Miles de ciudadanos albaneses continúan movilizándose en Tirana (capital) y otros escenarios para expresar su rechazo a un ambicioso proyecto turístico vinculado a la familia del presidente estadounidense Donald Trump, una iniciativa que, de acuerdo con organizaciones ambientales, pone en riesgo uno de los últimos ecosistemas costeros salvajes del país.

La controversia gira en torno a un plan impulsado por Ivanka Trump y su esposo Jared Kushner, que contempla la construcción de hoteles de lujo, complejos residenciales y puertos deportivos en una zona situada entre la isla de Sazan y el área protegida de Zvërnec, en la costa adriática albanesa.

Los opositores al proyecto advierten que el desarrollo urbanístico amenaza espacios naturales de alto valor ecológico, incluidos humedales que sirven de refugio a numerosas especies, entre ellas importantes colonias de flamencos.

Además, denuncian que la iniciativa favorecería intereses privados extranjeros mediante la utilización de terrenos públicos y áreas protegidas, sin aportar beneficios significativos a las comunidades locales.

Las protestas se intensificaron tras la difusión de imágenes que mostraban a un activista ambiental siendo retirado por la fuerza por personal de seguridad en el parque protegido de Narta-Vjosa, una de las zonas afectadas por los planes inmobiliarios.

Cada jornada, los manifestantes se reúnen en la plaza Skanderbeg, en el centro de Tirana, para marchar por las calles de la capital. Entre sus principales demandas figuran la renuncia del primer ministro, Edi Rama, y la salida de la vida política del líder opositor Sali Berisha.

La tensión aumentó después de que Rama calificara de manera despectiva a quienes participan en las protestas, declaraciones que fueron interpretadas por muchos sectores como una muestra de desprecio hacia las preocupaciones ciudadanas. Por otro lado, el malestar social creció tras conocerse que se modificaron disposiciones de gobierno para dar vía exprés al proyecto y que no pasara bajo escrutinio público.

No obstante, activistas y especialistas consideran que el conflicto trasciende el proyecto turístico. Para numerosos participantes, las movilizaciones reflejan un descontento más profundo con el modelo político y de gestión del país.

La arquitecta Doriana Musaj afirmó que Albania enfrenta una oportunidad para avanzar hacia una democratización más efectiva, mientras que el activista Melitjan Nezaj cuestionó la posibilidad de modificar normas previamente aprobadas para facilitar inversiones de esta magnitud.

T| TELESUR