
Natchaieving Méndez
Al investigar sobre la Segunda Guerra Mundial la información pareciera ser infinita. Miles de voces ofrecen su visión de los sucesos que pusieron en jaque al mundo desde 1939 hasta el 1945, con sus secuelas después de estos años. Algo que llama la atención es que la gran mayoría, si no decir todos, provienen de una versión masculina, por lo que pareciera que este episodio de la historia se trata de un conflicto entre hombres.
No obstante, si se es más acucioso, en la Gran Guerra se encuentra el rol de la mujer no solamente desde los daños colaterales de las que fueron protagonistas. También tuvieron una participación importante como combatientes del Ejército Rojo y en las guerrillas de resistencia de los pueblos soviéticos que resguardaban no solamente su territorio sino además su raza amenazada por el supremacismo nazi.
En una entrevista ofrecida a la publicación Gatopardo, la escritora bielorrusa Svetlana Alexievich relató todo lo que les tocó vivir a los pueblos soviéticos después de la Gran Victoria. En sus palabras resalta lo poco que se le preguntaba a las mujeres combatientes sobre sus experiencias, tanto así, que ellas mismas, al recordar “no relataban la guerra femenina, sino la masculina. Se adaptaron al canon. Tan solo en casa, después de verter algunas lágrimas en compañía de sus amigas de armas, las mujeres comenzaron a hablar de su guerra. De una guerra desconocida para todos nosotros”.
En su investigación por conocer las voces femeninas de la guerra, Alexievich se encontró con la sorpresa de que muchas mujeres que al ser entrevistadas eran maestras, auxiliares de laboratorio, guías turísticas, entre muchas otras profesiones, durante los años de la Segunda Guerra Mundial fueron instructoras sanitarias, tirador de ametralladora, francotiradoras, comandantes de cañón antiaéreo, zapadora.
Heroísmo femenino
En este contexto, el politólogo e investigador de la Fundación IDEA, David Bastardo, destacó que la presencia de las combatientes femeninas es una experiencia que se evidenció en el Ejército rojo y que no tuvo presencia en ninguna otra fuerza militar de la Segunda Guerra Mundial ni de los aliados y potencias del Eje.
“En parte porque tenían una visión mucho más conservadora de la ejecución militar. En solo algunas de las potencias aliadas como en Gran Bretaña, las mujeres ejercían funciones de apoyo táctico y logístico, incluso es sabido que hasta la reina, la princesa, en ese momento princesa Isabel de Windsor, después reina Isabel II, formó parte de las mujeres que colaboraron en el esfuerzo bélico desde el punto de vista de la logística, pero no era lo común”, explicó.
El analista refirió que la única potencia que permitía que las mujeres combatieran era la Unión Soviética, teniendo incluso posibilidades de escalar en jerarquía militar. “Allí estamos hablando de elementos nodales que son fundamentales, que diferencian la comprensión histórica”, subrayó Bastardo en relación a la historiografía que invisibiliza algunos aspectos importantes que se desarrollaron en la Gran Guerra.
En la misma línea, una investigación de Pablo Navarro Asensio llamado El papel de la mujer en el Ejército Rojo durante la Gran Guerra Patria (1941-1945), reseña que inicialmente muchas mujeres se alistaron al ejército soviético, impulsadas por valores ideológicos y de defensa de la patria.
En el desarrollo de la guerra, las grandes pérdidas de soldados llevaron a la necesidad de alistar no solamente a jóvenes hombres, también a muchachas mayores de 14 años. De allí que casi saliendo de la niñez, muchas soviéticas cambiaron las muñecas y los implementos típicos de las amas de casa, para aprender a usar un fusil, manejar un avión o un tanque de guerra.
Valientes de falda y tacón
Una de estas mujeres fue Anna Nikandrova, quien nació el 13 de octubre de 1921 y estuvo como combatiente en el Frente Oriental. Antes de la guerra, trabajó como maestra de escuela primaria y a la par participó en movimientos sociales de defensa de la URSS. De allí que con solo 20 años se alistó como voluntaria del Ejército rojo, específicamente al Batallón de Infantería Motorizada, cuando la Alemania nazi invade tierras soviéticas en 1941.
