El baile de las Turas se consolida como una de las expresiones rituales y culturales más profundas de los pueblos indígenas originarios Jirara, Gayón y Ayamán de los estados Lara y Falcón. A través de registros recientes, se detallan los elementos fundamentales de esta danza milenaria, su significado y los saberes asociados a su preservación.

Esta ceremonia es un ritual sagrado que se realiza tradicionalmente entre marzo y abril, y los días 23 y 24 de septiembre. Su objetivo principal es rendir tributo a la naturaleza, solicitar la llegada de las lluvias y asegurar la fertilidad en los conucos.

Debido a los procesos de aculturación impuestos por la cultura occidental y la religión católica, las comunidades practicaban la ceremonia de manera oculta en sitios sagrados. Entre los elementos más destacados se encuentran el barqui, una pintura corporal y facial rojiza elaborada con piedra sare, hojas y semillas de yoco yoco, y aguardiente de caña. También la chicha natural, la preparación de chicha natural de maíz sin azúcar forma parte indispensable del ceremonial.

La preservación de los instrumentos tradicionales resulta fundamental para mantener vivo el compás y la sonoridad milenaria del Baile de las Turas, garantizando la transmisión de esta herencia cultural a las próximas generaciones. Estos instrumentos incluyen cachos (elaborados con cornamentas de venado), maracas (fabricadas con totuma) y flautas (construidas con carrizo).

Claves de la ceremonia

El ritual se realiza dos veces al año, en marzo y en septiembre, como agradecimiento a la tierra por la cosecha de maíz, cultivado por los pueblos primigenios mayamán y jirarara. (Historiador Ramón Querales, censado en el último registro nacional de 2011 como ayamán).

Los instrumentos musicales constan de dos cráneos de venado llamados cacho grande y cacho pequeño, a los que se les cierran los orificios nasales y de los ojos, con cera virgen, dejando solo abierto el orificio occipital; dos flautas del tipo quena, una más larga que la otra, denominadas tura macho y tura hembra, elaboradas con caña o madera; una maraca.

Se brinda con chicha o cocuy, bebidas esenciales en la ceremonia. El altar lo preside un árbol de copey, considerado por los aborígenes como el “árbol de los santos espíritus” o “del espíritu de las aguas vivas” pues es un palo que “atrae nieblas y lluvia”. En la fiesta se procede a regar en abundancia la pata del árbol con la chicha de unas cuantas tinajas.

La danza se clasifica como colectiva de ronda debido a que los bailarines forman un semicírculo, van entrelazando sus brazos a los demás, uno por detrás de los hombros del otro y, a veces, colocan la mano en la cintura del siguiente danzarín. Intervienen hombres y mujeres, luego giran en la misma dirección o en la dirección contraria.

T/Agencias