Natchaieving Méndez

Vuelve la película el Joker y con ella se abre una nueva ventana hacia la comprensión de los mundos internos del ser humano. El primer tráiler es revelador, no solo por la aparición de la compañera (Harley Quinn) del mítico “villano” de comic; un diálogo nos da una gran pista de la justificación del nombre de esta secuela: “Dinos ¿qué cambió Arthur”. “Le diré lo que cambió: ya no estoy solo”.

Incomprensión social

Cuando Bill Finger, Bob Kane y Jerry Robinson crearon en 1940 al Joker, también conocido como el Guasón, no descubrieron qué había convertido en criminal al astuto y peligroso adversario de Batman. Quienes crecimos con esa primera versión, solo conocimos a un villano que, si bien no tenía habilidades sobrehumanas, era inteligente y creativo con el uso de armas como las cartas con navajas y las cajas sorpresas que explotaban.

Los años pasaron, nuevas versiones aparecieron y llegamos al nuevo milenio, específicamente, al 2019. El existencialismo propio de la época muestra la justificación del comportamiento del legendario antagonista: afectación pseudobulbar (PBA). Aunque esta condición no se encuentra en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) es conocida como un estado neurológico en el que los episodios de risa o llanto repentino no pueden ser controlados y muchas veces no tienen un detonante.

Tal como en la película y en diversas lecturas se explica*na persona que tiene esta condición puede adquirirla bien por una enfermedad neurológica previa (esclerosis múltiple, Parkinson, accidente cerebrovascular) o una experiencia traumática. En el caso que nos ocupa, la última opción es la causante del desequilibrio del personaje Arthur Fleck, un individuo común que entre la psicosis y la esquizofrenia debe lidiar con estos impulsos en una sociedad que no lo comprende, lo hostiga y lo abandona en la lucha por mantener en equilibrio su salud mental.

Este panorama creado por el cineasta Todd Phillips no es ajeno a lo cotidiano. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (2022), más del 50 % de las personas con trastornos mentales han experimentado discriminación en algún momento de sus vidas. Esta exclusión puede manifestarse en diversas áreas como el empleo, la educación y el acceso a servicios de salud, y tal como en la película puede ser detonante para trastornos más complejos y nocivos para la misma sociedad.

No se trata de una justificación de la violencia; de hecho, sería un grave error vincular condiciones o enfermedades mentales con actos antisociales. Lo que si se devela es la incomprensión de la sociedad y su incapacidad para dar respuesta oportuna a quienes viven un caos interno y que diariamente lidian con un huracán que pueden apenas controlar con sus pocos recursos, desde la mirada convenientemente ciega del entorno.

La Folie à Deux

La incomprensión social y las batallas internas del ser humano que trata de encajar en un esquema externamente establecido son, quizás, la razón por la que muchos manifiestan empatizar con el Joker de Phillips. En esta segunda parte, el tráiler pone sobre la mesa la carta de la soledad como un ingrediente que resalta en las acciones de este villano, y que tal como ocurrió con la película anterior, puede ser el espejo de muchos padecimientos de quienes lo espectan.

El personaje Arthur Fleck se nos presenta como un hombre solo y abandonado, cuyo único enlace y aceptación con lo externo fue su madre. Descubrir el engaño de esta última fue la gota de rebosó una vida de aislamiento. La atención y el amor que puede demostrarse con un simple saludo es tan vital para el ser humano como el agua; quien tiene sed puede ver en un charco de agua sucia el motivo para seguir viviendo, así es la atención y el afecto.

Cuando Fleck, convertido en Joker, comienza a recibir entonces la aceptación (amor y atención) del entorno, se hace visible al mundo, su vida cobra sentido y por ello deja fluir su sombra. Este último término, de acuerdo al médico psiquiatra Carl Jung, son los impulsos adversos a los patrones sociales que toda persona guarda en su interior y que al aceptarlo y sacar a la luz puede sanar. Todo ser humano posee esto y por ello mostrar a un villano tan humano y vulnerable, con los mismos padecimientos de cualquier individuo, pudo ser la causa del éxito de esta película.

Es así como en una sociedad de incomprensiones, la compañía es un tesoro difícil de encontrar. De allí que no es difícil inferir, sin ver la parte dos de la película, que la aparición de Harley Quinn viene a mover nuevamente el mundo interno del Joker, quien recluido en un sanatorio espera juicio por los crímenes cometidos. Se presenta entonces un trastorno psicológico conocido como “folie à deux” o «locura de dos», que se caracteriza por la transmisión de síntomas psicóticos, especialmente delirios, entre dos o más individuos cercanos como parejas, hermanos o amigos íntimos

A principios de 1920, los franceses Charles Lasègue y Jean-Pierre Falret fueron los primeros que definieron esta condición a la que también se le denomina “trastorno psicótico compartido” y consiste en la influencia de una persona sobre la otra. De acuerdo con diversas lecturas sobre este trastorno, la falta de contacto con la realidad externa y la dependencia emocional puede llevar a que un individuo desilusionado por la vida influya o “contagie” a otro más susceptible o dependiente. Ambos entonces padecen, sienten, realizan las mismas acciones.

Al respecto, el portal web Psicología y mente, destaca que aunque en las clasificaciones anteriores de enfermedades mentales (CIE-10 y DSM-IV-TR) el Folie à Deux se consideraba un tipo de trastorno psicótico, en la versión más reciente (DSM-5) ya no se clasifica de manera específica

Un ejemplo conocido sobre el trastorno de locura compartida, lo protagonizaron Christine y Léa Papin en 1933, en el poblado de Le Mans-Francia, donde asesinaron a una madre y a una hija para quienes trabajaban como personal doméstico. Ambas hermanas compartían una visión distorsionada de su realidad y desarrollaron una relación que culminó en este crimen sangriento. En los relatos se comenta que un psiquiatra que estuvo en el juicio, explicó que las acciones criminales habían sido producto de un trastorno contagiado de la madre a la hermana mayor y de esta última a su compañera Léa.

Otro caso referido al tema que se encuentra en la web ocurrió en la autopista M6 del Reino Unido en 2008, cuando las gemelas Úrsula y Sabina Eriksson intentaron suicidarse cruzando esta arteria vial. Ante su actitud extraña, personas cercanas al lugar alertaron a los agentes de seguridad quienes las detuvieron para impedir que las hermanas lograran su objetivo. Las mujeres acusaron a los funcionarios y paramédicos de tener intenciones de robarles los órganos y, en un descuido, lograron cruzar la carretera siendo atropelladas por vehículos.

Úrsula sufrió múltiples fracturas al ser arrollada por un camión, mientras que Sabina, tras ser golpeada por un coche, se recuperó rápidamente. Sin embargo, esta última, en búsqueda de su hermana y luego de pasar una noche en el calabozo por agredir a los agentes, asesinó a un hombre e intentó suicidarse nuevamente y fue condenada a cinco años de prisión.

No, no es un spoiler, pero ciertamente son interrogantes que aumentan la expectativa y nos ofrece un panorama de lo que puede tratar el Joker 2, la folie à deux. El tratamiento indicado en estos casos va desde la terapia familiar hasta la separación de los individuos afectados para interrumpir la influencia mutua de los delirios. Entonces ya podemos predecir algunos hechos que pudiesen ocurrir en la “historia de amor” del Arthur Fleck y Harly Quinn.

Lo cierto es que tanto de la primera como las expectativas de la segunda es la necesidad de concienciar a la sociedad a prestar su ayuda e comprender el caos que viven las persona con algún trastorno mental. La prevención, atención y solidaridad pueden ser la clave para que la ficción no traspase los límites de la realidad.