
Cada noveno jueves después del Domingo de Resurrección y desde hace más de dos siglos, en Venezuela el diablo sufre una derrota. Cientos de hombres y mujeres en distintas puntos del territorio tienen meses preparándose para este día en el que se reafirma la victoria del Bien sobre el Mal.
Desde la víspera, el día de Corpus Christi para los venezolanos es más que una celebración del calendario católico gregoriano. Esta fecha representa identidad, fe, historia, un momento en el que diversas poblaciones se reencuentran en la devoción, la tradición y en el hilo que los conecta con sus raíces ancestrales.
Los Diablos Danzantes de Corpus Christi de Venezuela no cayeron del cielo por desobedecer a Dios, tal como cuenta la Biblia del origen del maligno. Ellos nacieron en la Tierra para reafirmar cada año, por generaciones, que se rinden ante el Santísimo, ante el Gran Creador consagrado en la hostia, por una convicción y una energía que transmiten a través de la danza en cruz al ritmo del tambor, la caja, las maracas y el cuatro.
En 2012 esta expresión religiosa-cultural se convirtió en la primera en ingresar a la lista representativa de Patrimonio Culturales Inmateriales de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), acción que la define ante el mundo como única, referente de una sociedad que mantiene saberes, costumbres, tradiciones y un diálogo activo colectivo que ha resistido la globalización y fortalece el arraigo hacia sus raíces como población, la define históricamente.

Por eso, vivir el Corpus Christi en algunas de las poblaciones venezolanas en las que hay presencia de cofradías de Diablos Danzantes va más allá del colorido de sus trajes. No es una mera manifestación cultural, es el reencuentro con la historia viva con años de resignificación de símbolos que fueron amalgamándose, tejiéndose, para construir pensamientos, creencias, cosmovisiones de la vida que son excepcionales en el mundo.
De imposición a resistencia y devoción
Aunque la Unesco reconoció solo 11 cofradías de Diablos Danzantes de Corpus Christi en Venezuela existen y existieron más. Incluso, algunos afirman que en Caracas también tuvo presencia esta expresión religiosa-cultural. No es descabellado pensarlo, lejos del personaje maligno, estos cofrades son una de las manifestaciones más católicas que existen en el país.
Como es conocido, la religión católica no nació en Nuestramérica, viene de los invasores europeos. En el Viejo Continente la historia de los danzantes comienza a mediados del siglo XIII, cuando una joven monja llamada Juliana de Mont-Cornillon contemplaba el cielo nocturno y tuvo una visión cuando observaba la Luna y vió que la dividía franja negra. La religiosa interpretó esta visión como un mensaje celestial que invitaba a celebrar y agradecer el milagro de la transustanciación, es decir, la hostia consagrada.

Esta revelación fue escuchada por un archediácono de Bélgica que se convirtió años más tarde en el Papa Urbano IV. El Pontífice, además de conocer la petición de Santa Juliana sobre la instauración de una fiesta para la Eucaristía, recibió el corporal Bolsena de 1263, es decir, un paño blanco que utilizan los sacerdotes para este acto litúrgico que cuenta la leyenda se sangre durante la misa de un cura que dudaba de este acto.
El Sumo sacerdote unió ambas historias y decidió promulgar en 1264 la bula Transiturus e instituir la fiesta del Corpus Christi (el cuerpo de Cristo) en honor a Dios consagrado en la hostia.
Así, se decretó que el Santísimo Sacramento fuese sacado en procesión acompañado de oraciones y cantos, acción a la que luego se le incorporaron otros elementos, entre ellos, representaciones del “mal” en personajes considerados contrarios al catolicismo. De esta menera, el símbolo religioso caminaba de frente llevando la hostia consagrada que simbolizaba el Bien y repelía a personas vestidas de romanos, gitanos, tarascas y diablos que danzaban hacia atrás.
Allí comenzó todo y es por ello que aun existen poblaciones europeas con esta tradición, por ejemplo, en Cataluña, donde esta expresión tiene rasgos muy similares a las cofradías venezolanas.
Acto de resignificación y resistencia
Al llegar los colonizadores al Abya Yala trajeron sus costumbres, creencias y utilizaron la “Santa Palabra” para instaurar una sumisión religiosa en quienes esclavizaron.
Es por ello que la celebración de Corpus Christi se instauró en Venezuela con las mismas características que la tierra originaria de los españoles; claro, “el mal”, obviamente, no era representado por los colonos.
Es así como muchos esclavizados fueron obligados a vestirse como diablos, cubriendo sus rostros con máscaras hechas de las cortezas de los árboles, pieles o cabezas de animales. Su vestimenta, originalmente, no era de colores; hay que recordar que estas telas hasta mediados del siglo XIX eran exclusivas para personas con estatus, por los que el pueblo debía conformarse con telas ásperas como tonos naturales como gris, marrón y blanco crudo, más quienes eran esclavos que vestían (la mayoría de los casos) las ropas desechadas de sus patronos.

