
Estados Unidos y Arabia Saudí han anunciado la firma de un acuerdo de cooperación nuclear «pacífica» destinado a fortalecer las relaciones comerciales y estratégicas entre ambas naciones. El pacto, suscrito por el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y el ministro de Energía saudí, Abdulaziz bin Salmán, busca facilitar la entrada de empresas norteamericanas en el programa nuclear civil de Riad, prometiendo impulsar la economía de Washington y garantizar la seguridad energética saudí a lo largo de varias décadas.
Sin embargo, el anuncio ha desatado controversia tras revelarse que el marco acordado podría permitir a Arabia Saudí enriquecer uranio y reprocesar plutonio en su territorio. Esta concesión representaría un giro drástico en la política de no proliferación de Washington, que históricamente ha prohibido de forma explícita dichas actividades en tratados bilaterales con otros aliados para evitar el desarrollo encubierto de capacidad armamentística.
La medida ha generado duras críticas por parte de legisladores demócratas y exdiplomáticos, quienes alertan sobre el «peligroso precedente» que sienta en una región convulsa. Los detractores denuncian un doble rasero al flexibilizar exigencias a Riad mientras se mantiene un conflicto abierto para evitar que Irán obtenga armas nucleares, advirtiendo que la decisión revierte décadas de liderazgo estadounidense en la arquitectura global de seguridad.
Por último, expertos en control de armas señalan que el pacto prescinde del Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) —el estándar internacional para inspecciones exhaustivas— para reemplazarlo por un acuerdo bilateral limitado. Esta omisión, según los especialistas, debilita las herramientas de supervisión del OIEA y abre la puerta a que otras potencias negocien acuerdos similares, por lo que han instado al Congreso de EE. UU. a examinar el texto a fondo y rechazarlo si compromete la no proliferación.
T/Europa Press

