Natchaieving Méndez

Mary tenía solo 18 años cuando sus pies tocaron Nueva York. Dejaba atrás a su familia y su historia para encontrar en tierra americana la tranquilidad que su país devastado por la guerra no podía darle. No fue la única, como ella miles de migrantes vieron a Estados Unidos (EE. UU) como una opción para cumplir el sueño de vivir una tranquilidad que en sus tierras no le era posible. No hizo nada nuevo ni siquiera pudiese decirse que incurrió en algo extraordinario, pues el desplazamiento es parte de los orígenes de la humanidad. Ella, simplemente, fue una migrante.

Producto de las grandes guerras y la Gran Depresión Económica, Nueva York recibió a más de 65 millones de inmigrantes de todo el mundo entre 1820 y 1957. Actualizando esta cifra, 68 años después, para inicios de 2025 cuatro de cada cinco migrantes tenía más de una década en territorio estadounidense y solo 229 mil de ellos llegaron por la frontera con México luego de 2022.

De acuerdo a los datos difundidos en medios de información, en esta metrópolis los inmigrantes representan el 47% de la fuerza laboral solo en el sector de atención de salud, esto sin contar que más de 8.3 millones extranjeros indocumentados trabajan en áreas claves como la construcción, restaurantes, agricultura y el cuidado de personas, labor última que permitió a Mary poder transformar en prosperidad los $50 dólares con los que llegó desde la isla en Escocia donde nació, para construir una vida en suelo de EE. UU.

La ciudad que recibió a Mary, Nueva York, es una de las llamadas ciudades santuarios de Estados Unidos. Esta denominación, que tampoco es de este siglo, se le es adjudicada a las urbes que tienen leyes que protegen a los migrantes de acciones y políticas federales como detenciones forzadas o deportaciones. En palabras más claras, frente a la decisión del actual presidente Donald Trump de sacar a todos los migrantes del país, sus acciones no pueden aplicarse en estos territorios sin el consentimiento local.

El fin último es que personas como Mary, quien recibió la ciudadanía 12 años después de llegar a EE. UU. sigan aportando al estado sin el temor de ser devueltos a los países de los que escaparon por múltiples razones. De allí que, desde el sábado 7 de junio de 2025, decenas de manifestantes tomaron las calles de Manhattan para protestar en contra de las detenciones arbitrarias de migrantes el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

Los Ángeles en llamas

No, este intertítulo no es el nombre de una película. En los últimos días la ciudad de Los Ángeles ha estado en llamas producto de la quema de vehículos y protestas en las calles. ¿El motivo? el apoyo a los migrantes que viven la persecución del ICE por la aplicación de las leyes que Trump ha decretado desde su llegada el 20 de enero de 2025.

Esta localidad también es una ciudad santuario y según datos recientes, más del 35% de los residentes de esta localidad de California son de origen extranjero. Esto equivale a que, aproximadamente, 1.36 millones de inmigrantes dentro de los casi 3.9 millones de habitantes que habitan esta ciudad. En todo el condado, alrededor de 3.2 millones de personas nacieron en otros países y esto representa un tercio de la población total.

En reiteradas ocasiones, organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes han insistido en que no existe pruebas de que los inmigrantes sean parte de los crímenes, principal argumento de Trump para aplicar sus leyes y justificar deportaciones masivas. De hecho, según un informe del Centro Libertario Cato Institute, con sede en Washington, la tasa de encarcelamiento de inmigrantes sin documentos es 613 por cada 100 mil personas, mientras que la de ciudadanos estadounidenses es mil 221 por cada 100 mil.

Es así como desde cualquier ángulo es absurdo pensar que los crímenes en EE. UU. son producto de los migrantes. Muchos de los que hoy son detenidos, tal como Mary, la protagonista de este artículo, tienen tiempo esperando la legalización de su estatus, otros estaban amparados por el llamado TPS (Estatus de Protección Temporal), programa combatido por Trump desde su primer mandato en 2017.

Cientos de migrantes que actualmente son apresados por ICE cumplen funciones altruistas y consolidaron familias en EE. UU como Mary. Esta joven a los seis años de estar en tierra estadounidense, conoció a Fred, un muchacho descendiente de una familia de migrantes que huyeron de su país también por la guerra. Ambos, consolidaron una familia y tuvieron cinco hijos que crecieron en un territorio que, jamás se olvide, fue invadido por colonos ingleses que erradicaron las razas originarias luego de 1492.

Entonces, de acuerdo a la última afirmación, pudiese decirse que la mayoría de la población estadounidense es descendiente de migrantes, pero eso es otro canto. ¿Qué hubiese pasado si a Mary o la familia de su esposo Fred los hubiesen deportado? Ambos eran europeos y para los tiempos en los que migraron, las leyes en EE. UU. impusieron restricciones por el peligro de seguridad nacional que representaban ante la amenaza de la permanencia de espías de los países enemigos. ¿Cuál sería la historia actual si hubiesen apresado a Mary y a los ascendientes de Fred en campos de internamiento como existieron en su época, como se replican en El Salvador?.

Ciudades refugio de los derechos humanos

Se dice que el término «santuario» con el que se designa a las ciudades que resguardan los derechos de los inmigrantes viene de la Edad Media. Los templos, especialmente, protegían a los caminantes que huían de penurias y eran víctimas de persecuciones esclavistas. De allí que, las iglesias y monasterio poseían un derecho de resguardar a estos individuos que huían de conflictos e inquisiciones.

Este término comenzó a usarse en EE. UU a finales del siglo XX, cuando algunos activistas, especialmente pertenecientes a movimientos religiosos, ayudaban a migrantes de El Salvador o Guatemala que se encontraban bajo regímenes dictatoriales. De allí que muchos de estos migrantes, fueron acogidos por comunidades seguras como Los Ángeles, San Francisco o Washington.

Con el tiempo, algunas alcaldías y concejos municipales crearon normativas internas para evitar que la policía local interrogara a detenidos sobre su estatus migratorio o entregara información a ICE para su posible deportación. Estas acciones se convirtieron en ordenanzas y a finales de los 90 y principios del nuevo siglo ciertos condados incorporaron prohibiciones sobre el uso de recursos municipales para operaciones federales de inmigración.

Algunos de los estados con políticas de santuario en Estados Unidos son: California, Nueva York, Nueva Jersey, Massachusetts, Oregón, Washington, Connecticut, Illinois y Colorado. También hay ciudades específicas dentro de otros estados que han implementado medidas similares.

Esta denominación combina una tradición histórica de refugio para inmigrantes vulnerables a la deportación y el cumplimiento de los derechos humanos universales sobre el desplazamiento de personas de un país a otro.

En un país construido sobre el esfuerzo de quienes buscaron refugio y oportunidades, Mary representa una historia que se repite generación tras generación. La migración no es solo un fenómeno del pasado, representa una realidad que, aunque lo nieguen y rechacen, moldea la identidad de Estados Unidos.

A pesar de los desafíos, las ciudades santuario continúan siendo un símbolo de resistencia y esperanza para quienes, como Mary Anne MacLeod de Trump, llegan con el sueño de una vida mejor.