
Natchaieving Méndez
¿Ya hizo su imagen de Inteligencia Artificial (IA) al estilo Studio Ghibli? Le felicito tiene un bonito recuerdo, pero ¿a qué costo? Es posible que no sepa que en solo pocos segundos que se tardó en hacer el dibujo, gastó un poco más de 3 litros de agua, algo que la media de los seres humanos poco consumen en el día; quizás lo que requiere una persona para mantenerse bien hidratado en un país cálido o lo necesario para plantas de tamaño medio como el tomate. Un lujo para los habitantes de Yemen, Somalia, Cisjordania, India, Palestina y ciertas zonas de Suráfrica.
Pero le invito a que sigamos en la cuenta matemática. Si en su centro de estudio, trabajo o entre sus amistades y familiares cinco personas entraron en la moda de obtener su retrato IA de animación japonesa, seguramente ahorraron el dinero que podían pagar a un dibujante. Muy bien, entonces entre todos gastaron un poco más de 17 litros de agua, lo que equivale en Venezuela a cerca de 20 dólares con los que seguramente compraría un kilo de queso, carne y tal vez algo de legumbres, todo esto sin contar el gasto de energía eléctrica.
No, no intento criticarle por la imagen bonita de su rostro al estilo japonés del artista Hayao Miyazaki, quien, por cierto, podría tardar horas o días en hacer un dibujo con el detalle y la precisión que su arte requiere. De lo que se trata es de reflexionar cuál es el impacto ambiental que una simple acción, que tarda unos segundos, puede generar.
Una solución a un alto costo
Muy cierta es la afirmación de que la tecnología ofrece soluciones significativas para enfrentar los nuevos retos de la dinámica social; no obstante, también tiene consecuencias, por ejemplo, la polémica reciente con el uso del agua en la creación de imágenes IA.
Aunque no se evidencie a simple vista, cada palabra generada por aplicaciones avanzadas de IA como ChatGPT requiere una cantidad alarmante de recursos, es decir, lo que pudiese parecer una interacción simple con un chatbot, al final resulta en un complejo sistema devastador del medio ambiente.
De acuerdo con trabajo publicado en National Geographic, un texto de 100 palabras en ChatGPT requiere, en promedio, medio litro de agua. “Una pequeña cantidad” podría decirse, pero imagínese a una escala mayor en la que más de un millón de personas requieren una respuesta de 100 palabras. Hagamos nuevamente cálculos matemáticos y el uso de la imaginación. Si un millón de personas consumen lo equivalente a este párrafo (100 palabras), entonces se requerirían 500 mil litros de agua. En términos más concretos, 100 palabras es igual a 500 tanques residenciales de mil litros o 500 mil botellas de un litro.
Pero existen más datos. En el mencionado trabajo se cita un análisis de 2022 realizado por The Washington Post e investigadores de la Universidad de California. En el estudio se estimó que si solo 10% de la población activa estadounidense utiliza IA semanalmente, el consumo de anual de agua ascendería a más de 435 millones de litros, lo suficiente para abastecer lo que necesita una ciudad de cerca de un millón de habitantes durante un día y medio.
¿Por qué ocurre esto? Sucede que una simpe respuesta de 100 palabras requiere de la activación de miles de cálculos realizados en servidores que se encuentran en instalaciones en las que se origina la IA. Al activarse estos dispositivos o aparatos electrónicos consumen grandes cantidades de energía eléctrica que, a su vez, genera mucho calor. Lo que ocurre en muy menor escala cuando tiene mucho tiempo con el celular y este se calienta.
De allí que, para evitar el sobrecalentamiento, estas empresas generadoras de IA deben tener un sistema de refrigeración que, generalmente, emplean grandes cantidades de agua para mantener la temperatura adecuada. En zonas en las que no existe la cantidad suficiente del vital líquido, se emplean sistemas de aire acondicionado, lo que significa mayor consumo de electricidad.
Sobre este último aspecto, las mediciones también son alarmantes. Según el artículo anteriormente citado, una respuesta de IA de 100 palabras consume en promedio 0,14 kilovatios-hora (kWh). Esto es suficiente para activar 14 bombillas LED durante una hora.
