La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) publicó un informe contundente titulado El agua como arma: la destrucción y privación de agua y saneamiento por parte de Israel en Gaza. En el documento, la Organización no Gubernamental (ONG) denunció que la Administración israelí utiliza la negación deliberada del recurso hídrico como una herramienta central del genocidio en curso.

El reporte detalla que el asedio hídrico no constituye un hecho aislado, sino que forma parte de un patrón sistemático de castigo colectivo que busca imponer condiciones de vida inhumanas a los más de dos millones de habitantes de la Franja de Gaza.

Las cifras son devastadoras, casi el 90 por ciento de las plantas desalinizadoras, pozos y tuberías fueron dañados o inutilizados.

Además, la organización denunció que el ejército israelí ataca de forma directa a civiles y trabajadores humanitarios durante las jornadas de distribución, convirtiendo un acto de supervivencia básica en una actividad de alto riesgo mortal.

“Mi nieto fue a buscar agua potable en julio de 2025. Estaba haciendo fila con otros niños y las fuerzas israelíes lo mataron. Tenía diez años. Se supone que obtener agua no es peligroso.” aseveró una de las abuelas palestinas.

El informe también destaca el impacto sanitario derivado del hacinamiento y la falta de higiene.A pesar de que MSF se convirtió en el mayor productor de agua no gubernamental, distribuyendo más de 4,7 millones de litros diarios para enero de 2026, la oferta es insuficiente.

La población se ve forzada a priorizar el consumo humano sobre la higiene básica y la cocina, recurriendo frecuentemente a fuentes salinas o contaminadas.

El informe destacó que el precio del agua de proveedores privados aumentó un 500 por ciento volviéndola inaccesible para una población que perdió sus medios de subsistencia bajo el bloqueo.

Además, el sistema de saneamiento colapsó totalmente, debido a la privación de insumos básicos como cloro, jabón y combustible para los generadores de agua siendo una política constante de la Administración israelí.

En ese aspecto el régimen rechaza sistemáticamente un tercio de las solicitudes de ayuda humanitaria para estos fines, obligando a las familias desplazadas a cavar letrinas improvisadas (baños) dentro de sus tiendas de campaña.

Estas fosas a menudo situadas cerca de pozos de agua, contaminan las capas freáticas (subterráneas) y se desbordan con las lluvias invernales, esparciendo desechos fecales en las zonas de refugio.

La acumulación de residuos sólidos y la falta de artículos de higiene personal o productos menstruales dispararon los casos de enfermedades pues casi una de cada cuatro personas encuestadas en 2025 sufrió cuadros diarreicos, lo que representa a una cuarta parte de la población principalmente a niños menores de 15 años y mujeres embarazadas.

Las mujeres se ven obligadas a usar trozos de tela o camisetas viejas ante la escasez de compresas, lo que deriva en infecciones urinarias y una profunda pérdida del sentido de la dignidad y privacidad.

Asimismo, la falta de agua limpia impide una higiene posnatal adecuada, provocando infecciones en cesáreas y dificultades extremas para la lactancia.Además la sarna, piojos y heridas infectadas representaron el 18 por ciento de las consultas médicas de MSF del mismo año debido al hacinamiento y la falta de agua para el lavado.

Pese a las restricciones extremas, la organización médica logró distribuir más de 100 millones de litros de agua en marzo de 2026, cubriendo las necesidades mínimas de una quinta parte de la población.

Sin embargo, la organización advierte que el esfuerzo humanitario es insuficiente ante la magnitud del asedio en ese sentido, insta a la comunidad internacional y a los aliados de Israel a ejercer presión real para que se restablezca el suministro en los niveles requeridos y se detenga la instrumentalización del agua como instrumento de muerte y degradación humana.

Este informe exhaustivo está basado en datos recopilados entre 2024 y 2026, comprueba que la crisis de agua, saneamiento e higiene (WASH) en la Franja de Gaza es una escasez diseñada artificialmente por las autoridades israelíes.

La investigación concluye que la privación de estos servicios vitales es el resultado de políticas deliberadas que imponen condiciones de vida inhumanas a los 2,1 millones de residentes, constituyendo un método de muerte por desgaste.Las órdenes de desplazamiento impiden a los técnicos humanitarios acceder al 58 por ciento del territorio, forzando el cierre de plantas potabilizadoras.

Desde inicios de 2026 las autoridades israelíes denegaron sistemáticamente la entrada de bombas, cloro, unidades desalinizadoras y combustible, utilizando la ayuda humanitaria como un grifo que se cierra para castigar a la población civil.En ese sentido, la organización exigió el restablecimiento inmediato del suministro y permitir el acceso de ayuda humanitaria sin restricciones para evitar una catástrofe sanitaria mayor.

El informe reiteró el llamado a la comunidad internacional para presionar por el cumplimiento de las normas del derecho internacional y detener las violaciones sistemáticas contra la población civil.MSF enfatizó que el acceso al agua es un derecho humano fundamental que no puede ser utilizado como herramienta de guerra.

La situación en Gaza continúa empeorando mientras la infraestructura crítica permanece bajo asedio, dejando a cientos de miles de personas en un entorno de vulnerabilidad extrema.

T|TELESUR