
La mina de litio de Mount Holland, situada en Australia Occidental, cesó sus operaciones tras un grave incendio que afectó sus instalaciones. El fuego, intensificado por el calor extremo y las fuertes ráfagas de viento en la zona cercana a Southern Cross, forzó la evacuación inmediata del personal y puso en pausa un proyecto estratégico para la cadena de suministro de minerales críticos.
Este complejo minero, propiedad de Covalent Lithium, Wesfarmers y SQM, constituye una pieza clave para diversificar la producción mundial y reducir la dependencia respecto a China. Con una proyección operativa superior a los cincuenta años, el centro destaca como un pilar fundamental en la fabricación de componentes para semiconductores y sistemas de almacenamiento energético de alta capacidad.
La planta posee una capacidad estimada de 380 mil toneladas anuales de concentrado de espodumeno, volumen suficiente para obtener 50 mil toneladas de hidróxido de litio, destinadas al sector automotriz. Esta cifra equivale al suministro necesario para equipar cerca de un millón de vehículos eléctricos, por lo cual cualquier interrupción prolongada impacta directamente en las expectativas de manufactura de dicho mercado.
Ante una demanda global de litio, proyectada a multiplicarse por cuarenta para el año 2035, el accidente expone la fragilidad de las rutas logísticas y extractivas internacionales. Las autoridades y las empresas responsables analizan los daños, mientras la industria observa con preocupación cómo este evento altera el equilibrio en la transición hacia la movilidad sostenible.
T| Sputnik

