
Según investigaciones recientes y especialistas en neurología, la fase conocida como sueño de ondas lentas o sueño profundo funciona como una «lavadora» natural que elimina las toxinas acumuladas en el cerebro durante el día. Durante esta etapa, que ocurre principalmente en la primera mitad de la noche, el cerebro activa un sistema de depuración que barre con proteínas dañinas como la beta-amiloide.
Científicos confirman que la acumulación de esta «basura» química está directamente relacionada con la aparición del Alzheimer, por lo que no alcanzar un sueño profundo de calidad deja al cerebro vulnerable ante el deterioro cognitivo.
Además de esta limpieza, el sueño profundo permite que las neuronas se reorganicen, es decir es el momento en que el cerebro decide qué información del día vale la pena guardar y cuál debe desechar, lo que garantiza que al día siguiente la mente esté fresca y lista para aprender cosas nuevas.
Sin este proceso, el sistema se satura y la memoria empieza a fallar. Es por ello, que la preocupación de los expertos se centra en el envejecimiento, ya que a partir de los 60 años la capacidad de entrar en este descanso reparador disminuye notablemente.
Incluso, estudios demuestran que las personas que pierden horas de sueño profundo de forma constante tienen hasta un 32% más de probabilidades de sufrir demencia con el paso del tiempo. Los médicos advierten que cuidar la calidad del sueño es tan importante como comer sano o hacer ejercicio. No se trata solo de dormir mucho, sino de dormir lo suficientemente profundo como para que el cerebro pueda completar sus labores de mantenimiento y protegernos contra el olvido.
T/Agencias

