Tras las reñidas elecciones legislativas de este martes, las primeras tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la brutal ofensiva en Gaza, Israel encara ahora un arduo proceso que podría durar hasta alrededor de tres meses para dotarse de un nuevo Ejecutivo o volver a las urnas si ninguno de los dos grandes bloques logra reunir suficientes apoyos.

Ni el bando que respalda al primer ministro Benjamín Netanyahu ni el de sus rivales —encabezados por el general retirado Gadi Eisenkot — dispone de una mayoría que les permita formar un Ejecutivo sin otros apoyos.

El resultado de las negociaciones que se abrirán la semana próxima está en el aire y todo apunta a que dependerá, no solo del respaldo de las dos listas de partidos árabes, que casi han duplicado su representación parlamentaria, sino también de la voluntad real del bloque opositor de pactar con ellos.

Este viernes es la fecha prevista para que concluya el recuento oficial. Sin embargo, no será hasta el próximo miércoles, 4 de noviembre, cuando se publiquen los resultados oficiales. En los siete siguientes días, el presidente Isaac Herzog consultará a los líderes de los principales partidos para decidir cuál es el candidato con más posibilidades de reunir los apoyos suficientes para formar Gobierno.

Los partidos árabes —que logran, de momento, 18 escaños— serán fundamentales en unas negociaciones que, como es habitual en Israel, se prevén largas y arduas. En la breve historia de ese Estado, creado en 1948, ningún partido ha obtenido nunca la mayoría absoluta en las urnas.

Si ningún bloque logra recabar los apoyos para establecer un Gobierno viable, habría que disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones en un plazo de 90 días. El Ejecutivo de Netanyahu seguiría entonces gobernando en funciones.

T | Con información de El País