
El tacto humano se entiende generalmente como un sentido limitado a los objetos próximos que podemos tocar directamente. Sin embargo, una reciente investigación confirma que los humanos poseen una forma de tacto remoto escondida en la experiencia cotidiana, que representaría un séptimo sentido.
El estudio, dirigido por los científicos de la Universidad Queen Mary de Londres, se inspiró en un mecanismo utilizado por ciertas aves playeras, que detectan sutiles señales en la arena húmeda para encontrar alimento imperceptible para sus ojos.
Los investigadores ocultaron cubos de plástico en cajas de arena seca y pidieron a 12 voluntarios de entre 18 y 26 años que introdujeran el dedo índice en los recipientes a través de una ranura estrecha, desplazándolo hacia el interior a una velocidad de dos centímetros por segundo hasta que percibieran algo inusual.
En total se llevaron a cabo 216 ensayos, donde los participantes detectaron objetos enterrados reales 79 veces sin tocarlos, realizaron descubrimientos por contacto 35 veces, registraron 30 falsos positivos e informaron correctamente que no había ningún objeto en 58 ocasiones.
Basándose en la física de interacción de partículas en medios granulares, los científicos definieron el umbral de detección de señales táctiles a una distancia de 7 cm. El experimento arrojó resultados que concordaban con la teoría, con una precisión de detección del 70,7 % a una distancia de 6,9 cm.
La profesora titular de psicología de la refiera universidad y creadora del experimento, Elisabetta Versace, afirmó que «es la primera vez que se estudia el tacto remoto en humanos y cambia nuestra concepción del mundo perceptivo en los seres vivos, incluidos los humanos» dijo.
El estudio fue realizado también en robots
Para comprender cómo se compara la sensibilidad humana con la capacidad de la ingeniería, el equipo construyó el brazo robótico UR5, que contaba con una pieza personalizada del tamaño del dedo humano con cuatro sensores diseñados para medir fuerzas en tres direcciones.
El robot, entrenado mediante un algoritmo de memoria a corto y largo plazo, se desplazó por la arena a la misma velocidad que los voluntarios y completó 120 pruebas. En promedio, detectó objetos a distancias ligeramente mayores a los humanos, pero a menudo generaba falsos positivos, lo que resultó en una precisión general de solo el 40 %.
El descubrimiento abre la puerta al diseño de herramientas y tecnologías de asistencia que amplían la percepción táctil humana, además puede contribuir al desarrollo de robots avanzados capaces de realizar operaciones delicadas, como localizar artefactos arqueológicos sin dañarlos o explorar terrenos arenosos o granulares.
T/Agencias

