En los distritos tecnológicos de Pekín, Shenzhen, Hangzhou o Hefei se están afianzando las llamadas fábricas humanoides, una de las apuestas más ambiciosas de la economía china. Ya no son solo prototipos de laboratorio o curiosidades de ferias tecnológicas, sino robots diseñados para entrar en fábricas, hospitales, restaurantes, asilos de ancianos y, en el futuro, en los hogares de todos nosotros.

China lleva 12 años siendo el primer productor mundial de robots y el principal mercado de aplicaciones industriales y se espera que el sector alcance un valor de 14.000 millones de dólares en 2035.

Pero más allá de la esfera industrial, los robots humanoides asiáticos están irrumpiendo en los deportes y el entretenimiento. En redes sociales han comenzado a circular clips de robots con rasgos humanos corriendo maratones, jugando al fútbol, sirviendo mesas o bailando durante el Año Nuevo Lunar.

En 2023 el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información publicó unas directrices que pretenden crear un ecosistema de innovación de categoría mundial para robots humanoides, impulsando la producción en masa y la adopción generalizada de estas máquinas en entornos industriales y civiles.

No se trata de sustituir totalmente a la mano de obra humana, sino de intervenir donde el trabajo es más desgastante, repetitivo o arriesgado, en un país que enfrenta el envejecimiento de la población y la reducción progresiva de la mano de obra. En este sentido, el humanoide se convierte en una respuesta estructural a un problema demográfico antes que tecnológico.

Más que una sustitución directa, la robótica representa una reconfiguración del modelo industrial. En torno a los humanoides se están desarrollando complejas cadenas de suministro, que incluyen semiconductores, baterías, sensores, software y servicios de mantenimiento. Aquí reside uno de los principales puntos fuertes de China: la capacidad de integrar rápidamente hardware y software, creación de prototipos y producción en masa.

T | Editado de Wired