
La guerra entre Estados Unidos e Irán, iniciada tras los ataques directos del pasado 28 de febrero, ha entrado en su fase más decisiva y contradictoria. Tras un fin de semana de intensas llamadas diplomáticas multilaterales, la Casa Blanca y el gobierno iraní confirmaron haber alcanzado un principio de acuerdo marco.
Sin embargo, la euforia inicial en los mercados globales se ha moderado drásticamente en las últimas horas debido a que ambas potencias reconocen que los desacuerdos estructurales siguen siendo «profundos» y que un documento final aún no está listo para firmarse.
El presidente estadounidense, Donald Trump, recurrió a sus plataformas el fin de semana para anunciar que un borrador de paz está «en gran medida negociado». El mandatario detalló que el pacto incluirá de forma prioritaria la reapertura del estratégico Estrecho de Ormuz, bloqueado desde el inicio del conflicto, y garantizará que Irán deseche por completo sus reservas de uranio enriquecido.
No obstante, en un marcado cambio de tono emitido este domingo y lunes, Trump enfrió las expectativas al declarar que ha instruído a su equipo negociador (encabezado por el Secretario de Estado, Marco Rubio) a «no apresurarse a firmar el trato».
Trump afirmó categóricamente que «el tiempo está de nuestro lado» y advirtió que el bloqueo naval estadounidense sobre los puertos de Irán se mantendrá «en máxima potencia» hasta que el acuerdo final sea certificado y firmado. También insistió en que solo aceptará un pacto donde EEUU obtenga «todo lo que quiere», manteniendo la opción militar latente (una probabilidad de «50/50» de volver a los ataques devastadores) si las conversaciones fracasan.
Desde Teherán, el ambiente oscila entre la cautela defensiva y la acusación. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baghaei, confirmó que se ha consolidado un borrador o Memorando de Entendimiento de 14 cláusulas que busca una «tendencia hacia un acercamiento». No obstante, desmintió categóricamente que la firma sea inminente. «Haber concluido una gran porción de los temas discutidos no significa necesariamente que vayamos a acordar en los asuntos de fondo», apuntó.
Diferencias
Por otro lado, el negociador jefe de la delegación y presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, adoptó una postura más dura al culpar a Washington de obstaculizar el proceso con «exigencias excesivas y cambiantes». Teherán exige de forma irrestricta que el plan de paz incluya el fin del bloqueo a sus puertos, el levantamiento total de las sanciones petroleras, la liberación de sus activos financieros congelados en el extranjero, y garantías de seguridad que abarquen otros frentes regionales, incluyendo el cese de hostilidades en el Líbano.
El sábado 23 de mayo, el presidente Trump mantuvo una multitudinaria e histórica conferencia telefónica desde la Oficina Oval con los principales líderes del mundo árabe y mediadores clave, incluyendo a los mandatarios de Arabia Saudita (MBS), los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Pakistán, Egipto, Turquía, Jordania y Bahrein. Paralelamente, habló con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Los puntos centrales y compromisos alcanzados en dicha cumbre telefónica fueron:
Los líderes respaldaron un esquema de tregua temporal prolongada (un alto al fuego de 60 días) para dar espacio a que los diplomáticos pulan los detalles técnicos a largo plazo.
Se acordó de manera unánime que el flujo comercial internacional debe restablecerse libre de peajes impuestos por Irán, lo que generó un alivio financiero inmediato, haciendo caer los precios globales del petróleo Brent a mínimos de un mes ($94 dólares el barril).
Se reveló que, durante la llamada, Trump presionó fuertemente a los líderes árabes y musulmanes exigiéndoles que, una vez finalizada la guerra con Irán, den el paso definitivo para normalizar sus relaciones diplomáticas con Israel e integrarse a los Acuerdos de Abraham.
Sí, hay un camino trazado, pero su consolidación pende de un hilo. Los analistas internacionales ven condiciones drásticamente distintas a crisis anteriores, lo que empuja a ambas naciones hacia una firma forzada, aunque sumamente frágil.
Asfixia económica en Irán
El bloqueo naval de EEUU tiene a la economía de la república islámica al borde del colapso logístico. El cansancio de la población civil iraní ante el estado de «ni guerra ni paz» ejerce presión interna hacia el gobierno.
Presión inflacionaria para Trump: El precio de la gasolina en EEUU ha subido un 51% desde que estalló la guerra, afectando la popularidad de la administración Trump de cara a las elecciones legislativas. Trump necesita reabrir el comercio global de energía.
El rol de Pakistán (cuyo jefe del ejército actuó como emisario en Teherán) y Qatar mantiene canales de comunicación fluidos que evitan la ruptura total del diálogo.