Luego en el Frente Oriental, en combates contra la Wehrmacht, demostró valentía y habilidades militares excepcionales que le permitieron avanzar en rango. El 25 de septiembre de 1943, en un combate en la aldea de Novoselki, Nikandrova asumió el mando de su unidad que se encontraba bajo el asedio alemán. En esta ofensiva condujo a sus compañeros a resistir y repeler el ataque alemán, pero fue gravemente herida y murió. El 4 de junio de 1944, fue condecorada post mortem con el título de Heroína de la Unión Soviética por su coraje en la defensa de su patria
Así como Nikandrova, otras mujeres destacaron por su participación en el Ejército soviético durante la Guerra Patria. Entre algunos nombres se destaca: Lidia Litviak, piloto con 12 victorias aéreas; Ekaterina Budánova, piloto con 11 victorias; María Oktiábrskaia, mecánica de tanques de guerra y Zoya Kosmodemiánskaia, quien realizó labores de sabotaje en la retaguardia alemana.
La lista sigue con Natalia Meklin y Tatiana Makárova, Tenientes del famoso regimiento de bombardeo nocturno de la Guardia 46, conocido como “Las brujas de la noche”; Liudmila Pavlichenko, reconocida como una de las mejores francotiradora de la historia del mundo. También Alexandra Samusenko, comandante de los blindados T-34, única mujer subcomandante de un batallón de tanques; las francotiradoras Roza Shánina y Nina Petrova, esta última las más veterana.
En las labores de inteligencia resalta el nombre de Helene Kullman y como la única mujer polaca en recibir el título de Heroína de la Unión Soviética fue Aniela Krzywoń, soldado del Batallón de Mujeres Independientes “Emilia Plater” del Ejército Popular de Polonia, que operó dentro de las tropas soviéticas durante la guerra.
La mayoría de ellas murieron en el combate y la gran parte no llegaron a cumplir los 30 años de edad. Tuvieron que probar constantemente su valor para ser aceptadas y consideradas para misiones de riesgo. Muchas sufrieron la discriminación y acoso sexual por parte de sus compañeros. Además, se enfrentaron a condiciones extremas como el hambre, el frío y las precariedades típicas de la guerra, en la que demostraron que no eran inferiores por ser mujeres.
Además, todo lo anterior sin contar que una décima parte de los más de un millón de guerrilleros que defendían zonas y regiones de la Federación Rusa, Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia, Estonia y Moldavia, eran mujeres.
Un alto a la femineidad por la patria
Las mujeres soviéticas pausaron histórico papel de sensibilidad y sensibilidad para hacer frente a las fuerzas nazis que amenazaban con devastar la raza eslava. Uno de los relatos de las entrevistas realizadas por la periodista bielorrusa Svetlana Alexievich a combatientes de la Segunda Guerra Mundial da cuenta de esta afirmación. Una mujer, que había sido piloto de aviación, negó declararle y luego, por teléfono le explicó las razones.
“No puedo (le dijo a Alexievich) No quiero recordar. Pasé tres años en la guerra… y durante esos tres años no me sentí mujer. Mi organismo quedó muerto. No tuve menstruaciones, casi no sentía los deseos de una mujer. Yo era guapa…», relató.
La escritora comentó que en sus excusas, la piloto le relató que justo al finalizar la guerra su esposo le pidió matrimonio en Berlín, junto al Reichstag. Entonces, ella experimentó una mezcla de emociones; sintió deseos de llorar, de gritar y, por momentos, hasta de reaccionar con una bofetada.
«¿Matrimonio? ¿En ese momento? ¿En medio de todo aquello me habla de matrimonio? Entre el hollín negro y los ladrillos quemados… Mírame… ¡Mira cómo estoy! Primero, haz que me sienta como una mujer: regálame flores, cortéjame, dime palabras bonitas. ¡Lo necesito! ¡Lo estoy esperando tanto!… Por poco le pego. Quise pegarle… Tenía quemaduras en una de las mejillas, estaba morada, vi que lo entendió todo, que las lágrimas chorreaban por esas mejillas. Por las cicatrices recientes… Y sin darme cuenta de que lo estaba haciendo, yo ya le decía: ‘Sí, me casaré contigo’. Perdóname… No puedo…”, describió Alexievich.
Luego del reconocimiento del heroísmo durante la Guerra Patria, estas mujeres son dignas de admiración no solo por su supervivencia, sino además por superar las barreras limitantes y conservadoras de aquellos años del principio de siglo XX, limitantes para la población femenina. La programación histórica de seres delicados, sensibles, nobles y serviles, debió sustituirse por un arma y la rudeza característica de un escenario bélico.
Mientras el rol de la mujer en los países occidentales aliados se limitó a un carácter logístico, para las soviéticas su misión fue entregar la vida para defender su suelo en el campo de batalla, al lado de los hombres. Una proeza que, aunque poco mencionada por la narrativa occidental, es uno de los mayores valores del Ejército Rojo. Una demostración las grandes capacidades de la fuerza femenina en todos los ámbitos y épocas.

