Desde el 20 de enero de 2025, momento en el que Donald Trump asumió el mandato, su línea ha sido clara: antiinmigración, guerra arancelaria, injerencia en conflictos internos de otros países y recuperación de los principales recursos energéticos. Centrémonos en los dos aspectos últimos, aunque todos se complementan.

Para nadie es un secreto que luego del avance del dominio estadounidense fuera de sus fronteras logrado durante la Guerra Fría, su poder e influencia entró en un franco desgaste. Las naciones del mundo se cansaron de subyugarse a las exigencias del “hermano mayor” que crecía mientras sus economías se mantenían en declive.

El tan vendido “Sueño Americano” era insostenible dentro de los países que aún tienen un conflicto de identidad no resuelto gracias a la irrupción del proceso evolutivo de sociedad ocurrido a partir de 1492. Aún más, el ideal se convirtió en una pesadilla dentro su creador que recibió a millones de migrantes que partieron a tierras estadounidenses para alcanzarla películas les vendieron a través de la Industria Cultural.

La hegemonía de Washington se erosionó tras décadas de intervencionismo. Su fracaso imperial con la pérdida en Vietnam, el escándalo Watergate y la crisis del dólar de los 70, la llegada de gobiernos progresistas a América Latina socavó una influencia en los países latinoamericanos que se forjó con financiamiento armamentístico y lavado de cabeza a través de la guerra cultural.

Entonces las naciones buscaron otras alternativas. Luego de la Segunda Guerra Mundial, pese a los millones de bajas que produjo este conflicto, China y Rusia levantaron sus economías lejos de la sombra estadounidense y ofrecieron luego a los países subyugados por la bota de Tío Sam, alternativas más rentables y equitativas que no habían podido ver bajo el hechizo del Sueño Americano.

Además, los proyectos de integración regional impulsados por EEUU, como el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y organismos tradicionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), se fracturaron ante el surgimiento de bloques con agendas soberanas como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Un paso importante también fue la consolidación del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), todas estas instancias debilitaron los mecanismos de la Doctrina Monroe y permitieron que las naciones latinoamericanas diversificaran sus alianzas y desafiaran la histórica hegemonía estadounidense en el hemisferio.

Sin embargo, la guinda de la torta y lo que hizo estallar la arremetida de Trump desde su llegada al poder fue la conformación de los BRICS+ pues es la consolidación de un mundo multipolar. El dólar pierde su predominancia en las transacciones, Moscú y Pekín avanzan en convenios con países del Sur: la Casa Blanca encendió las alarmas.

Por eso no es casualidad que la actual Administración estadounidense desde su llegada haya realizado diversas giras por los países de América Latina y el Caribe para frenar el avance, especialmente de Moscú y Pekín, en el continente. Esto, además de consolidar su influencia con los nuevos presidentes ultraconservadores alineados a la política de Washington.

Venezuela: ¿un paso para frenar a China y a Rusia?

“Venezuela está completamente rodeada por la Armada más grande jamás reunida en la historia de Sudamérica. Esta solo crecerá, y la conmoción para ellos será como nunca antes la han visto, hasta que devuelvan a Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron previamente (…)”, fue parte del mensaje que el mandatario estadounidense publicó en su red Truth Social, en el contexto del despliegue de sus fuerzas militares en el Caribe bajo la excusa de la lucha en contra del narcotráfico.

Luego, el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, ratificó esta postura al decir que la nacionalización del petróleo por parte de Venezuela fue “el mayor robo” a Estados Unidos en su historia. “El sudor, el ingenio y el trabajo estadounidenses crearon la industria petrolera en Venezuela. Su expropiación tiránica fue el mayor robo registrado de riqueza y de propiedad estadounidense”, escribió. (Suspiro), vamos por parte y qué tiene que ver con China y Rusia como lo enuncia el subtítulo de esta parte. Trataré de simplificar.

Según los venezolanos con el dominó a la espera de los marines y toda la flota cibernética internacional, estas acciones de Estados Unidos son “a favor de la democracia venezolana” y “en contra de Maduro”; no obstante, las declaraciones de los dos párrafos anteriores hacen énfasis en un “supuesto robo” que se concretó en 1976 con la nacionalización del petróleo. ¿Estará pensando entonces los EEUU en acusar también a Carlos Andrés Pérez (⁺) que fue quien estaba en el poder cuando se concretó esta nacionalización?

La explicación es sencilla. Si bien se declaró el petróleo extraído en tierras venezolanas, como propiedad del país, había un proceso de “privatización encubierta” que estaba bajo la máscara de la apertura petrolera.

Pérez creó PDVSA para que Venezuela tomara el control estatal sobre el petróleo, pero dejó ventanas abiertas que permitían contratos que beneficiaban a las empresas extranjeras en desmejora de la economía nacional. En los años 90, bajo la lógica del libre mercado, las contratistas estadounidenses y las internacionales pasaron de pagar un 1 % de las regalías (frente al 16 % que era poco y estaba establecido) y se apropiaron de la mayoría de las ganancias. Esto dejó a la Estatal venezolana casi como una isla que casi no aportaba ni rendía cuentas al país. Una entrega de la soberanía de los recursos del país a Washington especialmente.

En 2001 esto cambió. El presidente Hugo Chávez promueve la Ley Orgánica de Hidrocarburos y elevó las regalías del 1% al 30% y obligó a que PDVSA tuviera al menos 51% de las acciones de cualquier asociación. Si usted me presta el patio de su casa que ha heredado de sus ancestros para que yo siembre en él porque poseo la tecnología, entonces ¿puedo pagarle solo un 1% de los productos que extraiga y además decir que esa tierra es mía solo porque la trabajé pues usted no tenía los instrumentos para ello?