Por ello, los primeros danzantes de Corpus Christi en Nuestramérica vestían ropas teñidas con ungüentos vegetales que le daban otra tonalidad para diferenciar su indumentaria de otros días cotidianos.
Los esclavizados, tal como establecía la religión católica, danzaban con su atuendo y cubrían sus rostros en Corpus Christi para danzar. Delante de ellos, iban sus patronos con al Santísimo Sacramento. Se dice que, en algunas poblaciones, esta indumentaria se convirtió en una oportunidad para que los esclavos libertos se colaran en la danza y al no ser reconocidos pudiesen volver a sus pueblos para visitar y ver a sus familiares.
El tiempo fue pasando, nuevas generaciones nacieron con esta tradición que se repetía año tras año. La población resignificó esta la celebración y le agregó elementos de sus culturas originarias. Entonces el Corpus Christi dejó de pertenecer a los colonizadores para ser acogido por los originarios de estas tierras desde su cosmovisión.
Más que el Dios católica
Aunque algunas poblaciones como Yare (Miranda) tienen una fuerte influencia de la Iglesia Católica y su jerarquía eclesiástica, en muchas de las localidades en donde hoy se mantiene la tradición de los Diablos Danzantes esta celebración va más allá de sacerdotes y el ritual de la misa: es una conexión directa con esa energía superior que mueve el mundo.
Para los promeseros del Santísimo Sacramento del Altar esta manifestación es parte de su vida, de la fuerza que los mueve y los guía. No ven al presbítero como el único enlace entre Dios y ellos, ven la transustanciación como el acto en el que se reencuentran con lo divino y, para pagar sus culpas, agradecer por los favores recibidos y hacer sus peticiones directas, se visten de diablos como acto de rendición.
No cualquiera puede ser diablo danzante, para esto se requiere unos requisitos y una preparación. En la mayoría de las localidades solo danzan los hombres (solo en Naiguatá, Tinaquillo, Cuyagua y Yare se ha visto presencia de mujeres, pero en muy poca cantidad).
Ser promesero exige haber cumplido con el sacramento católico del Bautismo y la Primera Comunión, este último necesario porque es cuando aprenden todas las oraciones que deben repetir al momento de ser santiguados por el diablo de mayor jerarquía en la cofradía o como en Chuao (Aragua) por la madre espiritual
.En sus ropas incluyen estampitas de santos, crucifijos, amuletos que no solamente lo conectan a Dios, sino los protege de que el espíritu del Maligno, en represalia por burlarse de él, los tome como vehículo para hacer sus travesuras el día de Corpus cuando, según afirman, el diablo se zafa del pie de San Miguel y anda suelto..
Hay otros elementos que se incluyen para espantar al “Cachúo” y uno de ellos es el sonido y el baile. En esta tradición no se toca por tocar, por entretenimiento, cada instrumento de percusión, cada cascabel, campana, toque de cuatro tiene la intención de repeler lo malo que, dicen, no soporta estos sonidos.
Además, su marcha no es lineal, siempre danzan en cruz, aunque de acuerdo a la localidad se le agregan otros pasos coreográficos que han surgido con el pasar de los años y que también esconden un significado o capítulo de la historia. Cuando un danzante hace un movimiento diferente es un indicador de que se puede estar en presencia del Maligno.
Antes de salir a danzar, sea en la víspera o el propio jueves de Corpus, los danzantes se aíslan para hacer las oraciones de quienes son superiores espirituales. Este acto lo hacen en discreción y es un acto de introspección.
Al momento de la danza, generalmente son dirigidos por un diablo de mayor rango: capataz, diablo mayor o perrero, danzantes que tienen más tiempo en la cofradía y, en muchas ocasiones, tienen una vinculación familiar con los primeros promeseros.
Luego de honrar al Santísimo Sacramento, algunos ya ingresan al templo, otros escuchan la homilía rendidos en el piso frente a la iglesia. Luego siguen su marcha danzando y visitan altares dispuestos en sus poblaciones por personas que también pagan promesas. Visitan las casas de los diablos que ya partieron y de aquellos que no pueden danzar por problemas de salud.
En casi todas las poblaciones esta manifestación cultural culmina con un gran sancocho, una sopa de cruzado, que también es organizado por quienes pagan promesas, entre ellos comerciantes que donan productos para pedir abundancia en sus negocios.
Los Diablos Danzantes de Corpus Christi de Venezuela va mucho más allá de estas líneas aquí descritas. Es tradición oral, es percepción del mundo, son historias que durante siglos han quedado guardadas en poblaciones como Cuyagua, Cata, Ocumare de la Costa, Chuao, Turiamo, Yare, Tinaquillo, San Millán, Patanemo, San Rafael de Orituco y Naiguatá.
Presenciar una fiesta de Corpus Christi en alguna de estas poblaciones va mucho más allá de la contemplación, significa viajar en el tiempo y vivir una historia que se recrea año tras año en un fervor, una convicción que traspasa los cuestionamientos y razonamientos de los tiempos actuales. Una expresión que testifica que el mayor acto de fe no se encuentra en una religión sino en el profundo sentimiento de conectarse con lo divino para los buenos propósitos.
Es así como este jueves de Corpus Christi nuevamente se escuchará en diversas localidades venezolanas: “Capirote abajo, que llegó el Santísimo”, para reafirmar que aunque la realidad parezca decir lo contrario, el bien siempre triunfará sobre el mal.
Natchaieving Méndez

