Tres cuevas de Granada revelaron que el canibalismo fue una práctica recurrente durante el Neolítico en el sur de la Península Ibérica. El análisis de cerca de 1.000 restos humanos hallados en Malalmuerzo, Carigüela y Majólicas permitió datar por primera vez estos conjuntos y determinar que las prácticas caníbales se produjeron en diferentes periodos y contextos sociales.

Uno de los casos más impactantes es el de Malalmuerzo, donde los investigadores plantean que la cueva pudo ser escenario de un episodio de violencia colectiva seguido de prácticas caníbales hacia el 5000 a. C. Más de medio siglo después de que estos yacimientos se convirtieran en referentes para el estudio del canibalismo prehistórico, un equipo internacional volvió a examinar los restos mediante datación por radiocarbono y nuevas técnicas de análisis tafonómico.

Los resultados indican que el canibalismo neolítico en la Península Ibérica no fue un fenómeno aislado, sino una práctica que se repitió en distintos momentos y bajo circunstancias sociales diferentes, en línea con las evidencias documentadas en otras regiones de Europa.

La investigación, publicada en el Journal of Archaeological Science, contó con la participación de universidades y centros de investigación de España, Austria, Brasil y Argentina.

Canibalismo en tres cuevas de Granada con contextos diferentes

El equipo examinó cerca de 1.000 restos humanos procedentes de las tres cuevas en busca de evidencias de manipulación intencionada. Los investigadores analizaron al microscopio marcas de corte, fracturas y huellas de dientes, y combinaron análisis estadísticos, aprendizaje automático y datación directa por radiocarbono para determinar cómo y cuándo fueron modificados los huesos.

Aunque los tres yacimientos presentan evidencias relacionadas con el canibalismo, como marcas de corte, cocción y mordeduras, cada uno cuenta una historia diferente. Malalmuerzo presenta indicios de violencia; Carigüela muestra la recurrencia de estas prácticas y un tratamiento singular de los cráneos; y Majólicas apunta a posibles prácticas rituales.

Durante décadas, el canibalismo prehistórico tendió a interpretarse como un fenómeno homogéneo. Sin embargo, el nuevo estudio muestra que prácticas aparentemente similares podían responder a realidades sociales diferentes y que su significado debe analizarse teniendo en cuenta conjuntamente la cronología, el contexto arqueológico y las evidencias conservadas en los huesos. Así lo explicó Antonio Rodríguez-Hidalgo, investigador Ramón y Cajal del Instituto de Arqueología de Mérida y uno de los participantes en el estudio.

Una posible matanza seguida de canibalismo en Malalmuerzo

La cueva de Malalmuerzo ofrece uno de los hallazgos más llamativos de la investigación. Los restos apuntan a un posible episodio de violencia colectiva hacia el 5000 a. C., en el que habrían participado individuos de distintas edades cuyos cuerpos fueron posteriormente consumidos.

En Carigüela, las nuevas dataciones señalan varios episodios de canibalismo a lo largo del Neolítico. Entre los hallazgos más singulares destacan dos cráneos modificados para ser utilizados como recipientes.

El episodio más reciente se documenta en Majólicas, alrededor del 3800 a. C., y no parece estar relacionado con un contexto violento. Algunos huesos teñidos de rojo, probablemente con cinabrio, apuntan a posibles prácticas de carácter ritual.

Las prácticas antropofágicas se concentran especialmente en tres momentos: finales del VI milenio a. C., mediados del V milenio a. C. y finales del III milenio a. C., este último ya en la Edad del Bronce.

Aunque los investigadores no han identificado una causa común que explique todos estos episodios, consideran que podrían estar relacionados con cambios en la organización social, las relaciones entre diferentes grupos y la forma de entender la muerte y la violencia.

T/Con información Euronews