Como consecuencia a las acciones del Gobierno Bolivariano, EEUU perdió el control directo sobre la fijación de precios y la rentabilidad de sus empresas en suelo venezolano, lo que transformó la relación de socio comercial sumiso en una de confrontación geopolítica que persiste hasta hoy. ¿Ahora me entiende “amigo del dominó” que no es por ninguna democracia y narcotráfico? ¿Qué pito toca China y Rusia en este asunto, me pregunta?

Buques fantasmas: ¿ilegalidad para burlar la ilegalidad?

Tras las sanciones impuestas por Donald Trump en 2017, para nadie es un secreto que la situación interna de Venezuela se encareció dramáticamente por la falta de ingresos del principal producto que sostiene la economía venezolana. Al igual que a Rusia, sancionado por el conflicto con Ucrania, las medidas de la Casa Blanca buscan someter a los gobiernos a ceder a los intereses del “hermano mayor”.

Toda esta presión además contó con la ayuda de una parte de la población conformada por los herederos de quienes se beneficiaban del convenio de la “apertura petrolera” y otros que no emigraron y estaban desesperados, razonablemente, por la escasez y la guerra cognitiva a través de las redes.

Como Rusia, Venezuela incursiona en el uso de los llamados “buques fantasmas”, una estrategia que explica la periodista y analista Inna Afinogenova, es utilizada por los países sancionados para mantener su comercio exterior.

Afinogenova asegura que el principal destino del petróleo sancionado es China, primer país importador de petróleo por la demanda de su industria que, vale mencionar, ha acaparado el sistema económico estadounidense por su rentabilidad, lo cual tiene bastante enojado al inquilino de la Casa Blanca, pero eso es harina de otro costal, sigamos en lo nuestro. Lo cierto es que además de la nación asiática también participan Turquía, Singapur y Emiratos Árabes Unidos (EAU).

De acuerdo con la periodista, algunos de estos países tienen solo el rol de ser eslabón intermedio para “cubrir” el origen del petróleo y revenderlo a otros países europeos que, si bien saben de dónde proviene el producto, se hacen “la vista gorda” y compran su petróleo más económico que en los mercados “legales”.

“La flota fantasma es un eslabón intermedio para realizar esta triangulación y escapar de los radares (…) Carga petróleo en un puerto de Rusia, por ejemplo, y se dirige hacia alta mar. Allí se cruza con otro barco petrolero que no estuvo en puertos rusos y realiza el traspaso en alta mar para dificultar la detección (…) Suelen desactivar las señales que emiten los barcos y que permiten detectar su ubicación. Otra variante que utilizan es que el barco cuenta con un dispositivo que le permite emitir una señal que falsifica su ubicación real, una suerte de VPN para petroleros”, explica la comunicadora rusa.

Este barco llevará el petróleo a los EAU que no está sancionado, este lo exporta a Arabia Saudita que lo consume y también el propio (libre de restricciones) a Europa. “Como su propio petróleo tiene (un precio más alto en el mercado internacional, las dos petromonarquías embolsan una diferencia extra por su intermediación”, comenta la periodista. ¿Será esta la razón del silencio de Europa frente a la incautación del buque petrolero de EE. UU en días pasados y su afirmación sobre Venezuela?

La ilegalidad de estas flotas está en que operan sin seguro, pues estos podrían ser emitidos por empresas que tienen vinculación con EEUU y ser sancionadas. Por eso estos barcos tocan puertos de países sancionados y luego en altamar pasan su cargamento a otros que si tienen papeles en regla para operar en otros puertos. El fin es eludir las sanciones impuestas desde la Casa Blanca, por eso cambian de nombre varias veces, asumen banderas de distintas naciones o toman la designación de otro buque que está a punto de ser inutilizado.

Son muchos los barcos fantasmas que operan en el mundo según la empresa Windward dedicada al análisis marítimo y esto aumentó desde el inicio de la guerra en Ucrania. Entonces, además de los tantos convenios con Rusia y China que han permitido diversificar la economía venezolana, todo esto explica que además de retomar las regalías que le ofrecían otros gobiernos a Estados Unidos, la intención es frenar el avance de estos dos gigantes, pues las mayores reservas petroleras del mundo las tiene Venezuela.

Los gobiernos que han dirigido los Estados Unidos durante años han emprendido sanciones, bloqueos y otras acciones sobre diferentes naciones para quitarles sus recursos. Se apoderó de las reservas de oro del Banco de Libia, robó la empresa CIDGO a Venezuela (una de las principales fuentes de ingreso del país), ha bloqueado las reservas del Estado ruso dentro del sistema financiero, ha impuesto regímenes arancelarios asfixiantes, en fin, una línea de unilateralismo que nada tiene que ver con la estabilidad de los pueblos, querido “amigo del dominó”.

Los barcos fantasmas se convierten en una opción para saltar este unilateralismo impuesto por décadas y dirigir la soberanía de los ingresos y establecer relaciones comerciales de forma independiente con cualquier país del mundo, sin la aprobación del “hermano mayor”.

La Doctrina Monroe nació en 1823 para defender a América Latina del colonialismo europeo. Dos siglos después, se reinventa para defender los intereses estadounidenses del siglo XXI. El método cambia, la intención persiste. Pero esta vez, Venezuela no está sola, tiene aliados, tiene ingenio, tiene barcos que nadie ve, y sobre todo, tiene la historia de su lado. La pregunta es si EEUU está dispuesto a escribir otro capítulo vergonzoso en ella.

T/Natchaieving Méndez