La edición número 61 de la Bienal Internacional de Arte de Venecia se inauguró este sábado 9 de mayo. La kermesse abrió sus puertas en un clima de presión política que convirtió el último día de preapertura en un escenario de protestas por la presencia de Rusia e Israel.

La Bienal permanecerá abierta al público hasta finales de noviembre de 2026, inició con una polémica qué refleja las actuales desavenencias mundiales entre los conflictos en curso y las reivindicaciones sociales. Unas dos mil personas se congregaron ayer por la tarde a lo largo de Via Garibaldi para participar en lo que se describió como la primera huelga de trabajadores en la historia de la Bienal convocada por numerosos sindicatos y colectivos.

La procesión se dirigió hacia el Arsenale para protestar por la presencia del pabellón israelí, que los manifestantes apodaron «pabellón del genocidio» en referencia a las operaciones militares en curso en Gaza. Se produjeron momentos críticos a la altura del Campo della Tana, donde la unidad de respuesta rápida de la policía entró en contacto con los manifestantes, que intentaban abrirse paso a través de los bloques de seguridad para llegar a los recintos feriales blindados.

La reapertura temporal del pabellón de Rusia añadió un nuevo nivel de complejidad institucional después de que el colectivo Pussy Riot protagonizara en los últimos días acciones disruptivas de alto contenido simbólico. En este sentido, la Unión Europea reaccionó con firmeza a la reapertura, amenazando una vez más con retirar la financiación del evento si se utilizaba el escaparate cultural veneciano para legitimar las posiciones del Kremlin.

Tras días de discusiones, la Bienal informó de que el pabellón permanecerá cerrado mientras dure la kermesse y sólo será posible asomarse a las obras a través de las ventanas. Esta presión financiera de Bruselas pone en riesgo los presupuestos de la kermesse, ya que la Comisión exige coherencia entre la gestión de la exposición y las sanciones internacionales vigentes contra Moscú por la invasión de Ucrania.

El impacto de la huelga fue visible a través del cierre de una veintena de pabellones nacionales que optaron por suspender sus actividades en solidaridad con la protesta antiisraelí.Entre Entre las naciones que se sumaron al cierre total o parcial del viernes figuran Austria, Bélgica, España, Reino Unido y Turquía, así como países como Finlandia e Irlanda, que dejaron sus puertas cerradas durante las calurosas horas de la movilización.

T/Con información EN