
Marruecos parece más que preparado: el reino magrebí baja el telón este domingo de la Copa de África de Naciones (CAN) de fútbol que ha albergado desde el 21 de diciembre y que demuestra la capacidad organizativa del país a cuatro años y medio del Mundial 2030.
Los marroquíes serán uno de los anfitriones de esa cita, junto a España y Portugal, y se disputan todavía con los españoles la sede de la final del torneo, que parece ser un pulso entre Madrid y Casablanca.
La final del domingo en Rabat entre los anfitriones y Senegal supone el punto final de un torneo continental que ha ido acumulando elogios en las últimas semanas.
La CAN es, tradicionalmente, un torneo donde se suceden los problemas organizativos. En ocasiones son serios, como ocurrió en 2022 en Camerún, que ya vio cómo se le retiraba la sede en 2019 por retrasos en las obras.
En esta ocasión, en Marruecos solo se ha hablado de fútbol y el presidente de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), Patrice Motsepe, ha presumido de las instalaciones de «clase mundial» que ha encontrado en esta competición.
El estado de los terrenos de juego ha sido magnífico a pesar de las intensas lluvias vividas en gran parte del país en una CAN disputado en condiciones invernales.
Entre las seis sedes propuestas por Marruecos para el Mundial 2030 figuran como joyas del proyecto el estadio Príncipe Moulay Abdellah de Rabat (69.000 espectadores) y un estadio en Tánger para 75.000 personas.
A 40 kilómetros de Casablanca se está construyendo el imponente estadio Hassan II, que podrá albergar a 115.000 personas.
T | AFP

