El 7 de agosto asume el nuevo presidente de Colombia: Aberlardo de la Espriella. Tras su victoria electoral ha anunciado una política de «mano dura» que incluye el retorno de las fumigaciones aéreas y bombardeos en zonas fronterizas.

Sobre esta preocupación en el cordón fronterizo norte, el abogado y exgobernador de la provincia de Sucumbíos, William Barba advirtió que el escenario actual es mucho más complejo que el de hace dos décadas y que el Estado ecuatoriano carece de una planificación adecuada para enfrentar los efectos colaterales de estas medidas.

El anuncio de bombardeos hacia los cultivos cocaleros en departamentos como Putumayo y Nariño tendrá una afectación directa en provincias ecuatorianas como Carchi y Sucumbíos, refirió Barba.

«La gente del sector sur del país analiza con preocupación este tema porque sabe que va a venir una represión hacia los cultivadores», manifestó

El exgobernador abordó tres puntos críticos que diferencian este momento de los acontecimientos surgidos en el Plan Colombia, entre ellos la dependencia económica fronteriza.

Barba subrayó que la falta de presencia del Estado colombiano en su frontera sur llevó a que, incluso, ciudadanos ecuatorianos migren para trabajar como «raspachines» (recolectores de hoja de coca) en el lado colombiano.

Esta ofensiva militar propuesta por Espriella generaría una crisis económica inmediata en estas familias.

De acuerdo a la plataforma Radio Pichincha otro punto es que «a diferencia del pasado, donde se enfrentaba a una ‘guerrilla revolucionaria’, hoy el conflicto involucra a disidencias que han implantado una estrategia de miedo, extorsión y ‘vacunas’ que afectan el territorio ecuatoriano».

Barba identificó a esta actividad como un factor nuevo y descontrolado que no tenía la escala actual durante el primer Plan Colombia. Dicha actividad está hoy vinculada directamente al narcotráfico y al lavado de activos, complicando las operaciones de seguridad de las Fuerzas Armadas de Ecuador.

Barba además solicitó al Gobierno de Daniel Noboa que esté preparado y tenga una planificación, especialmente sobre los temas migratorio, de salud y seguridad. La advertencia de Barba se sustenta en la devastadora experiencia del Plan Colombia, concebido en 1999 como un acuerdo bilateral entre los presidentes Andrés Pastrana y Bill Clinton.

Aunque se presentó como un plan de paz y desarrollo, el 80 por ciento de sus recursos se destinaron a la guerra y a la erradicación forzosa, dejando un rastro de destrucción en la frontera ecuatoriana.

Informes desclasificados de la CIA ya advertían en el año 2000 que las aspersiones aéreas no alterarían el negocio de la droga, sino que facilitarían su expansión hacia los países vecinos. En la práctica, esto se cumplió. Los cultivos se trasladaron y el conflicto se degradó, aumentando las masacres y el desplazamiento forzado.

Además, el uso de glifosato en las fumigaciones aéreas fue denunciado por causar enfermedades graves. Entre los efectos de dicho plan, se dieron problemas respiratorios, digestivos y de la piel, con el 84.7 por ciento de las familias locales expuestas.

Un estudio del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil) señaló que, entre 2000 y 2006, se produjeron 715 asesinatos en la zona fronteriza de Sucumbíos, con una tasa de impunidad del 95.92 por ciento.

T| TELESUR