
Luego de la confirmación de Bad Bunny como protagonista del show de medio tiempo del Super Bowl 2026, que para los latinos es una muestra de orgullo por ser el primer artista puertorriqueño y el primero del género urbano en encabezar uno de los escenarios más importantes del mundo, se han desencadenado críticas qué involucran el tema migratorio en su presentación.
La presentación del cantante boricua se transformó en un debate de poder y libertad cultural. El propio Benito Martínez nombre real del artista, había encendido las alarmas meses antes, cuando dijo abiertamente que no se sentiría cómodo actuando “rodeado de agentes de ICE intimidando a mis fans”, de hecho, por ese motivo decidió no presentase en los Estados Unidos en su última gira.
Ante ello, la respuesta del presidente de Estados Unidos (EEUU) Donald Trump y el abordaje político, no ha parado desde su anuncio. En una intervención reciente, Trump aseguró que su administración “no permitirá desórdenes ni ilegalidades en el Super Bowl” y que se desplegarán “agentes federales de cumplimiento” en los alrededores del estadio Levi’s, en Santa Clara.
Ante esta persecución, el artista ha respondido que “la música no tiene fronteras” y a través de sus redes sociales, luego durante un encuentro con la prensa en Nueva York, manifestó que no permitirá que el espectáculo se convierta en “una excusa para perseguir a nadie”. Reafirmó su postura de respeto hacia todas las comunidades migrantes y recordó que Puerto Rico forma parte de Estados Unidos, asegurando que no deben utilizae políticas federales para vigilar un show donde la mayoría de los asistentes son ciudadanos o residentes legales.
El Super Bowl 2027, de esta forma se ha convertido en el ojo del huracán, aunque sus organizadores intenten mantener el equilibrio. A través de un comunicado, la liga aseguró que “toda decisión relacionada con seguridad se tomará en coordinación con autoridades locales” y que el espectáculo de medio tiempo seguirá siendo un «espacio de celebración cultural, libre de discriminación o intimidación”. Sin embargo hicieron un llamado a los fans a no acudir al evento si no están legalizados en el país.
Productores del show temen que la controversia opaque el propósito del espectáculo. Publicistas y marcas asociadas han comenzado a evaluar sus estrategias, preocupadas por el riesgo reputacional que podría suponer un despliegue visible de agentes migratorios durante el evento. Para una industria que vive de la imagen, el miedo y la política no son buenos socios comerciales.
T/Agencias

