Natchaieving Méndez

El 13 de noviembre de 1828, el Libertador Simón Bolívar autorizó mediante decreto el levantamiento del Teatro de Coliseo en Caracas, espacio en el que se presentaron las primeras obras teatrales hechas por venezolanos. Antes de esto, solo se escenificaban piezas europeas en las que no participaban nacionales. Por ello, y tras la petición de resignificación de la fecha por parte de investigadores, cultores y personas vinculadas con este arte en Venezuela, cada 13 de noviembre se celebra en el país el Día Nacional del Teatro, homenajeando el legado de los primeros creadores.

Al respecto, el periodista y dramaturgo, Óscar Acosta, refirió en una entrevista publicada en la web que, según sus investigaciones, este hecho había sido invisibilizado por muchos años, inicialmente porque se consideró que el mencionado espacio no tenía la estructura de los teatros europeos (el recinto era de madera y sin techo). No obstante, lo valioso de este momento histórico, destacó el especialista, fue que este decreto fue el punto de partida para una tradición artística que hoy sigue vigente y que tiene un sello nacional.

En este día, diversos movimientos teatrales del país honran a esta expresión milenaria con una agenda de actividades y galas. Sin embargo, durante todo el año existe una programación permanente de diferentes grupos teatrales con diversidad de obras que van desde las comedias comerciales hasta aquellas con mayor profundidad y complejidad en sus montajes. Ejemplo de lo anterior es el Festival de Teatro Progresista, el de Caracas, así como el Nacional de Teatro Escolar, empleados para dar rienda suelta a la expresión teatral venezolana.

Desde los semilleros teatrales

El pasado mes de septiembre se celebraron 12 años del Movimiento Nacional de Teatro para Niñas, Niños y Jóvenes César Rengifo, una fundación impulsada por el Estado venezolano y orientada a la participación y formación de las futuras generaciones en las artes escénicas.

Este movimiento se articula con el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE) para crear en las escuelas y liceos del territorio nacional, núcleos que fomenten este arte tan importante para la educación integral y humanizada de las y los estudiantes. Al respecto, la directora de Cultura del MPPE, Dalia Marrufo Urbina, destacó que esta coordinación no solo ha permitido la formación de docentes en esta área, sino también el fortalecimiento de espacios de encuentro como el Festival Nacional de Teatro Escolar.

Esta actividad, explicó la directora, es un proceso que se desarrolla durante todo el año escolar en diferentes fases: institucional, parroquial, municipal, hasta llegar a un gran encuentro nacional al que se le llama la Gala y en el que participan delegaciones de todo el país.

La importancia de este festival, explicó Marrufo Urbina, es que representa una vía para incentivar a los docentes y sus estudiantes a investigar y desarrollar guiones inspirados en hechos significativos de sus comunidades. “La apuesta por lo endógeno busca nutrir la escena nacional desde las raíces territoriales”, expresó.

De allí que las obras que se presentan tienen temáticas que van desde el teatro costumbrista y ecológico hasta adaptaciones históricas y críticas sociales. La directora resaltó que además se incluyen temas de actualidad como piezas sobre bullying, el uso inadecuado de las redes sociales y el acoso escolar, lo que demuestra que el teatro escolar puede ser una herramienta de transformación y reflexión profunda.

Marrufo Urbina resaltó que esta fiesta teatral que se realiza cada año celebra el arte escénico y fortalece la cohesión institucional entre escuelas, liceos y núcleos culturales.

Investigación, formación y crítica social: pilares del teatro escolar

Asimismo, la directora de Cultura del MPPE subrayó que este Festival Nacional de Teatro Escolar no se limita a la puesta en escena, pues es una vía para impulsar procesos de investigación y formación. “Desde la fase institucional, se promueve que el montaje teatral sea resultado de una exploración colectiva entre docentes y estudiantes. Esta metodología fortalece la apropiación simbólica del territorio y estimula el pensamiento crítico”, manifestó.

En este sentido, el MPPE desarrolla de manera articulada con el Movimiento César Rengifo (MCR) programas de Formación de Formadores, un espacio de aprendizaje en el que los docentes responsables de cultura y asesores teatrales reciben capacitación para consolidar núcleos de teatro en sus estados. Esta coordinación ha permitido fortalecer la red nacional de formación cultural, precisó.

De igual forma, Marrufo Urbina recalcó que uno de los objetivos centrales del MPPE es consolidar núcleos teatrales del MCR en todos los niveles: estadal, municipal y parroquial. Estos espacios, precisó, permitirán canalizar las inquietudes artísticas de los estudiantes y ofrecerles continuidad formativa. “La idea es que un niño con talento en su parroquia pueda integrarse progresivamente a un elenco estatal, participando en diversos proyectos como el festival “Navidad en Revolución”, cuya segunda edición se espera este año”, mencionó.

Es por ello que la formación docente es clave para garantizar esta continuidad. La directora de Cultura subrayó que muchos docentes poseen habilidades en dramaturgia y dirección escénica, lo que permite atender los intereses cambiantes de los estudiantes. “Lo importante es que haya un núcleo que los pueda atender y formar”, afirmó.

Refirió que se busca que las obras no se queden encerradas en las aulas, por lo que la orientación siempre es a que los docentes presenten sus montajes teatrales en las comunidades para generar interacción entre escuela y entorno. Esta iniciativa permite que los niños se “codeen” en otros espacios, adquieran experiencia y compartan su trabajo con públicos diversos.

Integración, solidaridad y memoria escénica

Uno de los objetivos del teatro escolar, expresó la directora de cultura, es incentivar en los estudiantes un ambiente de solidaridad y colaboración. “Se ayudan mutuamente, comparten experiencias y fortalecen vínculos que trascienden el evento”, comentó. Esta dinámica también observa en otras actividades culturales como el Congreso de la Juventud Patriótica.

Para la directora, esta actividad no solo forma artistas, sino que transforma vidas. “Es una experiencia significativa que puede cambiar el rumbo de un niño o una niña y en ese escenario, cada obra es una memoria viva que dignifica el territorio, la infancia y la educación pública”, dijo.

De esta manera, el Festival Nacional de Teatro Escolar, así como todos los encuentros culturales promovidos para las niñas, niños y jóvenes no se limita al mal llamado “acto cultural”, representa una apuesta por la resignificación simbólica de la influencia de las artes en la infancia, la formación integral del ciudadano y la ruptura de brechas y paradigmas. Cada obra es una semilla de memoria, cada niño en escena es un acto de soberanía, cada docente que forma es un guardián de la sensibilidad.

Desde el foco improvisado hasta el ensayo con jarrones familiares, el teatro escolar venezolano se construye con lo que hay, pero sobre todo con lo que se siente y en ese sentir, se proyecta una Venezuela que se reconoce, se transforma y se abraza desde sus territorios.