
“Cuando uno escucha el joropo, a uno le pica los pies; oímos el joropo y uno empieza a darle a los pies, uno lo trae en la sangre, uno se siente feliz cuando lo escucha”. Estas palabras dichas por la joropera coloniera Flor Adelis Breidenbach son muestra de lo representa esta expresión musical para muchos venezolanos. De allí que próximamente pertenezca a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).
El joropo no es cualquier ritmo, baile o canto: es un latido colectivo. Cada región lo ha acobijado a su manera y lo ha moldeado según su característica sociales. Escuchar el arpa o la bandola, acompañada de las maracas, el cuatro y cualquier instrumento con sus variaciones, evoca la esencia de una población que hace de la alegría su marca distintiva en el mundo.
Reconocer ingternacionalmente esta expresión cultural como referente identitario de Venezuela es oficializar lo que el pueblo ya sabe: cada golpe de arpa, cuatro, maraca, “buche”, bandola, cada zapateo conecta con el territorio que va desde la Guayana Esequiba hasta Castillete, desde las Islas de Aves hasta la naciente del río Ararí, y con ello representa la autenticidad de quienes lo habitan.

Para los venezolanos el joropo ya es un patrimonio declarado, no por solo por el reconocimiento de instituciones nacionales e internacionales, sino porque es un regalo cultural de la fusión de culturas ancestrales (europea, negroafricana e indígena) que se sigue transmitiendo a generaciones futuras.
Es una cédula de identidad que no se limita a los llanos como en un tiempo se pretendió limitar, representa un diverso abanico de variaciones musicales, dancísticas, costumbres. Central, oriental, guayanés, andino, llanero, el joropo es un inmenso árbol en el que cada rama tiene ritmos, acentos, bailes, instrumentos particulares. No obstante, en todos, el contrapunteo, el relato de la cotidianidad en las canciones, la esencia del jolgorio, la alegría, la convivencia y el zapateo es una constante.
Origen mestizo
Pese a que se ha pretendido restringir la descripción de Venezuela como un país rico en petróleo, mujeres bonitas y beisbolistas, su territorio tiene ancestralidad y una diversidad única en el mundo. Con el joropo, la nación de Simón Bolívar tiene 11 patrimonios culturales inmateriales (de los muchos que existen y no han sido declarados) que destacan en el mundo por su belleza y singularidad en cuanto a forma, estilo y características históricas.
El joropo, tal como el resto de los patrimonios culturales venezolanos, tiene una conjunción de elementos que lo hace auténtico, único y excepcional. Contiene huellas históricas que describen aspectos particulares y originarias de las poblaciones en donde tiene presencia, los cuales se mantienen en la actualidad por la transmisión de saberes, el ejemplo y la tradición oral.
¿De dónde surge el joropo venezolano? En diversas entrevistas publicadas en la web, así como en su libro Del joropo y sus andanzas, el musicólogo, compositor y promotor cultural Rafael Salazar ubica el nacimiento de este género musical en el fandango heredado de los europeos y los esclavizados africanos traídos a estas tierras del Abya Yala.
Salazar destaca explica que el fandango es una expresión europea que a su vez tiene su origen más remoto en la cultura sudanesa, específicamente de la Guinea occidental africana que luego, como toda expresión cultural, fue ganando terreno, inicialmente en el sector popular hasta llegar a los grandes salones aristocráticos.

