles que recorrían sus lectores.
En esta historieta las acciones se desarrollan en sitios emblemáticos que tienen un alto significado de identidad argentina como la cancha de River, la glorieta de Barrancas de Belgrano, la Plaza Italia, la Iglesia de San Pedro Telmo, entre muchos. Además, la constante mención de direcciones con referencias locales dibuja un mapa de Buenos Aires.
Además de lo mencionado, El Eternauta incorpora referencias a aspectos cotidianos de la cultura argentina, como el juego de truco, el mate y el tango, elementos profundamente arraigados en la identidad del país.
En la adaptación de Stagnaro, estas conexiones se amplían con referencias a dinámicas sociales contemporáneas. El protagonista, más que un héroe convencional, refleja características comunes de la sociedad argentina actual, convirtiéndolo en un personaje reconocible y cercano para cualquier espectador.
El Juan Salvo del siglo XXI es un hombre de unos 60 años, divorciado, emprendedor y veterano de la Guerra de las Malvinas. Su historia lleva consigo el peso de un conflicto que marcó a toda una generación, asociado a la dictadura militar y a la lucha por un territorio históricamente disputado. Su carácter refleja no solo la memoria y el dolor, sino también el simbolismo de la soberanía.
Otro elemento que ancla la narrativa a la actualidad argentina es la migración. En la historia aparecen dos personajes representativos de esta realidad: una migrante venezolana y una familia asiática. Inicialmente, enfrentan cierta resistencia por parte de los demás, producto de prejuicios arraigados, pero con el avance de la trama, esta tensión se disuelve, mostrando la evolución de las relaciones.
La obra refleja cómo la sociedad argentina ha manejado el fenómeno migratorio, oscilando entre la discriminación y el enriquecimiento cultural generado por el intercambio cotidiano. A través de estos personajes, la historia logra capturar una de las transformaciones más relevantes del país en las últimas décadas.
Elementos universales que enganchan
A pesar de sus referencias locales, El Eternauta también posee elementos que le otorgan un atractivo universal. Uno de los más destacados es la resistencia y la lucha colectiva, eje central de la trama. La historia plantea que adversidades extremas, ya sea una nevada tóxica o una invasión alienígena, no pueden ser enfrentadas de manera individual. Solo la unión de fuerzas y la comunidad organizada permiten la supervivencia.
Otro aspecto clave es la solidaridad en tiempos de crisis, reflejada en el apoyo mutuo entre los personajes para sobrevivir. Sin embargo, junto a esta unión, emergen también antivalores como la desconfianza, el egoísmo y la lucha por el poder.
Estos impulsos negativos, lejos de ser secundarios, adquieren un papel central en la trama. Por momentos, se convierten en verdaderos villanos, revelando cómo las peores facetas del ser humano pueden surgir en situaciones extremas.
El Eternauta encierra un profundo trasfondo político y simbólico. Su historia presenta una fuerza opresora que busca la dominación absoluta, sometiendo a la humanidad y transformándola en instrumento de sus propios intereses.
Este poder no requiere la violencia directa para imponerse; controla las mentes sin siquiera tocarlas, infiltrando su ideología en la vida cotidiana. Se instala en lo cercano, en los vínculos personales, volviéndose casi imperceptible para quienes aún no han sido sometidos.
Aunque El Eternauta no sigue la fórmula clásica donde la adversidad conduce a un desenlace feliz, su crudeza es parte esencial de su identidad. Aun así, la historia nunca pierde su espíritu esperanzador: la lucha por la supervivencia, la reivindicación y la posibilidad de un futuro mejor son fuerzas que la atraviesan.
Héctor Germán Oesterheld supo plasmar magistralmente esa resistencia. Su obra no solo refleja las dificultades de sus personajes, sino también la convicción de que, incluso en los peores escenarios, la esperanza jamás desaparece. «Nunca hice una historieta donde se acabara la esperanza», afirmó el autor, dejando un mensaje que sigue resonando con el tiempo.

Oesterheld reapareció
La historia no oculta la crudeza del enfrentamiento. Al igual que en la realidad argentina de los 70, los personajes deben decidir entre la supervivencia individual y la lucha colectiva. Oesterheld, quien se acercó a la militancia a través de sus hijas, entendió que las grandes historias no solo hablan de extraterrestres y conspiraciones, sino de la humanidad floreciendo aún en tiempos oscuros.
El impacto de El Eternauta trasciende la ficción y entrelaza la memoria colectiva argentina. La imagen de aquella historieta del 57, tristemente fue recordada cuando en recientes manifestaciones contra los recortes a las pensiones, algunos jubilados reemplazaron sus pañuelos por máscaras similares a las de la serie. Una nevada tóxica que actualmente azota Argentina.
La historieta de Oesterheld, ahora en las pantallas, no solamente ha conseguido récord de vistas, también ha reavivado la búsqueda de los desaparecidos de la dictadura, incluyendo la familia del autor.
Es así como la adaptación no solo difunde la obra, sino que también reabre heridas y genera conciencia sobre la memoria histórica. Medios locales refieren que en Buenos Aires han reaparecido carteles con los rostros de Héctor Oesterheld y sus hijas, no solo para reclamar su destino incierto sino para recordar el horror de aquellos días.
El Eternauta no es solo una historia de ciencia ficción, a través de su trama recuerda que la verdadera victoria no radica en un héroe individual, sino en la fuerza colectiva que enfrenta la adversidad. En un mundo que sigue lidiando con injusticias y crisis. Si bien es cierto que el paradero de Oesterheld jamás se conoció, hoy reaparece en su mensaje vigente como un llamado a la conciencia, la solidaridad y la esperanza.


