
Hala Farah es libanesa y madre de dos niñas. Desde hace un tiempo guarda fotografías y videos para preservar la memoria de su pueblo de origen, que como otros situados junto a la frontera sur, han sido completamente arrasados por el ejército israelí.
Los testimonios de vecinos y autoridades, así como las imágenes satelitales y las fotografías tomadas por reporteros de AFP a ambos lados de la frontera, documentan la destrucción de decenas de ciudades y pueblos del sur de Líbano, desde que arrancó el 2 de marzo la nueva guerra entre Israel y el movimiento proiraní Hezbolá.
Aquel día, Hezbolá empezó a lanzar proyectiles contra Israel en venganza por la ofensiva del Estado hebreo y Washington contra Irán, patrocinador de este grupo chiita.
En respuesta a esos ataques, Israel desplegó bombardeos masivos y lanzó una invasión terrestre en el sur, feudo histórico del partido-milicia Hezbolá.
Desde el 17 de abril rige un alto el fuego, pero la campaña israelí de destrucción y demolición en zonas del sur de Líbano se se ha intensificado, llevándose por delante viviendas, infraestructuras, escuelas, tierras agrícolas y lugares de culto.
El ejército israelí, que en algunos de estos casos emitió avisos de evacuación antes de bombardear, insiste en que el blanco de sus ataques es Hezbolá, y no la población civil.
Pero Farah, de 33 años, cuenta que en su pueblo, Yarun, a menos de un kilómetro de Israel, todo ha quedado destruido.
«Lo que queda son recuerdos y algunas fotos que mis vecinos y yo estamos tratando de conservar (…) para poder contar a nuestros hijos cómo era Yarun», dice a AFP.
«Tenía la esperanza de que mis hijas crecieran en la casa familiar», lamenta.
Yarun, un pueblo donde conviven cristianos y musulmanes, ya se encontró previamente en primera línea.
En imágenes satelitales que AFP consultó puede verse cómo buena parte del pueblo quedó destruida a inicios de 2025, en la anterior guerra entre Israel y Hezbolá, esta vez en el contexto del conflicto de Gaza. De la iglesia de San Jorge sólo sobrevivieron tres muros.
En otras imágenes de resolución más reducida, consultadas igualmente por AFP, se aprecia que lo que había quedado en pie está ahora arrasado.
Imposibilitadas de regresar al sur por las hostilidades, algunas familias desplazadas comparten el coste de la compra de imágenes satelitales -por unos 140 dólares-, a fin de tener una idea de en qué han quedado sus pueblos.
T | AFP

