Doscientos años de la Batalla de Ayacucho, una gesta fundamental que selló la libertad, no solamente de Perú, también de todos los pueblos de Nuestramérica.

Como todo en la historia de la humanidad, no fue casual que en esta batalla el ejército patriota no solamente estuviese integrado por fuerzas peruanas: chilenos, argentinos, ingleses, grancolombinos (venezolanos, colombianos, ecuatorianos y bolivianos) pertenecieron a al batallón de 5.780 hombres y mujeres que llegó un 6 de diciembre a la pampa de Ayacucho, liderado por el cumanés Antonio José de Sucre.

Y tal vez, la versión histórica impuesta durante todas las décadas de la Cuarta República pudiera hacernos caer en el error de suponer que esta pelea solo se libró entre españoles y criollos. Los registros de esta fecha dan cuenta de otro panorama. Tal como lo reseña la página oficial Bicentenario Perú 2024 “miles de indígenas de Pomacocha, Vilcas Huamán, Carhuanca, Huancaray, Andahuaylas y más” integraron las fuerzas libertadoras del caraqueño y Jefe Supremo Simón Bolívar. De hecho, Basilio Auqui, líder morochuco, es símbolo de luchas previas que contribuyeron a la victoria de Ayacucho.

La estrategia que no falló

El historiador y agregado cultural de Venezuela en México, Alexander Torres, refiere que el “desmedro del moribundo sistema monárquico” ya venía anunciándose desde 1820, cuando en la propia España ocurre la Revuelta de Riego y Antonio Quiroga, conocida como la Revolución de Cabezas de San Juan. Este levantamiento ocurrido en la localidad sevillana que tiene el nombre del mencionado movimiento revolucionario, produjo la disolución del más grande ejército español de ultramar destinado a contrarrestar las insurrecciones que ocurrían desde 1812 en tierras nuestroamericanas.

“El virrey peruano José de la Serna no la tendría así de manera fácil ni los triunfos previos del ejército realista contra el recién llegado Simón Bolívar podían entonces detener lo que se avecinaba”, expresó Torres al referirse al revés sufrido por el ejército realista cuatro meses antes en Junín.

Vale recordar que el 6 de agosto de 1824, luego de superar una enfermedad conocida como tabardillo, el Libertador comandó la Batalla de Junín, hecho ocurrido también en la sierra de Perú. Luego de estar muy grave a causa de esta enfermedad, Bolívar burló la muerte y se levantó frente a las dificultades para liderar a 4000 metros de altura, la gesta que daría pie al éxito posterior en Ayacucho. “José de Canterac (comandante de las tropas realistas) mordió el polvo de la derrota y ese revés ya presagiaba lo que iba a suceder antes de que finalizara ese histórico año de 1824”, enfatizó el historiador durante su participación en el programa televisivo “La Librería Mediática”.

Pasada la derrota de Junín, el ejército realista se concentró y unificó en el Cusco, lo cual, lejos de generar temor en la opción emancipadora, provocó una reacción adversa entre los patriotas y la población local, reforzando su determinación de luchar por la independencia.

“De tal manera que ya hablamos del 9 de diciembre de 1824 en la pampa de Ayacucho, colindante con el pueblo de Quinua, y hoy lo recordamos dos siglos después, conmovidos de emoción, que nos lleva a recordar que la disputa comenzó con la inteligente ejecución de maniobra de los revolucionarios, neutralizando con gran efectividad los intentos programados por el bando colonialista, una vez que se obstruyó totalmente las operaciones enemigas y el mismísimo virrey José de la Serna era capturado. Así pues, la bandera Colombiana ondularía en el cerro de Condorcanqui”, relató Alexander Torres.

Consolidación del proyecto nuestroamericano

Para Pedro Calzadilla, presidente de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), puede ser lógico preguntarse por qué continuar la gesta independentista luego del triunfo de la Batalla de Carabobo. “¿Qué hacía Sucre a 4000 metros de altura en vez de estar en Cumaná disfrutando de la paz que se había instalado después de Carabobo?, ¿qué hacía Bolívar allá en Lima cuando se va a producir la Batalla de Ayacucho? ¿Por qué no se enchinchorraron aquí y se dedicaron a gobernar? ¿Por qué no disfrutaron haber logrado, haber derrotado en Carabobo y en Puerto Cabello y haber sacado a los españoles de aquí?”, preguntó el historiador-

La respuesta, refiere Calzadilla, es concreta: se trataba de un proyecto y el problema no solo era sacar a los españoles de Venezuela, sino liberar a toda América del dominio monárquico. “Fue un proyecto sobre el cual se hacen y se logran muchísimas cosas, y se siguen logrando. La creación de la República de Colombia, esa gran República, en la que se hicieron constituciones, leyes, fue un paso enorme en la unión”, resaltó durante su intervención en el mencionado programa televisivo.

