Este 2026 México rompió el Récord Guinness por la catrina más alta de la historia y del mundo. Este icónico personaje del Día de los Muertos fue recreado en una monumental esfinge de más de 33 metros de altura, por cerca de 140 escultores, arquitectos, herreros y artistas textiles bajo la dirección de Carlos Camilo Báez.

Más allá de la marca, la representación de la catrina en la nación norteamericana es un “acto amoroso de rebeldía contra el olvido”, así lo describió la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Clara Brugada, quien además recordó el origen de este símbolo creado por José Guadalupe Posada.

Esta figura del célebre ilustrador mexicano fue creada a principios del siglo XX como una crítica a la diferencia de clases, la vanidad y las falsas apariencias. La primera vez que apareció fue en octubre 1913, como una figura hasta el busto, en una hoja impresa que se titulaba “Remate de calaveras alegres y sandungueras” y cuyo subtítulo era: “las que hoy son empolvadas garbanceras pararán en deformes calaveras».

Se dice que esta ilustración fue realizada por Posada como una crítica a las mujeres indígenas que negaban sus raíces y vivían como aristócratas. De acuerdo con el medio El Universal de México, pese a que la obra de este artista fue y es conocida en todo el mundo, nunca se le hizo una entrevista, es decir, no se tienen testimonios de él registrados y se han creado invenciones en torno al artista. En otras palabras, su historia se ha ido reconstruyendo con el pasar de los años.

No obstante, hay quienes afirman que el creador de la catrina tenía una frase que siempre repetía: “la muerte es democrática, ya que, a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”.

Lo cierto es que Posada nunca pudo ver su obra publicada, pues murió el 20 de enero de 1913. Se desconoce por qué el año anterior no publicó esta ilustración que entregó al impresor Antonio Vanegas Arroyo, quien usaba sus obras cuando lo creía más conveniente en textos llamativos que publicaba en hojas de papel barato, repartidas por niños vendedores.

Así nació la catrina, como una crítica social y es irónico que muchas mujeres en la actualidad que repiten las conductas de las garbanceras de finales de siglo XIX y principios del XX, hoy cubran sus rostros (como una moda) con este personaje.

Es así como luego de su aparición, la catrina fue ganando popularidad con el pasar de los años. Vanegas Arroyo muere en 1917 y un año después, su hijo, reimprimió este personaje como la Calavera Fifí y la acompañó con versos de Chónforo Vico, en los que se criticaba la superficialidad de las jóvenes clase alta, quienes admiraban las modas extranjeras (especialmente la francesa) y miraban con desprecio las costumbres mexicanas.

«Ya murieron los fifís / de la alta aristocracia / que por su mala desgracia / no salían de París», refería uno de los textos en los que advertían que sus joyas, trajes caros y costumbres refinadas no las salvarían de convertirlas en simples esqueletos cuando la muerte les llegara.

La imagen de la catrina siguió siendo el símbolo de la crítica social en 1924, cuando volvió a circular como burla al movimiento Flappers, mujeres que llevaban el cabello corto. En esta ocasión tenía el titular: “El panteón de las pelonas”.

Posada nunca bautizó sus obras, siempre lo hacía el editor, por lo que el nombre de este personaje era el de calavera común. La denominación de “Catrina” apareció por primera vez en 1930, en el libro Monografía de 406 grabados de José Guadalupe Posada, de Frances Toor, Paul O’Higgins y Blas Vanegas Arroyo, cuya introducción fue escrita por Diego Rivera.

En 1943, se realiza una exposición en homenaje a Posada y es cuando se le comienza a reconocer como un autor auténtico del arte mexicano y su identidad. “Una estética mexicana pura, personalísima, hondamente popular y llena de emoción y carácter –el de la voz más mexicana–, reunió también técnica y oficio perfecto», decía el texto de la página 160 del mencionado libro y en el que se describía a la catrina.

Luego, en 1947, Diego Rivera crea un mural de 15 metros de largo en el Salón Versalles del Hotel de Prado en Ciudad de México. En esta obra titulada Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central el muralista pinta como figura principal a la catrina de Posada y le añade el cuerpo entero, vestido con una estola de plumas (como una serpiente con cabeza de pluma fuente), elegantemente vestida. A su lado se encuentra un niño, autorretrato de Rivera, y del otro lado al creador original del personaje.

Este mural al principio pasa desapercibido pues el muralista decidió incluir en su obra la frase de Ignacio Ramírez, el Nigromante: «Dios no existe», lo que generó molestia entre los católicos (una mayoría para la época en el país azteca) quienes exigían que se borrará este escrito y se quitaran el rostro del niño.

El cielo como grito de libertad

En Sumpango y Santiago Sacatepéquez de Guatemala una tradición milenaria pinta los cielos cada primero de noviembre. Se trata de barriletes (papagayos en Venezuela) gigantes, elaborados con papel y grandes troncos de bambú.

Estas cometas gigantes nacieron de los pueblos originarios de la mencionada región y representan una comunicación sagrada entre la tierra y el firmamento. En el papel de China, los artesanos y pintores recuerdan a sus antepasados y plasman en los dibujos tradiciones ancestrales, así como demandas y figuras que retratan la injusticia hacia sus poblaciones.

En cada hilo tensado y tira de color que sube y cubre el cielo se reafirma la cosmovisión maya kizé. Según la tradición, el sonido del papel al chocar con el viento ahuyenta a los malos espíritus y guía a las almas de los antepasados en su regreso temporal a la tierra durante las festividades.

El proceso de elaboración de estos grandes barriletes puede durar entre cinco a seis meses, y combina técnicas artesanales que emplea el diseño geométrico con las alegorías visuales, práctica que es transmitida de una generación a otra.

Estos mensajeros de papel no solo desafían la gravedad, sino también el olvido impuesto por el tiempo y la historia oficial. Son la prueba manifiesta de que, mientras exista un cielo donde plasmar el arte y la lucha, el espíritu colectivo de los pueblos originarios continuará volando libre.

Desde la elegante e irónica catrina de Posada en México hasta los impresionantes barriletes de Guatemala, los símbolos del Día de los Muertos demuestran que la memoria es un acto de rebeldía. No recordamos a quienes partieron solo con nostalgia, sino con la fuerza de una identidad que se niega a desaparecer. En cada trazo y en cada vuelo, la tradición nos enseña que honrar el pasado es la forma más viva de resistir.

T| Natchaieving Méndez