Esta semana Nueva York ha sido el epicentro de la atención mundial. Más de cien mandatarios y representantes de diversos países del mundo debaten sobre sus políticas internas, regionales y retos que han transitado en estos años. Muchos han sido los temas planteados, sin embargo, hay uno en los que todos han opinado desde sus diversas posturas: Inteligencia Artificial (IA).

Mientras el secretario general saliente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, planteó la urgencia de una supervisión más estricta en los procesos de desarrollo de la IA para resguardar la humanidad, la voz de una las grandes potencias del mundo enfatizó la necesidad de su aceleración, el poderío de su país en los avances y dominios de esta tecnología, y propuso un cambio de nombre para redefinir lo que significará para los próximos años.

Otros mandatarios, como la presidenta de la República de Venezuela, Delcy Rodríguez, hablaron de prudencia. Si bien no se puede frenar la evolución de esta herramienta para el servicio de la sociedad, debe trabajarse de manera responsable que no ponga en riesgo la estabilidad mundial.

«Los gobiernos, el sector tecnológico, la comunidad científica tienen la inmensa responsabilidad de no desviar el propósito constructivo y vital de la IA para beneficio de los ciudadanos, así como de no profundizar la brecha y la desigualdad digital en el mundo», expresó Rodríguez.

En paralelo, en los pasillos dorados del Consejo de Seguridad de este organismo internacional, se respiró este miércoles 23 de septiembre un aire denso. Los dueños del capital y los arquitectos de la IA confesaron que, de pronto, la criatura digital que amamantaron con datos globales amenaza con escapárseles de las manos.

La escena parece sacada de una película de ciencia ficción, de esas que Hollywood vende para adormecer voluntades. Sin embargo, detrás de la puesta en escena y del teatro diplomático de las potencias occidentales, lo que realmente se debate en Nueva York no es la salvación de la humanidad, sino el control del mercado tecnológico mundial.

La paradoja de los piratas

Durante una reunión de emergencia del Consejo de 15 miembros, directivos de corporaciones como OpenAI y Anthropic acudieron a la instancia internacional para solicitar reglas claras antes de que el avance vertiginoso termine por desbordar la capacidad de contención humana.

Sam Altman, máximo ejecutivo de OpenAI, instó a los países miembros del Consejo de Seguridad a forjar una cooperación internacional. «La industria no debe aceptar demasiados riesgos tecnológicos simplemente porque los beneficios sean demasiado grandes e importantes como para frenar su avance», dijo empresario, citado por France 24, al tiempo que advirtió que, si no se ponen frenos, los sistemas de IA concentrados en pocas manos podrían superar la rapidez de las instituciones y sus regulaciones.

A esta voz se sumó Dario Amodei, responsable de Anthropic, quien durante una videollamada alertó que los riesgos tecnológicos actuales representan el problema de seguridad más grave del planeta. Por otro lado, afirmó que a medida que los sistemas de IA se vuelvan más potentes y autónomos las medidas de seguridad deberán ser más estrictas, por lo que se comprometió reducir el ritmo de desarrollo de esta tecnología desde su empresa para garantizar que se cumpla con los estándares adecuados de resguardo.

Vale recordar que, en días pasados, Amodei solicitó la desaceleración coordinada entre los grandes actores de la IA, petición que no se ha concretado hasta la fecha y que ha recibido desde apoyos espirituales hasta el rechazo de la gran bota del Norte.

Lucha por el poderío tecnológico

Un cuarto del siglo XXI y la guerra deja de tener el adjetivo según el poderío armamentístico de efecto y potencial. Ahora, pareciera que ese temido tercer conflicto en el mundo tiene un nombre: la Guerra IA.

“No voy a sofocar el crecimiento de algo que será más grande que la Revolución Industrial”, recalcó Donald Trump durante su discurso el 22 de septiembre en la ONU ante los representantes del resto de las naciones del mundo. Su narrativa es clara: vencer a China ya no en el terreno espacial, ahora lo hace por el dominio tecnológico, del cual se ufana de estar a la delantera.

Mientras que las cabezas de OpenAI y Anthropic desde adentro de la industria hablan de la necesidad de avanzar siempre que haya controles de seguridad, también enfrentan la presión de las naciones por demostrar quien puede evolucionar más en la efectividad de la IA.

Lo que se ha evidenciado durante esta 81.ª Asamblea General de la ONU es que estamos inmersos en una batalla tecnológica, en la que muchos están preocupados, pero las acciones parecieran ir por alcanzar el poderío tecnológico a costa de cualquier precio, incluso, aquel que implique el peligro de la humanidad, especialmente, del Sur Global.

Esta disputa por el dominio de la Inteligencia Artificial evidencia cómo la competencia geopolítica y comercial está marcando el ritmo del desarrollo tecnológico mundial. Al priorizar el liderazgo industrial por encima de los consensos multilaterales, la innovación corre el riesgo de responder más a dinámicas de poder y rivalidad entre potencias que a la resolución de los grandes desafíos globales.

Ante este panorama, la construcción de marcos regulatorios inclusivos y equilibrados resulta indispensable para evitar que la brecha digital siga ampliándose. Garantizar que el avance de estas herramientas se oriente hacia el desarrollo sostenible, la salud y la mejora de los procesos productivos exige que la tecnología se entienda como un recurso para el bienestar común y no como un terreno de confrontación.

T/Natchaieving Méndez