
Por descuido, negligencia o practicas agricolas mal gestionadas, más del 90% de los incendios forestales son provocados por actividades humanas. Sin embargo, lo relevante es señalar la causa o intención.
Ferran Dalmau, ingeniero forestal, manifiesta que un incendio provocado se suele asociar a fortuito “todos los incendios pueden llamarse provocados, incluyendo los provocados por un rayo”. En cambio, un incendio intencionado tiene una motivación detrás como puede ser destruir un terreno normal o distraer a la policía en el caso de delitos “es sólo una diferencia semántica para indicar que hay una intención”, añadió.
Un incendio forestal se considera intencionado cuando se genera con la voluntad expresa de hacer arder una zona y puede tener varias motivaciones, que se agrupan en beneficiar al propio incendiario, hacer daños a otros o llevar a cabo prácticas forestales inadecuadas, como eliminar zonas boscosas.
En un incendio intencionado el autor debe ser consciente de que su acción puede quemar superficie forestal y debe querer quemarla o aceptar que se queme por su acción. Una quema agrícola puede ser accidental, negligente o intencional según las circunstancias. Si la persona ha cuidado el fuego, pero a pesar de ello se ha provocado un incendio forestal, se trataría de un accidente, esto es, un incendio provocado; pero si ha quemado sin medidas preventivas y deja actuar el fuego pese a ser consciente de que probablemente se quemará superficie forestal sería un incendio intencionado.
También existen varias motivaciones, que conllevan a esta acción, las más frecuentes son la quema agrícola ilegal, la quema para regeneración de pastos y la piromanía. Otras causas de los incendios intencionados son el vandalismo, las venganzas, disputas en titularidad de tierras, bajar el precio de la madera o cazadores que queman para facilitar la caza.
T/Agencias

