Cuando el Comandante Hugo Chávez decidió nacionalizar la Faja Petrolífera del Orinoco, se encontró con el muro “ilegal” que construyó la mafia Caldera-Giusti en esa mezcla de Congreso–Pdvsa–CSJ–transnacionales del petróleo que operaba en el corredor de New York, Houston, Londres y otras capitales sedes de las hermanas petroleras.

En pleno corazón de la más grande reserva petrolera mundial, se habían otorgado concesiones petroleras, violando las leyes y la Constitución de la época. Constituyeron “empresas mixtas” donde el Estado, que era el dueño de esa reserva, solo llevaba el 33% de participación (un convidado de piedra), y el resto se lo repartían las transnacionales del petróleo, además de que se reservaron toda la comercialización de lo que de allí sacaban. Le echaron mano al gas y a la petroquímica, que incluso tenía que salir a comprar fertilizantes a precio internacional para satisfacer la demanda nacional, porque todo lo vendían afuera, y Venezuela, con una planta de fertilizantes en oriente, no podía comprar porque todo estaba destinado al mercado norteamericano. (Kouch-Polar y Snanprojectic) eran los dueños del negocio de los fertilizantes; por Venezuela, Pequiven solo ejercía el 33% del negocio (tremendo negocio para Polar y Kouch). Así tenían dispuesto ese negocio, que ahora, 18 años después, sale el degenerado de Trump a decir que le robamos. Falso argumento: ellos, los EE. UU., con sus empresas y aliados, asaltaron por 100 años nuestros recursos, incluso ocasionaron irreversibles daños a nuestros yacimientos por el uso de viejas tecnologías que solo lograban recuperar el 10% de lo que hay en sitio.

Dañaron yacimientos y por años vendieron crudo extrapesado al mercado por 90% debajo de su valor. Un saqueo colosal y del cual aún no se resarce a la República. Nadie pagó los daños ambientales, fiscales y económicos. No pagaban las regalías ni los justos impuestos de ley.

Este fue el escenario que se encontró, y tuvieron que pasar los primeros 7 años de la Revolución para poder revertirlo.

Toda la clase política de entonces avaló la entrega de nuestra soberanía petrolera. Fue tal la entrega y el saqueo que la extinta CSJ de la época, en ponencia del magistrado Duque Corredor, avaló la renuncia al principio de la inmunidad de jurisdicción del Estado venezolano para someter los litigios que surgieron de las controversias de esos contratos y de esas eemm ante las cortes internacionales. Un acto de felonía con aval jurídico.

Esos “convenios operativos” (manejados por Horacio Medina y Luis Giusti) buscaban financiamiento en la banca internacional, y su aval era el acceso que esas concesiones otorgaron a las transnacionales, pero la República no podía usar ese activo para financiarse. Llegaron al descaro de vender ese crudo con referencia al carbón, porque la llamaban “faja bituminosa del Orinoco”. Usaron científicos y falsos análisis físico-químicos para crear el falaz argumento.

Era un Estado dentro del Estado

La Faja Petrolífera del Orinoco ha sido y será territorio venezolano. El Comandante Hugo Chávez recuperó para la Patria ese activo que había sido entregado por la vieja y meritocrática petrolera, que de forma leonina constituyó empresas mixtas y convenios operativos de espaldas a los intereses nacionales.

Todas las llamadas eemm negociaron con el Estado, a excepción de ExxonMobil y ConocoPhillips, que se fueron al arbitraje internacional a solicitar exorbitantes sumas de indemnización. Luego que perdieron en sus propias cortes, se fueron contra Citgo, en contubernio con el “gobierno interino de Guaidó” y EE. UU.

La faja, su tierra, sus recursos y su gente forman parte integral de la Nación y del Estado venezolano desde el momento de nuestra Independencia de los dominios de España, y EE. UU. nada tiene que venir a buscar por estos lares.

Por: José Ávila.