
Los gatos no solo son adorables mascotas, sino también criaturas sencillamente asombrosas cuyas habilidades únicas nunca dejan de fascinar: desde la capacidad que tienen para caber en casi cualquier espacio reducido, como si su cuerpo fuera un líquido, hasta la habilidad para caer siempre de pie. Pero, ¿cómo lo hacen? ¿Siempre es así? Los científicos dedicaron mucho tiempo a estudiar esta cuestión.
Curiosamente, la observación de los gatos incluso ayudó a los humanos en los inicios de la exploración espacial, cuando sus notables reflejos permitieron estudiar cómo moverse correctamente en condiciones de ingravidez.
Varios estudios observaron que cuando caen, los gatos tuercen la mitad superior de su cuerpo hacia un lado y la mitad inferior hacia el lado opuesto, lo que le permite girar y caer siempre de pie. Esto se debe a que su oído le permite reconocer rápidamente qué dirección es hacia arriba o abajo.
El 1947 el Laboratorio de Investigación Médica Aeroespacial de la Fuerza Aérea de Estados Unidos – precursora de la NASA – llevó dos gatos en un avión capaz de simular condiciones de microgravedad. Al encontrarse en condiciones desconocidas, los gatos no lograron hacer casi nada, pues «los reflejos automáticos de los gatos se pierden casi por completo en condiciones de ingravidez», sin embargo, aunque parecen desorientados, todavía son capaces de averiguar dónde van a caer.
Es sorprendente que este experimento resultara útil para los humanos con la llegada de la era de la exploración espacial. En octubre de 1962, el laboratorio publicó un informe titulado ‘Weightless Man: Self-Rotation Techniques’ (‘El hombre ingrávido: técnicas de autorrotación’), donde ilustraban todas las lecciones aprendidas en su experimento con gatos, que ayudaron a idear formas de orientar correctamente a los astronautas en un espacio carente de gravedad. (RT)

