
El buque nuclear USS Nimitz arribó en aguas territoriales ecuatorianas, acción que desafía el mandato expresado por la ciudadanía en el plebiscito de noviembre de 2025.
Pese a que el 61% de los electores prohibió el alojamiento de fuerzas militares foráneas, la base aérea flotante inició esta semana las maniobras navales Southern Seas 2026.
Esta operación, que moviliza a 5.000 efectivos estadounidenses, marca el comienzo de una agenda de entrenamiento conjunto que contradice la postura mayoritaria sobre la soberanía ecuatoriana, la cual radica en la voluntad del pueblo.
El ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo, y la canciller, Gabriela Sommerfeld, supervisaron las capacidades operativas de la embarcación junto a delegados diplomáticos de Washington.
Loffredo informó que el personal naval ecuatoriano participará en jornadas de interoperabilidad para fortalecer el control de rutas ilícitas y combatir el narcotráfico en el Pacífico.
Según el titular de la cartera la presencia de esta unidad estratégica reconoce el liderazgo regional de la nación, aun cuando la misión estadounidense aclaró que sus funciones se limitan estrictamente a ejercicios internacionales.
El presidente Daniel Noboa ratificó su voluntad de recibir apoyo extranjero para enfrentar la crisis de violencia que afecta a las provincias del país.
En una entrevista, el mandatario argumentó que el despliegue de destacamentos foráneos podría ejecutarse bajo el control de las fuerzas locales para intentar preservar el orden sin vulnerar la soberanía.
Sin embargo, esta política gubernamental genera un profundo debate constitucional al ignorar el rechazo masivo de la población hacia la instalación de bases de operaciones externas en suelo patrio.
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