Del fandango surgieron muchos ritmos en los países latinoamericanos invadidos luego de la llegada de Colón; no obstante, el llamado redondo, refiere el especialista, es la influencia más fuerte de la que surge el joropo venezolano. Su nombre proviene de la variación de la voz árabe xdrop, que significa jarabe, sirope o hidromiel.
Es así como el musicólogo precisa que desde el siglo XVII esta forma musical, como muchas otras, proveniente del mundo árabe hispano se expandió por todo el país y dio origen a su vez a gran cantidad de expresiones “afandangadas” que luego asumieron el nombre de joropo.
“Afortunadamente para la Humanidad no existen formas musicales puras. Todas las formas son mestizas, tienen un antes y un después”, recalca Salazar, lo cual desmonta la percepción de algunas personas que, incluso en la actualidad, hablan de que lo proveniente de España “es puro”, cuando en realidad su idiosincrasia encierra en sí un proceso de mezclas de las tierras árabes, africanas y muchas otras.
Llanero, central, oriental…
Tal como se menciona anteriormente, Salazar explica que el joropo llanero proviene del llamado fandango redondo porque tenía en su danza figuras del baile circular. En sus interpretaciones iniciales, según las investigaciones del musicólogo, los mantuanos empleaban el arpa y en el clavecín para interpretar esta música afroandaluza.
De estas fiestas y del contacto con soldados que se mezclaban con los esclavizados, los campesinos (negros y mulatos) en sus ratos libres aprenderían de oído las formas musicales más comunes de estos fandangos y replicarían en instrumentos elaborados por ellos, como el arpa rústica hecha de bambú, tripas de ganados o la bandola construida con taparo. “En adelante, aquel fandango reposado se transformaría en una forma contrapuntística popular dodne alternaría en el arpa el tripleteo ―de la región aguda―, los tenoreteos ―de la región media―, y el bodoneo, propio de los bajos”, reseña Salazar en su libro.
Así, el joropo llanero que se le ubica entre Apure, Barinas, Portuguesa, Cojedes, Guárico y parte de Anzoátegui y Monagas. Se le asocia con la faena fuerte de arreo de ganado, de allí que también se le conoce como “recio” y mientras más rudo se toque adquiere más virtuosismo. Sus variaciones son muchas, porque hay que aclarar que si bien se le llama joropo al género esta encierra muchos hijos que tiene diferentes formas musicales y de baile. Zumba que zumba, pajarillo, periquera, gabán, seis por derecho, chipola, quitapesares, corrío, guacharaca, gavilán, la lista llega a casi 72 formas de joropo.
Hacia el centro del país, especialmente en las haciendas aragüeñas y mirandinas, se dieron variaciones que distinguen lo que hoy llamamos joropo central. Surge entonces de diferentes formas de un arpa que se diferencia por tener 13 sonidos en la parte aguda y un cantador que toca las maracas. De hecho, en esta zona es muy común escuchar “arpa, maraca y buche” (canto) para diferenciarlo del resto de los joropos. Su interpretación es más contrapunteada, trancada se diría en el argot popular. Pajarillo, yaguaso, revueltas, yaguaso, la guabina, la famosa marisela y la llamada del mono, son parte de la marca distintiva.
Salazar relata que el joropo partió de los llanos “tomando la ruta del río Apure y del Orinoco para llegar a tierras de Guayana y del oriente venezolano”. En estas tierras, se sustituye el arpa por el bandolín o la bandola oriental (de ocho cuerdas y cuatro sonidos) para llevar la melodía. Esto no fue casual, de acuerdo con el investigador en esta zona llegan primeras bandolas y bandurrías, específicamente a Cubagua y a Cumaná en los años de 1560.
En esta región, refiere el musicólogo, el joropo adquiere un carácter nostálgico, algo lento, propio de la calma de los pescadores. Sin embargo, si algo caracteriza a este joropo es que generalmente se toca en dos tiempos y existe un momento en el que la interpretación va más rápido, es cuando se está en presencia del estribillo caracterizado por ser un reto de improvisación tanto para quienes ejecutan los instrumentos como para los cantadores. Esta parte de la melodía se ubica en una forma musical acelerada de 6X8, de allí la dificultad, especialmente, para los músicos de otros países que no están acostumbrados a los ciclos melódicos que este género exige.
Un dato curioso del estribillo, mencionado por Salazar en su libro, es que esta expresión musical sirvió a los esclavizados de la costa sucrense para comunicarse políticamente. Su forma interpretativa, casi como un trabalenguas, inteligible, facilitaba “transmitir los partes de la guerra y los mensajes tácticos de las acciones patrióticas revolucionarias durante la campaña de Independencia”.
El joropo llega pues a los andes venezolanos (Mérida, Táchira y Trujillo) en donde adopta una ejecución más lenta, propia del paisaje montañoso, al que se incorpora otros instrumentos como la guitarra, el violín, la mandolina, el cuatro y el triple.
Además del andino, central, llanero y oriental, en Venezuela existen variantes como el joropo tuyero, el mirandino, coloniero y el aragüeño (surgen del central); el golpe larense, el guayanés, el guaribero o cordillerano, el horconiao, urbano y el veguero, y muchos otros, cada uno con rasgos musicales, rítmicos y territoriales propios que enriquecen la diversidad de esta expresión cultural.

¿Por qué es patrimonial?
No está demás reiterar que el joropo es una tarjeta de presentación de la idiosincrasia y la historia de la sociedad venezolana. Sus canciones no solamente reflejan la riqueza musical del país, sus letras además relatan las vivencias, sentimientos, percepciones del mundo de la población desde diferentes ángulos.
Todo esto concuerda con los parámetros para que una manifestación sea considerada patrimonio de una población. Lo primero que se debe tener presente es que, a lo largo del tiempo, la expresión cultural y/o artística considerada patrimonial debe ser referente de identidad cultural y sentido de pertenencia de un grupo social.
Es por ello, que la expresión cultural, inicialmente, deben ser reconocidas por un colectivo como una huella que les identifica con sus raíces, tal como ocurre en el joropo. A partir de allí y así lo refiere el doctor José Gregorio Aguiar, investigador patrimonial de la Fundación Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) del Ministerio del Poder Popular para Ciencia, este reconocimiento hace que la manifestación sea “respetada, admirada, valorada”, etapas por las que siempre transitará un patrimonio cultural y que garantizará su permanencia.
De esta forma y por siglos, el joropo se interpreta durante todo el año en celebraciones familiares, eventos públicos y festivales religiosos o culturales. Posee formas, no solo en la música, sino también en el baile y la interpretación, que se han transmitido por generaciones y que se fueron acoplando a los territorios en su transitar en el tiempo. De esta manera, representa un vínculo entre las cosmovisiones del mundo de diferentes épocas.
Su ejecución no se limita al músico, cantador y bailador, el joropo involucra una dinámica social que permite el diálogo y la convivencia entre diferentes actores de la sociedad. El artesano (luthier), los compositores, los cocineros, quienes confeccionan la indumentaria, los maestros portadores del conocimiento, forman parte importante de este patrimonio venezolano.
Asimismo, existen escuelas de joropo que preservan la esencia de esta expresión y los lazos que fortalecen no solo la identidad y el orgullo por la tierra, además los lazos comunitarios mediante la celebración compartida. Por lo anterior y por mucho más, el joropo venezolano es un Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad que seguirá su camino como símbolo genuino de la pluralidad cultural venezolana y como un puente entre el pasado y el presente, que confirma la riqueza y resistencia de sus tradiciones.
Natchaieving Méndez