Calzadilla resalta que la gesta de Ayacucho es “la representación del gran desafío histórico del pueblo venezolano, que es la unidad”, un principio compartido por el presidente del Centro Nacional de Historia (CNH), Omar Hurtado, quien resalta esta visión como uno de los grandes ejes del pensamiento del Padre de la patria.

“Cuando el Libertador, tres días antes de Ayacucho, convoca al Congreso Anfictiónico de Panamá lo convoca para unir, para integrar a las naciones soberanas, libres, autónomas, independientes, pero unidas frente a un enemigo común que, en aquel momento, era el decadente imperio europeo”, expresó Hurtado, al tiempo que estableció el paralelismo en las acciones actuales por unir a las naciones de nuestramérica.

Desde la visión de Hurtado la historia Latinoamérica debe interpretarse en “clave presente”, por lo que las razones que impulsaron las acciones de Ayacucho, en la actualidad se evidencian en el impulso del proyecto bolivariano, reactivado por el Comandante Hugo Chávez, cuando promovió instancias internacionales como Unasur, Petrocaribe, ALBA, Celac que buscan la confluencia de los pueblos, el fortalecimiento de sus soberanías y la unión de esfuerzo para la verdadera descolonización del imperio decadente anglosajón.

“Además hay una integración supranacional, supracontinental que nos atrevemos a decir que es mundial expresada por los BRICS, que significa la insurgencia de un mundo multipolar y pluricéntrico que está integrando a los pueblos del mundo en una visión, para nosotros, muy bolivariana”, resaltó el presidente de CNH.

Sucre: el más joven y fiel entre los fieles

“La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana y la obra del General Sucre”, así lo escribió Simón Bolívar en 1825 al referirse al papel importante del joven cumanés en la victoria que sellaría la independencia suramericana.

No llegaba a los 30 años cuando Antonio José de Sucre, con gran experiencia en los campos de batalla, lideró la gesta de Ayacucho consiguiendo el triunfo patriota. No es de extrañarse, además de que su tatarabuelo, bisabuelo y abuelo eran militares, con tan solo 15 años se unió a la causa de la emancipación.

Alejandro López, presidente del Centro de Estudios Simón Bolívar, en su intervención en el programa Librería Mediática, destacó que el Bicentenario de la Batalla de Ayacucho representa “el gran poder revolucionario de la juventud (…) De todos los próceres que están en nuestras estatuas en las plazas, de los que se han hecho biografías, de los que se han hecho honores en el Panteón, de todos ellos Sucre es el que reúne la mayor cantidad de experiencias y el más joven”.

Sobre la vida del Gran Mariscal de Ayacucho, López resalta que bajo la guía de grandes maestros como Francisco de Miranda, Santiago Mariño, José Francisco Bermúdez y el propio Bolívar, este militar oriental no solo conocía ampliamente las ventajas y dificultades de su tierra, además tuvo la experiencia de participar en la defensa de territorios y la organización de tropas, lo que le llevó a escalar rápidamente altos cargos en las fuerzas patriotas. “En una carrera meteórica de 15 años él pasa de ser Subteniente de milicias a Gran Mariscal”, enfatizó.

Tal era la experiencia del joven cumanés, que el Libertador lo describe como “el hombre de la guerra”, refiere el historiador, quien además sugiere que Sucre fue uno de los arquitectos de la propuesta de paz en América, la cual era ejecutada desde los Tratados de Armisticio entre España y la Gran Colombia, desde 1820.

En estos Armisticio, precisa López, se plantean todas las condiciones a los españoles para que regresaran a sus casas en paz y para que la nueva República libre y soberana se cimentara sobre este principio. “Era parte de lo que se implicaba, además del perdón era la necesaria convivencia en lo que se proyecta como la América unida que no podía estar en guerra, no podía estar en un desgaste consigo (…) Ha sido parte de esa doctrina de los libertadores: el buen trato al vencido”, puntualizó.

Así, el Bicentenario de la Batalla de Ayacucho va más allá de la simple conmemoración, los desfiles rimbombantes o los discursos cargados de fechas, lugares y nombres, es una oportunidad de reflexión para los latinoamericanos de encontrar las respuestas a las grandes interrogantes de la actualidad. Valorar la enseñanza de hace 200 años en los territorios de Perú: unidos somos capaces de vencer cualquier adversidad.

T/Natchaieving Méndez