
Desde la sede de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Yván Gil, denunció que la postura de Guyana en el litigio por el Esequibo no solo es jurídicamente infundada, sino que representa una manipulación de los hechos históricos.
Al cierre del primer día de audiencias, Gil criticó la estrategia de Georgetown, señalando que el gobierno guyanés pretende valerse de tecnicismos para «revivir» el Laudo Arbitral de 1899, un fallo que Venezuela considera nulo por ser producto de una componenda fraudulenta. Según el diplomático, esta maniobra busca evitar a toda costa la única vía legal legítima: el retorno a las negociaciones directas.
«Venezuela acude a esta cita para ratificar la incompetencia de la Corte. Nuestra presencia aquí no significa, bajo ningún concepto, que reconozcamos su jurisdicción para decidir sobre nuestra integridad territorial», aclaró el Canciller.
La defensa venezolana sostiene que los derechos del país son herencia directa de la Capitanía General. En este sentido, Gil recordó piezas clave de la evidencia histórica, como el Memorándum de Severo Mallet-Prevost, el cual documenta las irregularidades y presiones políticas que viciaron el proceso a finales del siglo XIX.
Para la delegación nacional, el Acuerdo de Ginebra de 1966 es el único norte jurídico posible. Este tratado internacional obliga a ambas partes a buscar una solución amistosa y mutuamente satisfactoria, dejando sin efecto cualquier pretensión de validar el arbitraje de París.
Venezuela tomará la palabra formalmente el próximo miércoles. La presentación estará liderada por un equipo multidisciplinario de juristas y académicos, quienes se encargarán de:
- Demostrar la vigencia plena del Acuerdo de Ginebra.
- Exponer la ilegalidad de la demanda unilateral de Guyana.
- Presentar los títulos que certifican la soberanía venezolana.
Gil concluyó con un mensaje contundente, «más allá de lo que ocurra en el tribunal, el camino hacia la resolución de esta controversia termina necesariamente en una mesa de diálogo, respetando siempre el espíritu de consenso que rige la normativa internacional».
T/Narkys Blanco

