
El Mind es un patrón alimentario que combina ingredientes de la dieta mediterránea y la dieta DASH, conocido así por sus siglas y significado en inglés (Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay, que significa Estudio de intervención mediterránea-DASH para el retraso), la cual prioriza el consumo de verduras de hoja verde, bayas, frutos secos, cereales integrales, pescado, aceite de oliva y aves, y limita el de manteca, quesos, carnes rojas, dulces y frituras.
Científicos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Boston, junto con colegas de otras instituciones de los Estados Unidos, Reino Unido y China descubrieron que seguir este patrón alimenticio, durante más de diez años se asocia con una pérdida más lenta de materia gris y una expansión ventricular menor en el cerebro.
Es la primera vez que se observa este efecto protector en cambios cerebrales estructurales a largo plazo, según la investigación que publicaron en la revista Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry. El hallazgo sugiere que las decisiones cotidianas sobre los alimentos que llegan al plato pueden influir en la salud cerebral y en la memoria a lo largo de los años.
El estudio
La dieta Mind fue creada por la investigadora Martha Clare Morris, su desarrollo tiene el objetivo de proteger la salud cerebral y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas. Los investigadores se centraron en el impacto de la dieta sobre la materia gris y los ventrículos, que son cavidades llenas de líquido cefalorraquídeo.

La materia gris es esencial para la memoria y el pensamiento y suele disminuir con el envejecimiento. Los ventrículos tienden a expandirse cuando se pierde tejido cerebral. Es por ello que el quipo ajustó el análisis y consideró edad, nivel educativo, actividad física y enfermedades crónicas.
Los resultados mostraron que cada tres puntos más en la dieta Mind se asociaron con una pérdida más lenta de materia gris, lo que equivale a un 20% menos de deterioro por la edad y dos años y medio más de cerebro joven. Además, este puntaje se relacionó con una expansión más lenta de los ventrículos cerebrales, equivalente a un 8% menos de pérdida de tejido y un año de envejecimiento cerebral retrasado.
Entre los alimentos que más beneficio dieron se destacaron las bayas y las aves, asociadas con menor agrandamiento de los ventrículos y menor pérdida de materia gris. Mientras que, quienes consumían más dulces y frituras mostraron más atrofia cerebral y ventrículos agrandados.
Vale destacar que el efecto positivo de la dieta, fue más notorio en personas mayores, con peso saludable y que hacían actividad física. El estudio también comprobó que los resultados se mantuvieron en distintos subgrupos. Las asociaciones entre dieta y salud cerebral fueron más fuertes en quienes tenían más riesgo de atrofia.
T/Agencias

