
Cada 40 días muere un idioma, así lo afirmó en 2022 Ethnologue, una base de datos que proporciona información sobre las lenguas vivas en el mundo. De acuerdo con esta aseveración realizada hace cuatro años, desde ese momento hasta la actualidad han desaparecido más de 30 lenguas, lo cual no es descabellado pues, a menos que sea un especialista en la materia, seguramente el lector enumeró de memoria un poco menos de diez conocidas.
Para la fecha de la referencia, 3045 idiomas estaban en peligro de apagarse y dejar con ello un vacío profundo en el firmamento cultural. Y es que la pérdida de una lengua no solamente tiene que ver con la forma en que nos comunicamos verbalmente, las reglas, los sonidos, la grafía, en ella hay saberes, sentimientos, una forma de ver el mundo única y distinta que se forjó con una historia de una población.
“La lengua es el espejo del alma”, escribió Lucio Anneo Séneca, y en la actualidad presenciamos la muerte de la esencia de la existencia humana. Pareciera una frase algo extremista, sin embargo, en plena época en la que gobiernos obligan a migrantes a hablar un idioma para quedarse en su territorio, organizaciones internacionales restringen en competiciones deportivas que se hable solo el idioma aprobado por ellos y la tecnología solo emplea términos anglosajones que son asumidos por las nuevas generaciones, el enunciado del filósofo romano deja su carácter idílico para convertirse en una advertencia.

¿Por qué es tan importante conservar una lengua?
Cuando muere una lengua no solamente ocurre la desaparición de una forma de comunicación, también representa la ausencia de múltiples tradiciones orales que dieron inicio a lo que actualmente conocemos.
Aunque a nuestra memoria, ante la pregunta de cuántas lenguas en el mundo, lleguen apenas unas diez, registros científicos en la materia destacan que en el planeta se hablan aproximadamente 7000 idiomas, muchos de ellos pertenecen a poblaciones distantes de difícil acceso para investigadores y entes gubernamentales.
Justamente, esta distancia y las exigencias de mejoras de vida, así como procesos bélicos, son las responsables de que muchas personas portadoras de estas formas de habla ancestral tomen la decisión de partir de sus lugares de origen y adoptar nuevas maneras para comunicarse. Es así como, progresivamente, sus idiomas quedan en el uso doméstico que se va apagando conforme pasan las generaciones siguientes, borrándose con ellos la historia que ubica el origen de sus familias.
Una investigación publicada en la revista Science, en 2024, explica que la erosión lingüística no comenzó con la invasión europea a partir de 1492, esto data desde mucho antes, cuando los imperios comenzaron a consolidarse en los territorios conocidos.
En este trabajo, liderado por el profesor Damián Blasi, investigador de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados y de la Universidad Pompeu Fabra, se resalta que entre hace 3000 y 1000 años la humanidad vivió una edad de oro en cuanto a su diversidad hablada. Decenas de miles de idiomas existían en un mapa diverso y fragmentado.
Durante milenios, miles de pequeñas comunidades vivieron relativamente separadas, condición que funcionaba como una barrera natural que permitía a cada pueblo desarrollar y conservar su propio idioma, sus tradiciones y su visión del mundo sin presiones externas.
La permanente invasión y conquista de nuevas regiones por parte de imperios, dio cabida a que se implantaran nuevas leyes, creencias, rutas de comercio en las poblaciones sometidas, para de esta manera controlarlas de forma eficiente. Pasó con la latinización en Europa, cuando Roma, al apoderarse de Galia (Francia) y de Hispania (España y Portugal) obligaba a los habitantes locales a usar el latín, lo que desplazó progresivamente las lenguas celtas e íberas y dio origen a las llamadas lenguas romances actuales. Esto también ocurrió en las propias poblaciones precolombinas y ni hablar de lo que ocurrió luego de la llegada de navegante genovés al continente americano (Abya Yala).
Fue así como hablar el idioma del imperio dominante se convirtió en un requisito para la supervivencia. A todo lo anterior se suma que cada proceso de invasión también sufrió, en todos los casos, la propagación de enfermedades que aniquiló a las comunidades vulnerables. La mortandad masiva destruyó a los últimos guardianes del conocimiento ancestral y con ellos sus expresiones orales.

La memoria en peligro
Al respecto, la lingüista Sarah Thomason, de la Universidad de Míchigan, explica en su libro Language Contact (2001) que cuando una comunidad sufre un colapso demográfico severa, la transmisión intergeneracional del idioma se interrumpe de forma irreversible.
Es así como los procesos de dominación cultural que aplicaron los imperios antiguos se han repetido y se mantienen hasta nuestros días. Los idiomas vencedores se expanden mientras los vencidos se apagan en el silencio.
En la actualidad esto se puede ver, claramente, con el inglés, la tecnología y las redes sociales. Para usar un teléfono inteligente, buscar información en internet, usar inteligencia artificial o conseguir un buen trabajo en el área digital, casi todo el mundo se ve obligado a aprender y comunicarse en inglés.
Así como en el pasado la gente debía aprender la lengua del imperio para sobrevivir, hoy las comunidades indígenas o hablantes de idiomas minoritarios dejan de usar su propia lengua para adaptarse al mundo digital, provocando que los idiomas locales queden fuera del internet y terminen desapareciendo en el olvido.
De allí que no es exagerado afirmar que las lenguas sobrevivientes en la actualidad son aquellas vinculadas a grupos en expansión exitosa. Miles de idiomas desaparecieron sin dejar un solo registro escrito de sus saberes, por lo que lo que conocemos en idiomas “universales” no representan la totalidad de la historia humana.
En el siglo XXI, ante el acelerado exterminio lingüístico a través de la globalización por medio de la tecnología y el entorno digital, organismos internacionales como la UNESCO han creado mecanismos de salvaguardia. Uno de ellos es la inclusión en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que Requiere Medidas Urgentes de Salvaguardia a lenguas de poblaciones originarias con un componente histórico relevante para la región.
Muestra de ello se concretó en 2014, cuando este ente incluyó en esta lista de patrimonios del mundo la tradición oral y la lengua del pueblo mapoyo (wanai), se ubica en el sur de Venezuela, específicamente en el estado Bolívar. Esta población no solamente guarda conocimientos ancestrales de los primeros pobladores venezolanos, a su vez tiene relevancia histórica por haber luchado junto al Ejército Libertador en el siglo XIX.
Frente a un algoritmo global que tiende a homogenizar la palabra y a reducir el pensamiento a un solo idioma, rescatar la diversidad lingüística se convierte en el mayor acto de resistencia cultural. Porque si como decía Séneca la lengua es el espejo del alma, permitir que se apague el último hablante de un pueblo no es solo perder una forma de comunicarnos: es condenar a la humanidad a contemplar su historia con un reflejo incompleto.
T/Natchaieving Méndez