Ahora bien, multiplique esto por 1 millón de usuarios de IA: ¡140 mil kWh! una cantidad considerable de energía que puede ser utilizada en diversos contextos. Cerca de 500 hogares que consuman mensualmente 300Kwh cada uno, pudiesen tener con esta cantidad electricidad durante un aproximado de un mes. Un vehículo Tesla que usa cerca de 26 kWh para recorrer 160 kilómetros, podría conducir 860 mil kilómetros.
A todo lo anterior se le suma que con 140 mil kWh se podrían iluminar calles de una comunidad, mantener operativas escuelas y hospitales durante un período prolongado, en fin, son muchos los usos que se podrían dar con esta cantidad de energía que se consumen para que un millón de personas obtengan una respuesta de 100 palabras.
¿Entonces, involucionamos?
No hay que ser radicales. Ciertamente, estas cifras producen gran preocupación, pero dejar de lado lo que se ha avanzado en tecnología es estancar la evolución de la sociedad. Ante la alarma que, desde hace tiempo, se viene generando por el excesivo uso de recursos naturales, diversas compañías anunciaron algunas medidas, incluso, instancias internacionales han instruido la búsqueda de soluciones… aunque ya sabemos que los países que más consumen energía son los que menos voluntad tienen de conservarla, pero eso es harina de otro costal.
La cuestión parte de una voluntad real. Algunas iniciativas son notorias, por ejemplo, Microsoft, acordó comprar la energía generada por el reactor nuclear de Three Mile Island, cerrado en 2019. Tal como lo reseña el artículo de National Geographic, si bien esto disminuiría el consumo eléctrico en sus centros de datos, este reactor no estará disponible sino hasta 2028 y aun persiste la preocupación de los residuos radioactivos que esto implique.
Otra iniciativa es la Google que prometió reponer el 120% del agua que utiliza para 2030. No obstante, en 2023 apenas alcanzó una reposición de 18%. Una promesa que no se ajusta al desafío que crece con la mayor cantidad de usuarios que tienen estas plataformas digitales.
Un aspecto paradójico es la promoción del libro digital para conservar el ambiente para el ahorro de los recursos que se emplean para hacer papel. Pues resulta que se ha comprobado que el 1% de las emisiones de CO2 en el mundo son producto de ver videos o materiales online, lo que podría aumentar a 8%. ¿Peor el remedio que la enfermedad?
La conciencia es la clave
Los defensores de la IA argumentan que con esta tecnología se pueden detectar anomalías, hacer precisiones de datos, pronosticar comportamientos ambientales de acuerdo a patrones numéricos. Además, hablan de sensores inteligentes y drones autónomos gestionados por sistemas de IA, lo cuales se pueden utilizar para monitorear poblaciones de especies marinas en peligro y prevenir la pesca ilegal.
Todo esto y más podría ayudar a los gobiernos empresas y personas a monitorear el ambiente y tomar decisiones para evitar un impacto negativo. Lo anterior ya se ha comprobado en las instalaciones de petróleo y gas en las que se mide la cantidad de emisiones de metano, así como otras sustancias nocivas para el equilibrio atmosférico.
Pero todo esto tiene un alto costo y es que los centros de datos, además del consumo de agua y electricidad, requieren para su funcionamiento grandes cantidades de materia prima presentes en el ambiente, las cuales se extraen, generalmente, de forma destructiva. Un ejemplo son los microchips y los minerales necesarios para crearlos.
Otro problema son los residuos electrónicos y eléctricos que generan estos centros y que a su vez contienen sustancias peligrosas como el plomo y el mercurio. Todo sin contar la quema de combustibles fósiles que provienen de las centrales de generación de energía eléctrica.
El desafío, sin dudas, es revertir todo este funcionamiento que, más allá de ayudar a la humanidad a su evolución, destruye el espacio en el que vive condenándola a la inminente destrucción. La verdadera y sincera colaboración internacional, la no subestimación de los daños que hoy se generan en el entorno, la inversión en la investigación y el desarrollo de tecnologías más sostenibles (baterías ecológicas, técnicas de reciclaje avanzada) pueden ser parte de la solución.
Es así como la vía más eficaz para reducir el impacto ambiental que la tecnología está ocasionando es la gestión ética y el uso responsable que evite una sobreexplotación de los recursos naturales. Generar conciencia no significa prohibición, se trata de estar en conocimiento y buscar alternativas para que la diversión de crear un dibujo no conlleve al uso inconsciente de la tecnología y con ella a la destrucción de la única casa en la que vivimos: la Tierra. ¿Y tú, qué piensas de todo esto?

