Nadie en un siglo lo abrió hasta que Bill McFarland, de 76 años, un profesor retirado y bisnieto de un proyeccionista en Pensilvania descubrió que tenía viejas películas que parecían «bastante buenas para ir a la basura. No tenía idea de lo que eran o como proyectarlas«, relata.

En un principio las ofreció a un museo, después intentó venderlas a un anticuario que rechazó la compra por el peligro que tienen estas cintas viejas, con una alta cantidad de nitrato, altamente inflamables. McFarland las llevó al Centro Nacional de Conservación Audiovisual de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en Culpeper, en el estado de Virginia.

Entre los rollos de cintas sin sonido se encontraba perdida una pieza de 45 segundos de Georges Méliès, el pionero del cine en Francia, titulada «Gugusse y el autómata».

¿Cuándo fue filmada?

La cinta fue filmada en 1897, dos años después de que los hermanos Lumière organizaran la primera exhibición cinematográfica en París, a la que asistió Méliès, que después sería conocido por crear los primeros efectos especiales en el cine.

Cinco años más tarde, en 1902, Méliès filma «El viaje a la Luna«, considerada como una de las primeras cintas de ciencia ficción. Su última película fue en 1913, antes de caer en el olvido y de convertirse en vendedor de juguetes en París, y cuando la meca del cine ya no era Europa sino Estados Unidos.

Méliès fue uno de «los primeros cineastas«, explica George Willeman, a cargo de la sección de películas con base en nitrato de la Biblioteca del Congreso. Según él, la cinta encontrada por McFarland es quizá una copia de tercera generación de la original.

Las películas de Méliès fueron copiadas lo que convirtió al director en «uno de los primeros cineastas enfrentados a la piratería«, según Willeman. Méliès también habría destruido un centenar de negativos, cuya película fundida habría servido para fabricar botas durante la Primera Guerra Mundial.

En ella, Méliès interpreta a un mago que acciona la manivela de un autómata que lo golpea en la cabeza con un bastón, este último le responde con martillazos mientras el autómata se encoge y luego desaparece. «Esos planos son de una gran precisión para un filme tan antiguo, y las bromas son atemporales«, dice Jason Evans Groth, curador de imágenes animadas de la Biblioteca del Congreso.

T/Agencias