
Bolivia vive uno de los momentos más delicados de los últimos años. Desde hace poco más de tres semanas, las principales carreteras del país permanecen bloqueadas, los mercados comienzan a vaciarse y miles de personas salen a las calles para exigir la renuncia del presidente boliviano, Rodrigo Paz.
El mandatario centroderechista, que apenas lleva seis meses en el poder, enfrenta una creciente ola de descontento social en medio de una profunda crisis económica marcada por la escasez de dólares, el aumento de la inflación y la falta de combustibles, alimentos y medicinas.
Lo que comenzó como protestas por el encarecimiento de la vida y la escasez de combustible terminó convirtiéndose en una movilización nacional mucho más amplia. Campesinos, obreros, maestros, mineros y transportistas han ido endureciendo sus reclamos hasta exigir abiertamente la salida de Paz.
Las protestas se extienden por distintas regiones del país, con bloqueos en más de medio centenar de carreteras que afectan especialmente a La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra.
Una capital cercada por la escasez
La Paz, sede administrativa del país, permanece prácticamente cercada por los bloqueos. Allí, los efectos de la crisis ya se sienten en la vida cotidiana. En los mercados faltan productos básicos, las filas frente a las gasolineras se prolongan durante horas y los hospitales empiezan a sufrir escasez de medicamentos.
“No sabemos hasta cuándo vamos a aguantar (…). No tenemos ni para comer a veces”, contó Marco Cuttila, un estudiante paceño afectado por el aumento de precios.
En una gasolinera de la ciudad, el conductor de minibús Javier Quispe esperaba desde hacía horas para conseguir combustible. “La paciencia se acabó”, afirmó, mientras anunciaba que se sumará a las protestas junto a su sindicato.
La falta de suministros obligó al Gobierno a organizar vuelos desde Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba para transportar carne y verduras hacia La Paz. Incluso el Departamento de Estado estadounidense anunció el envío de ayuda alimentaria de emergencia para aliviar la escasez.
Operativos policiales y carreteras bloqueadas
Mientras tanto, la tensión en las carreteras continúa aumentando.
El sábado, policías apoyados por militares lanzaron operativos para intentar despejar algunas de las rutas bloqueadas y permitir el ingreso de alimentos y combustibles hacia la capital política boliviana.
Desde primera hora de la mañana, excavadoras y maquinaria pesada comenzaron a retirar piedras, tierra y escombros colocados por los manifestantes en distintos puntos del país. Uno de los principales operativos se desarrolló en la carretera que conecta La Paz con Oruro, dentro de una operación bautizada como “Corredor Humanitario Bandera Blanca”.
Sin embargo, el intento de reabrir las vías derivó rápidamente en enfrentamientos.
En El Alto, ciudad vecina de La Paz, y en la carretera hacia Oruro, los manifestantes respondieron con piedras, hondas, petardos y cartuchos de dinamita.
Aunque algunos camiones lograron atravesar los bloqueos, varias zonas volvieron a quedar cerradas horas después, cuando los manifestantes retomaron el control de algunos puntos.
El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, encabezó uno de los operativos junto a unos 2.000 efectivos y aseguró haber sufrido una emboscada durante el recorrido.
Pero mientras las autoridades intentan contener la crisis, distintos sectores sociales y organizaciones civiles advierten sobre el riesgo de que la situación continúe deteriorándose.
La Defensoría del Pueblo, la Iglesia Católica y organizaciones de derechos humanos pidieron públicamente abrir un diálogo entre el Gobierno y los manifestantes para evitar una mayor escalada del conflicto.
T/TRT Español

