
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha admitido públicamente por primera vez que las fuerzas especiales israelíes llevaron a cabo una operación en el Líbano que resultó en la explosión de miles de buscapersonas y ‘walkie-talkies’, causando la muerte de docenas de personas y heridas a miles. Este reconocimiento se produjo tras una reunión del gabinete de seguridad, e implica un momento de gran tensión política para Israel. Netanyahu subrayó que la operación, que también tenía como objetivo al líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, fue realizada a pesar de la oposición de varios altos cargos de Defensa.
En un contexto de crecientes desacuerdos internos, Netanyahu destituyó al ministro de Defensa, Yoav Gallant, y nombró al actual ministro de Asuntos Exteriores, Israel Katz, para el cargo. El primer ministro explicó que «las diferencias en la conducción de la guerra resultaron en acciones que no eran concordantes con la política gubernamental, lo que afectó la seguridad nacional». Este cambio en el liderazgo militar ocurre en un momento crucial, a medida que Israel se enfrenta a críticas internas y externas por su manejo de la situación en el Líbano.
Las explosiones coordinadas el 17 de septiembre en suburbios de Beirut y otras áreas del Líbano dejaron un saldo trágico con decenas de muertos y aproximadamente 3.000 heridos, entre ellos miembros de Hezbolá y civiles. Al día siguiente, una serie de explosiones de ‘walkie-talkies’ aumentó la devastación. Estas acciones fueron seguidas por ataques aéreos israelíes dirigidos a instalaciones de Hezbolá, lo que intensificó la ya tensa situación en la región.
Este reconocimiento ha provocado una serie de reacciones en el ámbito internacional, planteando preocupaciones sobre las repercusiones de estas operaciones en la estabilidad de la región. La comunidad internacional observa de cerca cómo estas acciones afectarán las relaciones de Israel con sus vecinos y aliados, especialmente ante el temor de una escalada en el conflicto con grupos militantes en el Líbano.

