
Desaliñada, fiestera y caótica, así regresa Supergirl a la gran pantalla, con una imagen alejada de la perfección y el optimismo tradicionalmente asociado a las superheroínas. Con una visión de la esperanza reforzada, según su guionista Ana Nogueira.
«Ser optimista cuando todo va bien es bastante fácil, o cuando todo en tu pasado ha ido bien, es mucho más sencillo. Pero cuando has experimentado tantas pérdidas como ella, esa esperanza y ese optimismo se vuelven más difíciles», comentó Nogueira.
El personaje interpretado por Milly Alcock, es una joven que vive al margen del heroísmo tradicional. Ella sale de fiesta hasta emborracharse, vive con resaca, tiene una nave espacial en estado caótico y una aparente falta de rumbo en la vida. Todo eso solo es mitigado por la compañía de su perro.
En la historia dirigida por Craig Gillespie, la protagonista deberá embarcarse casi involuntariamente en una aventura para ayudar a una niña huérfana en su venganza. En ese periplo enfrenta su propio pesimismo y una crisis de identidad que la obligará a replantearse su papel como heroína.
Esta imagen oscura y casi nihilista de la vida contrasta con el optimismo, la inocencia y la luz asociados a su primo, Clark Kent. Igualmente choca con la versión interpretada por Helen Slater, quien dio vida a la primera Kara en la década de 1980.
T/Agencias

