La ansiedad es una reacción natural de la mente humana, pero puede convertirse en un problema cuando deja de ayudar a afrontar situaciones difíciles y comienza a interferir en la vida cotidiana. Así lo explica el psicoterapeuta Evgueni Kulgavchuk, quien detalla cómo distinguir entre una ansiedad normal y otra patológica.

Según el especialista, la ansiedad saludable aparece ante una amenaza real o un acontecimiento importante, es proporcional a la situación y desaparece cuando esta termina. Por ejemplo, sentir nervios antes de un examen es normal, mientras que experimentar pánico por una simple visita a una tienda puede ser una señal de alarma.

En cambio, la ansiedad patológica puede surgir sin una causa aparente o alcanzar una intensidad desproporcionada. En lugar de movilizar a la persona, la paraliza y la lleva a imaginar constantemente los peores escenarios. Su principal característica es que afecta la calidad de vida y persiste durante semanas o meses, o incluso se convierte en una sensación permanente.

Entre las señales que deben despertar preocupación, el médico mencionó los ataques de pánico, los trastornos persistentes del sueño, la pérdida de apetito o la alimentación excesiva, así como los dolores de cabeza o de estómago relacionados con el nerviosismo y la sensación de tener un nudo en la garganta.

También advirtió sobre los pensamientos obsesivos y aterradores, la incapacidad de dejar de preocuparse, la desesperanza y las sensaciones de desrealización o despersonalización. Además, recordó que la ansiedad puede ser un síntoma de otros problemas de salud, como alteraciones hormonales y de la tiroides, enfermedades cardiovasculares, trastornos neurológicos o afecciones psicológicas, entre ellas la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo y el estrés postraumático. El consumo excesivo de cafeína, alcohol, ciertos medicamentos y drogas también puede provocarla.

Kulgavchuk señaló que es posible controlar la ansiedad sin ayuda profesional cuando aparece de manera ocasional y está vinculada a situaciones concretas. En esos casos, recomendó recurrir a ejercicios de respiración, actividad física, una buena organización de las tareas, horarios regulares de sueño y la reducción del consumo de cafeína. Sin embargo, advirtió que si la ansiedad persiste durante más de dos a cuatro semanas, afecta las relaciones sociales, el trabajo, el descanso o la alimentación, o viene acompañada de ataques de pánico y pensamientos obsesivos, puede ser necesario acudir a un especialista.

T/RT