
¿Has notado que cada vez es más común escuchar a alguien decir “Ey Google, ¿dónde queda…”? Este diálogo entre conductores o peatones y sus dispositivos móviles se ha vuelto parte de nuestra rutina. El GPS, esa herramienta digital tan útil, se ha convertido en una gran guía en territorios desconocidos. Sin embargo, su uso excesivo ha llamado la atención de los investigadores del cerebro, quienes han descubierto consecuencias adversas en el funcionamiento de un sentido que el homo sapiens tardó miles de años en desarrollar.
Si bien los científicos no han logrado determinar si el sentido de la orientación es genético, todos coinciden en que es una facultad humana que se desarrolla con la práctica. La evolución del cerebro permitió el desarrollo de habilidades que permiten comprender, ubicar, analizar e identificar referentes en el entorno. Es lo que hace que una persona pueda estar consciente de su proximidad con los objetos y la relación de entre ellos.
De acuerdo a Battro y Denham (2002) “el sistema cerebral evalúa dónde estamos y adónde nos dirigimos, integrando múltiples señales relativas a nuestra posición y al transcurso del tiempo”. No obstante, el creciente y constante uso de los sistemas de navegación por GPS, tanto en el volante como a pie, pasó de ser una herramienta de ayuda a un requisito no negociable para emprender cualquier trayecto.
Estas circunstancias se presentan, especialmente, en las nuevas generaciones que no tuvieron en contacto con mapas físicos que les llevara a relacionar formas, calles, puntos de referencias, por lo que ha generado que la dependencia a esta tecnología suela ser mayor.¿Hipocampo flojo?
El hipocampo y la corteza prefrontal son las áreas del cerebro en las que se desarrolla la memoria, la organización y la toma de decisiones. Una lesión cerebral, una discapacidad cognitiva o una enfermedad neurodegenerativa puede limitar que el cerebro haga los cálculos imperceptibles que, como todos los mamíferos, le permiten orientarse espacialmente.
Como cada parte del complejo cuerpo humano, el cerebro requiere entrenamiento para el desarrollo de sus capacidades y esto lo comprobó la neurocientífica de la University College de Londres, Eleanor Maguire, quien en un estudio comparó el crecimiento cerebral de conductores de taxi y personas que no manejaban. El resultado es que los primeros poseían mayor cantidad de materia gris en el hipocampo posterior, lo cual era desarrollada por su actividad diaria.
Si el cerebro no necesita ejercitar estas habilidades, se disminuye la actividad cerebral en áreas cruciales. Esta afirmación fue comprobada por las científicas Louisa Dahmani y Véronique D. Bohbot, de la McGill University de Montreal, quienes evaluaron las habilidades de 50 conductores al volante y determinaron que quienes utilizaban más el GPS tienen peor memoria espacial, es decir, les costaba ubicar puntos de referencia y apelar al mapeo cognitivo para ubicar una dirección.
Esto es muy fácil de comprobar cuando se solicita un servicio por una plataforma móvil. En la mayoría de los casos se llega más rápido cuando el conductor conoce la dirección y se guía por su memoria espacial, que cuando sigue el GPS.
El emplear con frecuencia mecanismos que, sin esfuerzo mental, permitan la ubicación solo con estímulo-respuesta, en otras palabras, que se limite al seguimiento de instrucciones, genera un pobre desarrollo de las habilidades cerebrales de crear imágenes y recuerdos que fortalezcan el sentido de orientación espacial. Esta habilidad es una de las primeras que se pierde cuando una persona tiene Alzheimer, por lo que especialistas médicos alertan que esta realidad con el GPS también está afectando la detección temprana de esta enfermedad y, por lo tanto, su tratamiento y control a tiempo.
Además, la dependencia a estos mecanismos digitales de ubicación no solo ocasiona la disminución de generar mapas mentales para la ubicación, también reduce la facilidad para tomar decisiones y genera ansiedad, pues al enfrentarse a un entorno desconocido sin la guía digital, la persona puede experimentar sentirse perdida y ansiosa.
Queda la pregunta, ¿el GPS, tal como la inteligencia artificial, es parte de la evolución tecnológica o una posible causante de la involución humana?

