
Esposados de pies y manos, encorvados, la mirada puesta en sus pies y en las cadenas que llavan en tobillos y muñecas, así fueron trasladados desde Estados Unidos (EE. UU.) 238 venezolanos al Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), en El Salvador.
Nayib Bukele, presidente de la nación centroamericana, difundió cual gerente hotelero la hazaña. A través de sus redes y medios de comunicación, difundió las imágenes editadas al mejor estilo hollywoodense, como sacadas de una película policial. La escena: un avión que llegó en la noche, flash de las cámaras, luces tenues, música de suspenso, carros blindados, autobuses, cientos de funcionarios con capucha tratando con severidad a quienes, sin investigación ni pruebas, fueron señalados de ser integrantes de la banda criminal Tren de Aragua. ¿A quién estaba dirigido el audiovisual, a la colectividad o cliente?
La palabra de Donald Trump se cumplía: a EE. UU. no entra cualquiera, su política antimigratoria va contra viento, marea y leyes actuales. Se explotan los globos de ilusión de los extranjeros que pretendían buscar el publicitado «sueño americano» en la tierra del Tío Sam.
En tanto, tras su «apoyo» que el «hermano mayor» «no olvidará», nuevamente ha sido cuestionado por su trato inhumano para con personas a quienes siquiera se les ha confirmado sentencia o comprobado delito alguno. Incluso, algunos sectores han fustigado su «servilismo» o «simpleza» al emplear trata de personas para fines económicos. ¿Vale la pena el desprestigio?
¿Los «primeros»?
Una de las frases que llama la atención del presidente salvadoreño al difundir las imágenes de la deportación de los venezolanos es que estos son los «primeros» que llegaron a su cárcel de máxima seguridad. Este comentario permite la suposición de que, así como hace un mes el mandatario centroamericano había planificado con las autoridades estadounidense este traslado, habrán más. Todo esto pese a la confirmación de Caracas de trabajar junto a EE. UU para retornar a sus connacionales.
Entonces surge la interrogante ¿qué ganará Bukele con albergar en su país a cientos de personas acusadas como delincuentes de alta peligrosidad?
Cuando el salvadoreño describió en 2023 el CECOT, sentenció que era un espacio para «llevar lo peor de lo peor», desde entonces a lluvia de críticas y denuncias de violación de los derechos humanos ha caído sobre su reputación que, pareciera, disfrutar con pantalones cortos, gafas oscuras y la frase «el dictador más cool del mundo».
Esta cárcel de máxima seguridad está ubicada en una zona rural aislada y tiene una extensión de más de 236 manzanas en unos 5.200 metros de terreno. Fue diseñada para albergar a 40 mil privados de libertad, distribuidos en ocho instalaciones que tienen celdas de concretos, con barrotes de acero, camas metálicas, sin colchones ni sábanas. Los presos comparten un retrete abierto, un lavamanos de cementos y un cubo plástico para lavarse.
Este edificio está rodeado de varios anillos de seguridad, una cerca electrificada de 15 mil voltios, perros guardianes, custodios penitenciarios, soldados y polícías que vigilan el perímetro desde 19 torres destinadas para este fin. Todo esto ideal para que personas que han cometido delitos graves cumplan condena. ¿238 personas han cometido delitos graves en EE. UU.? ¿Todos los hombres recluidos en este lugar han asesinado, secuestrado, ultrajado, traficado con estuperfacientes u otras faltas similares para ser arrojados a este centro de aislamiento o acaso son solo números que se traducen en dólares?
El propio Bukele reveló el beneficio económico de «albergar» a quienes son considerados por Trump unos «monstruos». En el mismo saco el magnate mete a los supuestos integrantes de la banda criminal Tren de Aragua y aquellos que ingresaron ilegalmente a su país por la difusión de oportunidades que la misma campaña estadounidense se ha encargado de inocular en la mente de la humanidad. Paradójico y a la vez la estrategia de muchos depredadores para devorar a su presa, los atrae para luego consumirlos…harina de otro costal.
Lo cierto es que, de acuerdo a una información de documentos internos del gobierno de la Casa Blanca difundida por la Agencia AP, el acuerdo entre EE. UU. y Bukele contempla el pago de 20.000 dólares por recluso durante un año. Esto se traduce que por los deportados venezolanos, el gobierno centroamericano recibirá 6 millones de dólares. Además revelan que el Departamento de Estado reservaría hasta $15 millones por el outsourcing penitenciario salvadoreño.
Si se toma en cuenta las declaraciones del jefe de Estado de El Salvador, esta cantidad es relativamente baja para lo que significa la reclusión de un preso en el CECOT. «hoy por hoy su costo asciende a $200 millones al año», dijo a través de sus redes.
No obstante, el mandatario habla de que este «servicio» bajo para EE. UU. y alto para El Salvador será con el tiempo «renovable» para el país hispano, pues existirá una producción en los talleres de trabajo en los que estarán los «más de 40 mil presos del centro». ¿»Más de 40 mil” ?, ¿Acaso Bukele aspira llenar su cárcel con deportados y sobrepasar la capacidad del CECOT o hay algo más?
¿Algo más que dinero?
Bukele ha sido cuestionado por su política desafiante, quizás un punto de encuentro con el recién electo presidente de EE. UU. Aunque ha recibido aceptación en su lucha contra las pandillas, abundan los reportes de violación de los derechos humanos y prácticas judiciales inadecuadas como detenciones arbitrarias y abusos.
Además, el mandatario ha recibido duras críticas por concentrar el poder, lo que le ha dado un carácter autoritario a su gestión. Es así como se ha visto involucrado en hechos en los que ha presionado al Parlamento con el ejército y ha reemplazado de manera inconsulta a jueces y fiscales. También se le ha cuestionado la adopción del Bitcoin como moneda legal por su falta de transparencia y los riesgos que esto implica.
En todo este contexto, según Christopher Sabatini, investigador del Programa de América Latina, Estados Unidos y las Américas del centro de estudios Chatham House, Bukele consolida con esta deportación su alianza con Trump quien ahora lo adopta como «su favorito» y «un modelo a nivel regional», tal como ocurre con su homólogo argentino Javier Milei y ya se conocen todas las protestas que han desencadenado sus políticas.
Asimismo, el director del Programa América Latina del Wilson Center declaró también a BBC que, con este apoyo penitenciario, el presidente salvadoreño “ganó el silencio” del gobierno de EE. UU frente a las tan criticadas políticas de seguridad que ha implementado, incluyendo un Estado de Excepción en El Salvador que tiene tres años. «Se va a escuchar poca crítica al modelo Bukele desde EE.UU; no se va a hablar de la democracia o los derechos humanos en El Salvador, cuestiones que sí incomodaban a la administración Biden», dijo.
Todo lo anterior solo deja el desazón de una acción que si bien perjudicó a 238 familias venezolanas, por hablar de una cantidad mínima, representa un negocio lucrativo para el gobierno de Nayib Bukele.
Es así como la deportación masiva de venezolanos al CECOT, bajo acusaciones no comprobadas y en condiciones inhumanas, refleja un sistema que mercantiliza la justicia y fortalece un modelo autoritario. Este acuerdo entre EE. UU y El Salvador consolida una imagen internacional que tolera y normaliza prácticas abusivas, mientras silencia las críticas desde Washington. La pregunta que queda en el aire es si este beneficio financiero justifica el desprestigio ético y el costo humano que implica, especialmente en un contexto en el que la democracia y los derechos fundamentales parecen quedar en segundo plano.
Natchaieving Méndez

